Fr. German’s message. March 1st, 2009

posted Feb 27, 2009, 3:20 PM by Fr Germán Sanchez   [ updated Feb 6, 2014, 5:47 PM by St. Sebastian ]

On February 25th, which is Ash Wednesday, we shall start the Church’s liturgical time of Lent.

Following the biblical and Christian traditions, the Church once again leads us on three paths, well-known by all: Prayer, Almsgiving and Fasting, which help us prepare ourselves to celebrate Easter with a renewed heart and spirit.

Pope Benedict XVI has specifically stressed fasting in his Lent message this year.

The pope invites us to rediscover “the spiritual value of fasting in this culture which seeks material well-being.”  This short, yet clear, message reminds us that the very first fast was ordered by God as he commanded Man to abstain from eating the forbidden fruit at the beginning of the Scriptures (Gn. 2,16-17).  We know the rest of the story… The prophet Esdras invites the people, before their return from exile to the Promised Land, to fast so as to beg God for forgiveness of their sins (Es 8,21).  Jonah invites the people of Ninive to fast as a manifestation of their repentance (3,9).  And, Jesus fasts before engaging onto his mission (Mt 4,1-2), as did Moses before receiving the Tables of the Law (Ex 34,28), and as did Elijah before meeting the Lord on Mount Horeb (1R19,8).

Fasting has also been practiced assiduously among the first Christian community (Act 13,3; 14,22; 27,21’ 2Co 6,5..).  Special collections were made (2Co 8-9; Rm 15,25-27), and the faithful were invited to give what they had set aside through the act of fasting, to the poor (Didascalia Ap. V,29,18).  The Church Fathers and the Popes have often written about and invited the Church to fast as an expression of detachment from the material world, and to share with those in need.

Benedict XVI reminds us that Fasting purifies our selfishness and opens our hearts to loving God and our brethren, which is the supreme commandment of the new law and the very summary of the entire Gospel (Mt 22,34-30).  To withhold from nourishing the body with material food actually makes it easier for our soul to listen to Christ, and to nourish ourselves with his Words of Salvation...  At the same time, fasting helps us become aware of the situation in which so many of our brothers live.  If one has the world’s goods and sees his brother in need, yet closes his heart against him, how does God’s love abide in him ?”(1Jn 39,17).

Today, when the economic crisis reminds us that we cannot continue to spend without counting and without setting priorities.  Today, when the ranks of the jobless and families in difficulty are swelling.  In this Lent of 2009, let us revert to practicing a personal, family and community fast.  May the withholding of material nourishment increase our hunger and thirst for God, especially in the Sunday Eucharist which helps us grow in faith, and enhances our attachment to our community.

Let us take advantage of Lent:

. to redefine our priorities in our spending;

. to review our way of thanking the Lord for everything we have, and

. to think about our way of sharing with those in need.

May Lent help us grow individually, in our families and in our communities, in order to celebrate Christ resuscitated with a purified soul and heart.

Have a blessed week.

Fr Germán LA. /February 28th  /March 1st, 09

Mensaje del P. Germán

El Miércoles de Cenizas, 25 de febrero, empezamos el tiempo litúrgico de la Cuaresma.

En continuidad con la Tradición Bíblica y Cristiana, la Iglesia nos propone una vez más 3 caminos, bien conocidos por todos: la Oración, la Limosna y el Ayuno, que nos ayudan a prepararnos para celebrar la Pascua con un Corazón y un Espíritu renovados.

Benedicto XVI quiso, en su mensaje de Cuaresma de este año, hacer hincapié en el Ayuno.

El Papa nos invita a redescubrir “el valor espiritual del ayuno en esta cultura que se caracterizada por la búsqueda del bienestar material”.

El mensaje corto y claro de Benedicto XVI empieza recordándonos que Dios ordenó el primer ayuno cuando le dijo al hombre, al principio de las Escrituras, que se abstuviera de comer del fruto prohibido (Gn2,16-17). Todos conocemos el resto de la historia. El profeta Esdras invita al pueblo, antes de regresar del exilio a la Tierra Prometida, a ayunar para pedir perdón a Dios por sus faltas (ES 8,21). Jonas propone a los habitantes de Nínive ayunar para manifestar su arrepentimiento (3,9). Y Jesús ayunó antes de empezar su misión (Mt 4,1-2), como lo había hecho Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (Ex 34,28) y Elias antes de encontrarse con el Señor en el Monte Horeb (1R 19,8). El ayuno fue también una práctica frecuente en la primera comunidad cristiana (Act 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5.); se hacían colectas especiales (2Co 8-9; Rm 15,25-27) y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que se había recogido gracias al ayuno (Didascalie Ap. V, 20,18). Los Padres de la Iglesia y los Papas a menudo escribieron y exhortaron la Iglesia a ayunar para manifestar a su desapego del mundo material y para compartir con los más necesitados.

Benedicto XVI nos recuerda que el Ayuno mortifica nuestro egoísmo y abre nuestros corazones al amor de Dios y del próximo, primer y supremo mandamiento de la nueva Ley y resumen de todo el Evangelio (Mt 22,34-40). Privarse de la comida material que satisface el cuerpo facilita la disposición interior para escuchar a Cristo y para alimentarse con su Palabra de Salvación… Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la cual viven muchos de nuestros hermanos. ¿“Si alguien que tiene bienes de este mundo ve a su hermano en necesidad y no se apiada de él, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (1Jn 3,17). En este tiempo en que la crisis nos recuerda que no podemos seguir gastando sin medida y sin determinar las prioridades.

En este tiempo en que las personas sin trabajo y las familias con dificultad son cada vez más numerosas.

En esta Cuaresma 2009 volvamos a la práctica del Ayuno personal, familiar y comunitario. Que la privación de comida material haga crecer en nosotros el hambre y la sed de Dios sobre todo en la Eucaristía dominical que nos ayuda a crecer en la fe y en nuestra unión a la comunidad.

Aprovechemos de este tiempo de la Cuaresma:

- para redefinir las prioridades en nuestros gastos

- para revisar nuestra manera de agradecer el Señor por lo que tenemos

- para reflexionar sobre nuestra manera de compartir con los que necesitan ayuda.

Que la Cuaresma nos ayude a crecer individualmente, en familia y en comunidad para celebrar a Cristo resucitado con un Espíritu y un Corazón purificados.

 Feliz semana.

P. Germán LA 28 de febrero/1º de marzo del 09
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