Fr German’s message October 27th 2013 TAIZE PRAYER

posted Oct 26, 2013, 1:26 PM by German Sanchez   [ updated Feb 6, 2014, 5:47 PM by St. Sebastian ]

Fr German’s message

TAIZE PRAYER

At Saint Sebastian church, we have the Taizé prayer every first Friday of the month from 7 to 8pm.  Beginning at 6:30pm we have a rehearsal of the songs so everyone is able to participate in the prayer by singing. Join us.

 

Brother Alois, writes (Prior of the Taizé community):

 The exchange with God becomes real for us in prayer: by his Holy Spirit, God comes to dwell within us. By his word and by the sacraments, Christ gives himself to us. In return, we can surrender everything to him.”

In this message and in next week’s, I wish to share with you this text that I took from the Taizé community’s web site in order to help you understand what we do every First Friday at the church.

 

Three times a day, everything on the hill of Taizé stops: the work, the Bible studies, the discussions. The bells call everyone to church for prayer. Hundreds or even thousands of mainly young people from all over the world pray and sing together with the brothers of the community. Scripture is read in several languages. In the middle of each common prayer, there is a long period of silence, a unique moment for meeting with God.

If we take as our guide the oldest prayer book, the biblical Psalms, we note two main forms of prayer. One is a lament and cry for help. The other is thanksgiving and praise to God. On a more hidden level, there is a third kind of prayer, without demands or explicit expression of praise. In Psalm 131 for instance, there is nothing but quietness and confidence: "I have calmed and quieted my soul … hope in the Lord from this time on and forevermore."

At times prayer becomes silent. Peaceful communion with God can do without words. "I have calmed and quieted my soul, like a weaned child with its mother." Like the satisfied child who has stopped crying and is in its mother’s arms, so can "my soul be with me" in the presence of God. Prayer then needs no words, maybe not even thoughts.

How is it possible to reach inner silence? Sometimes we are apparently silent, and yet we have great discussions within, struggling with imaginary partners or with ourselves. Calming our souls requires a kind of simplicity: "I do not occupy myself with things too great and too marvelous for me." Silence means recognizing that my worries can’t do much. Silence means leaving to God what is beyond my reach and capacity. A moment of silence, even very short, is like a holy stop, a sabbatical rest, a truce of worries.

The turmoil of our thoughts can be compared to the storm that struck the disciples’ boat on the Sea of Galilee while Jesus was sleeping. Like them, we may be helpless, full of anxiety, and incapable of calming ourselves. But Christ is able to come to our help as well. As he rebuked the wind and the sea and "there was a great calm", he can also quiet our heart when it is agitated by fears and worries (Mark 4).
Remaining silent, we trust and hope in God. One psalm suggests that silence is even a form of praise. We are used to reading at the beginning of Psalm 65: "Praise is due to you, O God". This translation follows the Greek text, but actually the Hebrew text printed in most Bibles reads: "Silence is praise to you, O God". When words and thoughts come to an end, God is praised in silent wonder and admiration
.”

Continued in the next bulletin….

Happy Year of Faith. 

Happy week.

Fr Germán October 27th 2013

Mensaje del P. Germán

ORACIÓN DE TAIZÉ

El primer viernes de cada mes de las 7 a las 8 pm, tenemos, en la iglesia de San Sebastián, la Oración de Taizé. A partir de las 6:30pm hacemos un ensayo de cantos para que todos puedan participar en la oración cantando. Únete a nosotros.

El hermano Alois (superior de la comunidad de Taizé) escribe: “Nosotros nos comunicamos con Dios por medio de la oración. Dios viene a habitar en nosotros por medio de su Espíritu Santo. Por medio de su Palabra y de los sacramentos, Cristo se entrega a nosotros. A nuestro turno, nosotros podemos abandonarlo todo a Él.”

En este mensaje, y en el de la próxima semana, quisiera compartir con ustedes este texto que tomé del sitio internet de la comunidad de Taizé, para ayudarles a comprender lo que hacemos todos los primeros viernes en la iglesia.

Tres veces al día, todo se detiene de Taizé: el trabajo, los estudios bíblicos, los intercambios. Las campanas llaman para la oración en la iglesia. Centenas, a veces miles de jóvenes de países muy diversos de todo el mundo, rezan y cantan con los hermanos de la Comunidad. La Biblia se lee en varias lenguas. En medio de cada oración común, el largo tiempo de silencio es un momento único de encuentro con Dios.

Si nos dejamos guiar por el libro más antiguo de oración, los Salmos bíblicos, encontraremos en ellos dos formas principales de la oración. Por un lado, la lamentación y la llamada de auxilio, y por otra el agradecimiento y la alabanza. De un modo más escondido, existe un tercer tipo de oración, sin súplica ni alabanza explícita. El Salmo 131, por ejemplo, no es más que calma y confianza: «Mantengo mi alma en paz y en silencio… Pon tu esperanza en el Señor, ahora y por siempre.»

A veces la oración calla, pues una comunión apacible con Dios puede prescindir de palabras. «Acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.» Como un niño privado de su madre que ha dejado de llorar, así puede ser «mi alma en mí» en presencia de Dios. La oración entonces no necesita palabras, quizás ni reflexiones.

¿Cómo llegar al silencio interior? A veces permanecemos en silencio, pero en nuestro interior discutimos fuertemente, confrontándonos con nuestros interlocutores imaginarios o luchando con nosotros mismos. Mantener nuestra alma en paz supone una cierta sencillez: «No pretendo grandezas que superan mi capacidad.» Hacer silencio es reconocer que mis preocupaciones no pueden mucho. Hacer silencio es dejar a Dios lo que está fuera de mi alcance y de mis capacidades. Un momento de silencio, incluso muy breve, es como un descanso sabático, una santa parada, una tregua respecto a las preocupaciones.

La agitación de nuestros pensamientos se puede comparar a la tempestad que sacudió la barca de los discípulos en el mar de Galilea cuando Jesús dormía. También a nosotros nos ocurre estar perdidos, angustiados, incapaces de apaciguarnos a nosotros mismos. Pero también Cristo es capaz de venir en nuestra ayuda. Así como amenazó el viento y el mar y «sobrevino una gran calma», él puede también calmar nuestro corazón cuando éste se encuentra agitado por el miedo y las preocupaciones (Marcos 4).

Al hacer silencio, ponemos nuestra esperanza en Dios. Un salmo sugiere que el silencio es también una forma de alabanza. Leemos habitualmente el primer versículo del salmo 65: «Oh Dios, tú mereces un himno». Esta traducción sigue la versión griega, pero el hebreo lee en la mayor parte de las Biblias: «Para ti, oh Dios, el silencio es alabanza.» Cuando cesan las palabras y los pensamientos, Dios es alabado en el asombro silencioso y la admiración.

Continuación en el próximo boletín…

Feliz semana.

Feliz año de la Fe.

P. Germán 27 de octubre del 2013
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