Fr German’s message April 19th 2020 FORGIVING OF THE SINS AT THE BIGINNING OF THE MASS

posted Apr 16, 2020, 7:40 PM by German Sanchez

Fr German’s message

FORGIVING OF THE SINS

AT THE BIGINNING OF THE MASS


Catholics know very well the sacrament of reconciliation or confession.

Among the seven sacraments (baptism, confirmation, Eucharist, reconciliation, anointing of the sick, marriage, and holy orders), reconciliation is the sacrament par excellence showing God’s Mercy.

At the moment of absolution, the priest lays his hands on the penitent to invoke the Holy Spirit and the Mercy of God upon him.

With the sacrament of reconciliation, we receive God’s Spirit into our hearts, and God himself comes to reconcile us to Himself, to ourselves, and to others.

Each time we receive the sacrament of reconciliation, we become new creations - new creatures where God’s Spirit dwells. God does not wish that any of His children be separated from Him, and for this reason, He unceasingly offers us the sacrament of reconciliation.  

Through sin, through every act that goes against God’s love, against the love we have for ourselves and the love for our neighbor, we separate ourselves voluntarily from God, and wander from the light and counsel of the Holy Spirit. You can say that through sin, we become angry at God - thus upsetting the balance within us and leading us to break the fraternal bonds with others. Through reconciliation, God reconciles us unto Himself - he gives us back the peace that sin had taken away, and He reestablishes the bonds with our brothers and sisters.

We all need to live in peace with God, with ourselves, and with our neighbors. The sacrament of reconciliation is free - and it is for everybody, without exception.

The forgiveness of sins is also celebrated at the beginning of each Eucharist.

There are some sins that do not need a sacrament but can be erased from our conscience with a prayer or when we receive absolution from the priest at the beginning of each Eucharist.

This beginning part of the Eucharist is called the penitential rite. It is when the priest invites us to recognize our sins so that we can prepare to celebrate with a pure heart. The community asks for forgiveness for its sins by reciting the “Lord have mercy” or the “I confess to God”, or the Kyrie,… or another formula wherein it recognizes its sinfulness. Then the priest extends his hands over the community and recites the prayer of absolution: “May almighty God have mercy on us, forgive us our sins, and bring us to everlasting life.”

This prayer is a true absolution. Our sins are forgiven, and we can take communion reconciled unto God, unto ourselves, and unto our brothers and sisters. In this time of quarantine let us rediscover the value of this part of the Mass in which God forgives our daily sins, and again dwells in our hearts.

Today, because of the precautions we must take to avoid contamination and the spread of the virus, the usual practice of the  sacrament of reconciliation is reserved for extreme cases. In the meantime, for the rest of us, God’s mercy is found in the desire for reconciliation, true repentance, personal prayer, the commitment to receive the sacrament when the crisis ends, and our desire to participate in the Eucharist.  And let us not forget that we always participate in spiritual communion at Mass even when we participate through different social media.

Let us open our hearts so that each time we celebrate the Eucharist, we receive the absolution that God gives through the priest.

In the Eucharist, we are fed with the Word and with the Body and Blood of Christ - but before we are fed, the Lord wants to purify us. Let us allow ourselves to be loved by God, and peace will reign in our hearts and among us. 

Happy Easter and let us pray to The Risen Christ that this pandemic finishes as soon as possible so we can meet again.

Happy Easter.   

Fr Germán April 19th 2020

Mensaje del P. Germán

EL PERDON DE LOS PECADOS AL INICIO DE LA MISA


Los católicos conocen bien el sacramento de reconciliación, o de confesión.

Entre los siete sacramentos (Bautismo, Reconciliación, Eucaristía, Confirmación, Unción de los enfermos, Matrimonio y Sacerdocio), la Reconciliación es el sacramento por excelencia, de la Misericordia de Dios.

En el momento de la absolución, el sacerdote impone sus manos sobre el penitente, para invocar el Espíritu Santo y la misericordia de Dios sobre él.

Con el sacramento de la Reconciliación, recibimos al Espíritu de Dios en nuestros corazones. Dios viene a reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás y con Él.

Cada vez que recibimos el sacramento de la reconciliación, somos recreados. Nos transformamos en creaturas nuevas, habitadas por el Espíritu de Dios.

Dios no quiere que ninguno de sus hijos(as), se encuentre separado de Él. Por esa razón nos propone sin descanso, el sacramento de Reconciliación.

Por medio del pecado, por medio de todos los actos, que van en contra del amor de Dios, en contra del amor de nosotros mismos; y en contra del amor de nuestro prójimo, nos separamos voluntariamente de Dios. Nos alejamos de la luz y del consejo del Espíritu Santo. Podríamos decir que, por medio del pecado, nos enojamos con Dios. Rompemos el equilibrio interior en nosotros mismos y quebramos nuestra relación fraternal con los demás. Por medio de la Reconciliación, Dios nos reconcilia con Él. Nos devuelve la paz que el pecado nos había retirado. Nos restablece las relaciones que habíamos quebrantado, con nuestros hermanos y hermanas.

Todos necesitamos vivir en paz con Dios, con nosotros mismos y con nuestro prójimo. El sacramento de reconciliación es gratis y es para todos, sin excepción.

El perdón de los pecados se realiza también al inicio de cada Eucaristía.

Muchos pecados no necesitan un sacramento y pueden borrarse de nuestra consciencia con una oración y además existe la absolución que el sacerdote pronuncia, siembre al inicio de la Eucaristía.

Esta parte de la Eucaristía se llama rito penitencial. Al inicio de la Eucaristía, el sacerdote nos invita a reconocer nuestros pecados, para prepararnos a celebrar con un corazón puro. La comunidad pide perdón por sus pecados recitando, Señor ten piedad, o Yo confieso, o Kyrie,…. o cualquier otra fórmula, para reconocerse pecadora. Luego, el sacerdote impone las manos sobre la comunidad y recita la absolución: “Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.”

Esta oración es una verdadera absolución. Nuestros pecados son perdonados y podemos comulgar con un corazón reconciliado con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de cuarentena, redescubramos el valor de esta parte de la misa, en la cual Dios perdona nuestros pecados cotidianos para limpiar nuestra vida y habitar en nuestro corazón.

Hoy, a causa de las precauciones que debemos tomar para evitar la contaminación y la propagación del virus, el sacramento de la reconciliación está reservado a los casos extremos. Un deseo de reconciliación, un verdadero arrepentimiento, una oración personal, el compromiso de recibir el sacramento cuando la crisis sanitaria termine y la participación a distancia en la Eucaristía, son suficientes para recibir la misericordia de Dios y participar en la comunión espiritual en las misas, en las cuales participamos por medio de los diferentes medios sociales.

Abramos nuestros corazones para que cada vez que celebramos la Eucaristía, recibamos la absolución que el sacerdote nos propone.

En la Eucaristía somos alimentados con la Palabra, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pero antes de alimentarnos, el Señor desea purificarnos. Dejémonos amar por Dios y la paz reinará en nuestros corazones y entre nosotros.

Felices Pascuas y oremos a Cristo resucitado para que esta pandemia termine lo más pronto posible y podamos volvernos a ver.

Felices Pascuas.

P. Germán 19 de abril del 2020
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