Fr German’s message February14th 2016 FORGIVE OF THE SINS

posted Feb 11, 2016, 3:02 PM by German Sanchez

Fr German’s message

FORGIVE OF THE SINS

Catholics know very well the sacrament of reconciliation or confession.

Among the seven sacraments (baptism, reconciliation, Eucharist, confirmation, anointing of the sick, marriage, and holy orders), reconciliation is the sacrament par excellence of God’s Mercy.

At the moment of absolution, the priest lays his hands on the penitent to invoke the Holy Spirit upon him.

With the sacrament of reconciliation, we receive God’s Spirit into our hearts. God himself comes to reconcile us to ourselves, to others, and to Him.

Each time we receive the sacrament of reconciliation, we are new creations. We become new creatures where God’s Spirit dwells.

God does not wish that any of his children be separated from Him and for this reason He unceasingly offers us the sacrament of reconciliation.  

Through sin, though every act that goes against God’s love, against love for ourselves, and against love for our neighbor, we separate ourselves voluntarily from God, and we wander away from the light and counsel of the Holy Spirit. You can say that through sin, we become angry at God, we upset the balance within us, and we break the fraternal bonds with others. Through reconciliation, God reconciles us unto Him, he gives us back the peace that sin had taken away, and he reestablishes the bonds that we had broken with our brothers and sisters.

We all need to leave in peace with God, with ourselves, and our neighbors. The sacrament of reconciliation is free and it is for everybody, without exception.

The forgiveness of sins is also done at the beginning of each Eucharist. For sins that do not need a sacrament but can be erased from our conscience with a prayer, there is the absolution that the priest always pronounces at the beginning of the Eucharist.

This part of the Eucharist is called the rite of penitence. At the beginning of the Eucharist, the priest invites us to recognize our sins so that we can prepare to celebrate with a pure heart. The community asks for forgiveness for its sins by reciting the Lord have mercy or the I confess to God, or the Kyrie,… or another formula wherein it recognizes its sinfulness. Then the priest lays his hands on the community and recites the prayer of absolution: “May almighty God have mercy on us, forgive us our sins, and bring us to everlasting life.”

This prayer is a true absolution. Our sins are forgiven and we can commune with one another, reconciled unto God, unto ourselves, and unto our brothers and sisters.

Let us use this Year of Mercy to give value back to this part of the mass where God forgives our daily sins so that He can clean our lives and live in our hearts.

Let us open our hearts so that each time we celebrate the Eucharist, we receive the absolution that the priest offers us.

In the Eucharist we are fed with the Word and with the Body and Blood of Christ but before we are fed, the Lord wants to purify us. Let us allow ourselves to be loved by God, and peace will reign in our hearts and among us. 

Have a great week and good year of Mercy.    

Fr Germán February14th 2016


Mensaje del P. Germán

EL PERDON DE LOS PECADOS

Los católicos conocen bien el sacramento de reconciliación o de confesión.

Entre los siete sacramentos (bautismo, reconciliación, Eucaristía, confirmación, unción de los enfermos, matrimonio y sacerdocio), la reconciliación es el sacramento por excelencia de la Misericordia de Dios.

En el momento de la absolución, el sacerdote impone sus manos sobre el penitente, para invocar el Espíritu Santo sobre él.

Con el sacramento de la reconciliación, recibimos el Espíritu de Dios en nuestros corazones. Dios mismo viene a reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás y con Él.

Cada vez que recibimos el sacramento de la reconciliación somos recreados. Nos transformamos en creaturas nuevas, habitadas por el Espíritu de Dios.

Dios no quiere que ninguno de sus hijos(as) se encuentre separado de Él. Por esa razón nos propone sin descanso, el sacramento de reconciliación.

Por medio del pecado, por medio de todos los actos, que van en contra del amor de Dios, en contra del amor de nosotros mismos; y en contra del amor de nuestro prójimo, nos separamos voluntariamente de Dios, nos alejamos de la luz y del consejo del Espíritu Santo. Podríamos decir que por medio del pecado nos enojamos con Dios, rompemos el equilibrio interior en nosotros mismos y quebramos nuestra relación fraternal con los demás. Por medio de la reconciliación, Dios nos reconcilia con Él. Nos devuelve la paz que el pecado nos había retirado. Nos restablece las relaciones que habíamos quebrantado, con nuestros hermanos y hermanas.

Todos necesitamos vivir en paz con Dios, con nosotros mismos y con nuestro prójimo. El sacramento de reconciliación es gratis y es para todos, sin excepción.

El perdón de los pecados se realiza también al inicio de cada Eucaristía. Para los pecados que no necesitan un sacramento y que pueden borrarse de nuestra consciencia con una oración, existe la absolución que el sacerdote pronuncia siembre al inicio de la Eucaristía.

Esta parte de la Eucaristía se llama rito penitencial. Al inicio de la Eucaristía, el sacerdote nos invita a reconocer nuestros pecados, para prepararnos a celebrar con un corazón puro. La comunidad pide perón por sus pecados recitando, Señor ten piedad, o Yo confieso, o Kyrie,…. u otra fórmula para reconocerse pecadora. Luego, el sacerdote impone las manos sobre la comunidad y recita la absolución: “Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.”

Esta oración es una verdadera absolución. Nuestros pecados son perdonados y podemos comulgar con un corazón reconciliado con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos y hermanas.

Aprovechemos de este Año de la Misericordia para revalorizar esta parte de la misa en la cual, Dios perdona nuestros pecados cotidianos para limpiar nuestras vidas y habitar en nuestros corazones.

Abramos nuestros corazones para que cada vez que celebramos la Eucaristía, recibamos la absolución que el sacerdote nos propone.

En la Eucaristía somos alimentados con la Palabra, el Cuerpo y la Sangre de Cristo pero antes de alimentarnos, el Señor desea purificarnos. Dejémonos amar por Dios y la paz reinará en nuestros corazones y entre nosotros. Feliz semana y feliz año de la Misericordia.

P. Germán 14 de febrero del 2016
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