Fr German’s message June 2nd 2019 CONFESSION IS SACRED

posted May 29, 2019, 10:35 AM by St Sebastian Catholic Parish

Fr German’s message

CONFESSION IS SACRED

 

This week I propose you a text from The Angelus wrote by the Archbishop of Los Angeles.

Have a great week.

Fr Germán June 2nd 2019

 

“Saint Mateo Correa Magallanes was a priest and a Knight of Columbus. During the persecution of the Church in Mexico in 1927, he had a choice to make.

He was in the jails hearing confessions from prisoners rounded up by the government. Now, a general was pressing a gun to his head, threatening to kill him if he did not disclose what prisoners had told him in confession.

Mateo said, “You can do that, but just know that a priest must keep the seal of confession. I am willing to die.” Shortly after that, he was taken to the outskirts of town and killed.  

Every priest takes his obligations as a confessor seriously.

We know it is a beautiful duty and a privilege to guide souls and grant forgiveness in God’s name. Mateo and many priests down through the centuries have chosen to suffer rather than betray the confidentiality of what they hear in confession.

Confession is sacred to every priest and every Catholic.

That is why I am greatly disturbed by a bill that is moving through the California legislature. Senate Bill 360 would order priests to disclose information they might hear in confession concerning the sexual abuse of minors.

Sometimes the best intentions can lead to bad legislation. That is the case with SB 360.

Child sexual abuse is a horrible sin and crime that afflicts every area of our society. In the Catholic Church, we have grappled with this scandal for many years.

Across the state, dioceses have put in place policies and programs to keep children safe. We fingerprint and do background checks on Church personnel, we have staff who help victims, and we have strict protocols for dealing with allegations against priests and others who work for the Church.

As a result, new cases of child sexual abuse by priests are rare in the Archdiocese of Los Angeles and other dioceses in California.

Every case is one too many. And the Church remains vigilant in protecting children and we are committed to helping all victim-survivors find healing.

From a public policy standpoint, if the goal is to prevent child sexual abuse, it does not make sense to single out Catholic priests and the Sacrament of Penance and Reconciliation, which is the formal name for confession.

Catholics believe that in the confessional we can tell God everything that is on our heart and seek his healing mercy. The priest is only an instrument; he stands in the “person of Christ.” We confess our sins not to a man but to God.

The privacy of that intimate conversation our ability to speak with total honesty from our lips to God’s ear is absolutely vital to our relationship with God.

This legislation, then, is a mortal threat to the religious freedom of every Catholic.

What is more alarming is that this bill is moving forward without any evidence that it will protect children.

Priests are already “mandated reporters” in California. That means we are required by law to report cases of sexual abuse that we suspect, except if we hear about it in the confessional.

SB 360’s sponsor makes a sweeping claim that “the clergy-penitent privilege has been abused on a large scale, resulting in the unreported and systemic abuse of thousands of children across multiple denominations and faiths.”

That is simply not true. Hearings on the bill have not presented a single case in California or anywhere else where this kind of crime could have been prevented if a priest had disclosed information he had heard in confession. Why is no one asking the bill’s sponsor to provide evidence for his accusations against the Church?

SB 360 claims to solve a crisis that does not exist.

The fact is, child sexual abuse is not a sin that people confess to priests in the confessional. Those who counsel such predators tell us that sadly, many of them are secretive and manipulative and cannot comprehend the grave evil of their actions.

It is far more likely that journalists and lawyers would hear admissions about such crimes. Yet this bill does not propose doing away with the attorney-client privilege or the protection of journalists’ sources. It only targets Catholic priests.

SB 360 should be voted down.

And we should continue working together to seek effective ways to fight this scourge of child sexual abuse in our society.

Pray for me this week, and I will pray for you.

And let us pray for our priests with gratitude for their courage in opening the doors of God’s mercy to us in confession.

And let us ask our Blessed Mother Mary to help us bring healing to every victim-survivor of abuse and help us build a society where every child is loved, protected, and safe.”

By archbishop José Gomez


Mensaje del P. Germán

LA CONFESSION ES SAGRADA

 

Esta semana les propongo un artículo tomado de Vida Nueva, del Arzobispo de Los Ángeles.

Feliz semana.

P. Germán 2 de junio 2019

 

“San Mateo Correa Magallanes fue sacerdote y caballero de Colón. Y durante la persecución de la Iglesia que hubo en México en 1927, tuvo que tomar una decisión.

Él escuchaba las confesiones de los prisioneros que estaban detenidos en las cárceles, por el gobierno. Y de pronto, un general estaba apoyando un arma contra su cabeza, amenazándolo con matarlo si no revelaba lo que los prisioneros le habían dicho en confesión.

Mateo dijo: “Puedes hacer eso, pero debes saber que un sacerdote debe guardar el secreto de la confesión. Estoy dispuesto a morir”. Poco después, lo llevaron a las afueras de la ciudad y lo mataron.

Todo sacerdote toma muy en serio sus obligaciones como confesor.

Sabemos que es un hermoso deber y privilegio guiar a las almas y concederles el perdón en nombre de Dios. Mateo y muchos sacerdotes a lo largo de los siglos han elegido sufrir en lugar de traicionar la confidencialidad de lo que escuchan en confesión.

La confesión es sagrada para todo sacerdote y para todo católico.

Por eso me preocupa mucho un proyecto de ley que se está promoviendo por medio de la legislatura de California. El Proyecto de Ley 360 del Senado ordenaría que los sacerdotes divulgaran las informaciones sobre abuso sexual de menores que escuchen en confesión.

Algunas veces las mejores intenciones pueden llevar a una mala legislación. Es el caso del Proyecto de Ley 360 del Senado.

El abuso sexual infantil es un pecado horrible y un crimen que aflige a todos los sectores de nuestra sociedad. En la Iglesia católica, hemos enfrentado este escándalo durante muchos años.

En todo el estado, las diócesis han implementado políticas y programas para hacer que los niños estén seguros. Tomamos huellas dactilares y verificamos los antecedentes del personal de la Iglesia, contamos con personas que ayudan a las víctimas y tenemos protocolos estrictos para abordar las denuncias contra sacerdotes y contra otras personas que trabajan para la Iglesia.

Como resultado, es raro que haya nuevos casos de abuso sexual infantil por parte de sacerdotes, tanto en la Arquidiócesis de Los Ángeles como en otras diócesis de California.

Cada caso sale sobrando. La Iglesia está velando constantemente por la protección de los niños y nos hemos comprometido a ayudar a todas las víctimas sobrevivientes para que lleguen a la sanación.

Pero desde el punto de vista de la política pública, si el objetivo es prevenir el abuso sexual infantil, no tiene sentido enfocar la atención en los sacerdotes católicos ni en el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, que es el nombre formal de la confesión.

Los católicos creemos que en el confesionario podemos contarle a Dios todo lo que está en nuestro corazón y buscar su misericordia sanadora. El sacerdote es sólo un instrumento; él actúa en la “persona de Cristo”. Confesamos nuestros pecados, no a un hombre sino a Dios.

La privacidad de esa conversación íntima, nuestra capacidad de hablar con total honestidad desde nuestros labios hasta el oído de Dios, es algo absolutamente esencial para nuestra relación con Dios.

Esta legislación es, pues, una amenaza mortal para la libertad religiosa de todos los católicos.

Lo que es más alarmante es que este proyecto de ley se está promoviendo sin tener ninguna evidencia de que protegerá a los niños.

Los sacerdotes son ya “reportadores obligatorios” en California. Eso significa que estamos obligados por ley a reportar los casos de abuso sexual que sospechemos, excepto si nos enteramos de ello en el confesionario.

El Proyecto de Ley 360 del Senado hace la afirmación radical de que “se ha abusado en gran escala del secreto sacramental del clero con respecto al penitente, lo cual ha resultado en el abuso no denunciado y sistemático de miles de niños pertenecientes a múltiples credos y religiones”.

Eso, sencillamente, no es cierto. Las audiencias sobre ese proyecto de ley no han presentado un solo caso, ni en California ni en ningún otro lugar, en el que este tipo de delito pudiera haberse evitado si un sacerdote hubiera revelado información que hubiera escuchado en confesión. ¿Por qué nadie le pide al patrocinador de ese proyecto de ley que proporcione evidencia de sus acusaciones contra la Iglesia?

El Proyecto del Ley 360 del Estado pretende resolver una crisis que no existe.

El hecho es que el abuso sexual infantil no es un pecado que la gente confiese a los sacerdotes en el confesionario. Los que atienden psicológicamente a tales depredadores nos dicen que lamentablemente muchos de ellos tienden a mantener el secreto, son manipuladores y no pueden comprender el grave daño de sus acciones.

Es mucho más probable que sean los periodistas y abogados los que escuchen la admisión de haber cometido esos delitos. Sin embargo, este proyecto de ley no propone eliminar el secreto profesional entre abogado y cliente o la protección de las fuentes de los periodistas. Sólo se dirige a los sacerdotes católicos.

El Proyecto de Ley 360 del Estado debería ser rechazado. Y tendríamos que seguir trabajando juntos para buscar formas efectivas de combatir este flagelo del abuso sexual infantil en nuestra sociedad.

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes.

Oremos por nuestros sacerdotes, con gratitud por su valentía de abrirnos las puertas de la misericordia de Dios en la confesión.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que nos ayude a sanar a todas las víctimas y sobrevivientes del abuso y que nos ayude a construir una sociedad en la que todos los niños sean amados, protegidos y estén seguros.”

Por Monseñor José H. Gomez

Arzobispo de Los Ángeles
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