Lenten Message 2009 Cardinal Mahony

posted Mar 13, 2009, 11:21 AM by Fr Germán Sanchez   [ updated Feb 6, 2014, 5:47 PM by St. Sebastian ]

LENTEN MESSAGE 2009 Cardinal Roger M. Mahony Archbishop of Los Angeles

February 25, 2009 according to the calendar, Ash Wednesday occurs this week and we begin another Lent. Except for this year. Lent actually began in 2007 for many thousands of families all across the Archdiocese of Los Angeles, and we have been in a long and protracted season of Lent ever since. In what sense? The annual Lenten season calls us to reflect more deeply into our lives with God, to re-order our personal priorities according to the Gospel, and to live out increased personal sacrifice in our daily living. With the economy continuing to spiral downwards day after day, with millions of jobs being eliminated, with people unable to make their house payments thus losing their homes, and with so many fearful of what tomorrow might bring—we have truly been on a long Lenten journey over these past two years. Incredible difficulties have burdened families: parents ever fearful that they cannot provide for their children, the unknown financial calamity that lurks just around the corner, the awful feeling of being one paycheck away from complete financial meltdown. In prior years when life and our financial security were far more predictable, Lent meant that we could choose which special sacrifices we wanted to undertake—but just for six weeks, until Easter Sunday. And then back to normal. But now we have a new reality: we aren’t choosing our sacrifices this year, they have chosen us. And they aren’t just for six weeks; they have been our burden for over 75 weeks now with no sign of relief in sight.  

This reality makes Lent 2009 unique and gives us the opportunity to enter this year’s Lenten journey from a fresh and life-giving spirit. Most Catholics in our Archdiocese do not need to select a special form of sacrifice this Lent; they already have more than their share. So, how do we act differently this year? Let me suggest that we recall the origin of the word “sacrifice.” It comes from two Latin words: sacrum and facere—meaning “to make sacred.” A sacrifice, then, is accepting an ongoing or new reality—usually burdensome—and turning that into something sacred, a source of God’s love and grace. For me personally, this Lent means embracing the new wearisome burdens, difficulties, and unexpected hardships that have confronted me on my journey of life and faith. I can’t pretend that these difficult burdens aren’t there, nor can I try to somehow sneak around them and move on—neither approach works. What I must do is recognize them, embrace them, realize I can’t carry them alone, and “make sacred” all that surrounds me. On Ash Wednesday as the minister places ashes on our forehead, these words are said: “Repent and believe in the Gospel.” This year, those words have a far more profound meaning for me. “Repent” means putting aside my pride and my spirit of self-sufficiency, and realizing that the only life-giving path forward is to embrace humbly what surrounds me—knowing ever more deeply that God is far more present to me in the midst of helplessness and weakness than when there are fewer challenges. “Believe in the Gospel” means to listen daily to each Gospel of Lent, to enter into the many realities which Jesus encountered, to walk alongside Him as He embraces opposition, rejection, and seeming abandonment. It means that I am walking along with God’s Son listening and observing Him deal with all that is on His path—realizing that He, in turn, is right next to me on my own path of life. But there’s even more. Jesus never walks alone with just me; He walks with us as a family, as a community: “Where two or three are gathered together in my name, there am I in the midst of them” [Mt. 18:20].

For Lent 2009, each day I intend to offer my prayers and sacrifices of that day for a special group of co-disciples with Jesus: those out of work, families who have lost homes, parents who fear that they won’t have the money needed for their children, the many who have lost health insurance, the retired people whose retirement funds have been severely diminished, and all who fear each tomorrow. Let us all journey and pray together these next six weeks, “making sacred” our many sacrifices!
 

El Mensaje de Cuaresma de 2009

Cardenal Rogelio Mahony

Arzobispo de Los Angeles

De acuerdo con el calendario, el Miércoles de Ceniza se celebra esta semana y con esto damos comienzo a otra Cuaresma.

Sin embargo este año es la excepción.

En realidad, la Cuaresma, para miles de familias a través de la Arquidiócesis comenzó en el 2007 y hemos estado en una larga y prolongada temporada cuaresmal desde entonces. ¿En qué sentido? Cada año, el tiempo de Cuaresma nos llama a repensar más profundamente nuestras vidas con Dios, a reorganizar nuestras prioridades personales según el Evangelio, y a aumentar nuestro sacrificio personal en la vida diaria.

Con el continuo derrumbamiento de la economía día a día, la eliminación de millones de trabajos, las personas, sin la capacidad de hacer sus pagos inmobiliarios, perdiendo sus casas, y

muchos viviendo con el miedo de qué traerá el amanecer, hemos estado verdaderamente viviendo en una larga jornada cuaresmal durante estos dos últimos años. Estas increíbles dificultades han puesto un gran peso sobre nuestras familias: los padres siempre temerosos de que no podrán proveer a sus niños, la imprevisible calamidad financiera que está al acecho en cada esquina, la tremenda sensación de estar a solo un cheque de distancia de un completo desastre económico.

En años pasados cuando la vida y nuestra seguridad económica eran mucho más fiables, la Cuaresma significaba que podríamos elegir cuáles serían los sacrificios que, en especial, emprenderíamos en este tiempo de seis semanas, hasta el Domingo de Pascua. Y la vida regresaría a su curso normal.

Pero ahora estamos ante una nueva realidad: no estamos escogiendo nuestros sacrificios; este año, ellos ya nos han escogido a nosotros. Y no sólo por seis semanas; han sido nuestra carga por más de 75 semanas y no vemos un alivio a la vista.

Esta realidad hace a la Cuaresma de 2009 única y nos da la oportunidad de comenzarla con un espíritu nuevo y vivificador. La mayoría de católicos en nuestra arquidiócesis no necesitan seleccionar una forma especial de sacrificio esta Cuaresma; ya tienen su buena parte.

¿Entonces, qué es lo que haremos diferente este año?

Déjenme sugerir que recordemos el origen de la palabra “sacrificio”. Viene de dos palabras en latín: sacrum y facere, lo que significa “hacer sagrado”. Un sacrificio, entonces, es aceptar una continua o nueva realidad, generalmente onerosa, convirtiendo esa realidad en algo sagrado, en una fuente de amor y de gracia de Dios.

Personalmente, esta Cuaresma significa para mí aceptar estas nuevas y pesadas cargas, todas las dificultades e inesperadas penas con las que me enfrento en mi camino de la vida y de la fe. No puedo hacer como si estas difíciles cargas no existieran, ni puedo tratar de escabullirme de ellas y seguir adelante; con esto no lograría nada. Lo que debo hacer es reconocerlas, aceptarlas, estar convencido de que no puedo cargarlas solo, y “hacer sagrado” todo que me rodee.

En el Miércoles de Ceniza, cuando el sacerdote coloque las cenizas en nuestra frente, dirá: “arrepiéntete y cree en el Evangelio.”

Este año, esas palabras tienen un significado mucho más profundo para mí.

“Arrepiéntete” significará poner a un lado mi orgullo y mi espíritu de autosuficiencia, y reconocer que el único camino en la vida es aceptar humildemente lo que me rodea, reconociendo cada vez más profundamente que Dios está mucho más presente a mí cuando estoy en medio del desamparo y de la debilidad que cuando hay pocos desafíos.

“Cree en el Evangelio” significará escuchar diariamente cada Evangelio de la Cuaresma, entrar en las muchas realidades con que se enfrentó Jesús, caminar a su lado cuando se enfrenta a la oposición, al rechazo, y al aparente abandono. Quiere decir que camino con el Hijo de Dios escuchando y observando cómo Él se encara con lo que hay en su camino –y dándome cuenta de que Él me acompaña a encararme ante las dificultades en mi propio camino.

Pero hay aún más. Jesús nunca camina solo conmigo; Él camina con todos nosotros como familia, como comunidad: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” [Mt. 18:20].

En cada día de esta Cuaresma de 2009, me propongo ofrecer mis oraciones y sacrificios diarios por un grupo especial de condiscípulos de Jesús: aquellos sin trabajo, familias que han perdido sus hogares, padres que temen no tener suficiente dinero para sus hijos, los muchos que han perdido el seguro médico, los jubilados que han sufrido severas pérdidas en sus fondos de retiro, y todos los que están aterrados ante cada amanecer.

¡Caminemos y oremos todos juntos durante estas próximas seis semanas, “haciendo sagrados” nuestros ya numerosos sacrificios!

            25 de febrero de 2009

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