SOLEMNITY OF THE ASSUMPTION HOMILY BENEDICT XVI 15 August 2008

posted Apr 17, 2009, 10:07 AM by Fr Germán Sanchez   [ updated Feb 6, 2014, 5:47 PM by St. Sebastian ]

Fr. Germán’s Message

SOLEMNITY OF THE ASSUMPTION OF THE BLESSED VIRGIN MARY

HOMILY OF HIS HOLINESS BENEDICT XVI

St Thomas of Villanova Parish, Castel Gandolfo
Friday, 15 August 2008

 

Dear Brothers and Sisters,

The Solemnity of the Assumption of the Blessed Virgin Mary, the oldest Marian Feast, returns every year in the heart of summer. It is an opportunity to rise with Mary to the heights of the spirit where one breathes the pure air of supernatural life and contemplates the most authentic beauty, the beauty of holiness. The atmosphere of today's celebration is steeped in paschal joy. "Today", the antiphon of the Magnificat says, "the Virgin Mary was taken up to Heaven. Rejoice, for she reigns with Christ for ever. Alleluia". This proclamation speaks to us of an event that is utterly unique and extraordinary, yet destined to fill the heart of every human being with hope and happiness. Mary is indeed the first fruit of the new humanity, the creature in whom the mystery of Christ - his Incarnation, death, Resurrection and Ascension into Heaven - has already fully taken effect, redeeming her from death and conveying her, body and soul, to the Kingdom of immortal life. For this reason, as the Second Vatican Council recalls, the Virgin Mary is a sign of certain hope and comfort to us (cf. Lumen Gentium, n. 68). Today's feast impels us to lift our gaze to Heaven; not to a heaven consisting of abstract ideas or even an imaginary heaven created by art, but the Heaven of true reality which is God himself. God is Heaven. He is our destination, the destination and the eternal dwelling place from which we come and for which we are striving.

St Germanus, Bishop of Constantinople in the eighth century, in a homily given on the Feast of the Assumption, addressing the heavenly Mother of God said: "You are the One who through your immaculate flesh reunited the Christian people with Christ.... Just as all who thirst hasten to the fountain, so every soul hastens to you, the Fountain of love, and as every man aspires to live, to see the light that never fades, so every Christian longs to enter the light of the Most Blessed Trinity where you already are". It is these same sentiments that inspire us today as we contemplate Mary in God's glory. In fact, when she fell asleep in this world to reawaken in Heaven, she simply followed her Son Jesus for the last time, on his longest and most crucial journey, his passage "from this world to the Father" (cf. Jn 13: 1).

 

Mensaje del P. Germán

 

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Parroquia de Santo Tomás de Villanueva, Castelgandolfo
Viernes 15 de agosto de 2008

Queridos hermanos y hermanas:

En el corazón del verano, como cada año, vuelve la solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, la fiesta mariana más antigua. Es una ocasión para ascender con María a las alturas del espíritu, donde se respira el aire puro de la vida sobrenatural y se contempla la belleza más auténtica, la de la santidad. El clima de la celebración de hoy está todo él penetrado de alegría pascual. "Hoy —canta la antífona del Magníficat— la Virgen María sube a los cielos; porque reina con Cristo para siempre. Aleluya". Este anuncio nos habla de un acontecimiento totalmente único y extraordinario, pero destinado a colmar de esperanza y felicidad el corazón de todo ser humano. María es, en efecto, la primicia de la humanidad nueva, la criatura en la cual el misterio de Cristo —encarnación, muerte, resurrección y ascensión al cielo— ha tenido ya pleno efecto, rescatándola de la muerte y trasladándola en alma y cuerpo al reino de la vida inmortal. Por eso la Virgen María, como recuerda el concilio Vaticano II, constituye para nosotros un signo de segura esperanza y de consolación (cf. Lumen gentium, 68). La fiesta de hoy nos impulsa a elevar la mirada hacia el cielo. No un cielo hecho de ideas abstractas, ni tampoco un cielo imaginario creado por el arte, sino el cielo de la verdadera realidad, que es Dios mismo: Dios es el cielo. Y él es nuestra meta, la meta y la morada eterna, de la que provenimos y a la que tendemos. San Germán, obispo de Constantinopla en el siglo VIII, en un discurso pronunciado en la fiesta de la Asunción, dirigiéndose a la celestial Madre de Dios, se expresaba así: "Tú eres la que, por medio de tu carne inmaculada, uniste a Cristo al pueblo cristiano... Como todo sediento corre a la fuente, así toda alma corre a ti, fuente de amor; y como cada hombre aspira a vivir, a ver la luz que no tramonta, así cada cristiano suspira por entrar en la luz de la Santísima Trinidad, donde tú ya has entrado". Estos mismos sentimientos nos animan hoy mientras contemplamos a María en la gloria de Dios. Cuando ella se durmió en este mundo para despertarse en el cielo, siguió simplemente por última vez al Hijo Jesús en su viaje más largo y decisivo, en su paso "de este mundo al Padre" (cf. Jn 13, 1).

 

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