11th Sunday in OT. B LA, June 13th–14th, 2015

posted Jun 11, 2015, 3:30 PM by German Sanchez

11th Sunday in Ordinary Time

Year B

Los Angeles, June 13th   – 14th, 2015

1st Reading: from the Book of the Prophet Ezekiel 17,22-24

Psalm : 91(92)2-3,13-14,15-16

2º Reading:2nd  letter from St Paul to the Corinthians 5:6-10

Gospel: Saint Mark 4,26-34

 

The Liturgy of this Sunday reminds us that the Word of God is sown in our lives.

The Word of God that we receive should be at the center of life and must be announced around us.

The Word of God that we receive should be at the center of life.

The Word of God is sown in the hearts of all the baptized. On the day of our baptism, every time we receive a sacrament or read scripture, the Word of God enters our lives. The Church invites us insistently to read the Word of God every day.

Christian life should be illuminated by the Word of God. All our actions, our words, and all situations we face in life, should be inspired, enlightened, and clarified by the Word of God.

Every time we read, we listen to, we meditate or share the Word of God with others, we are receiving the seeds which enter our lives and which will germinate and grow in us day and night.

We need to stay in constant contact with the Word of God to possess the light, the counsel, and the needed strength to live in the world as children of God and disciples of Jesus.

The Word of God is not a tale, a book, a newspaper or an ordinary reading. The Word of God is Jesus Christ, the very presence of God. As the prophet Jeremiah said, we must listen to it, eat it and digest it. The Word of God is Jesus among us. We reverently bow before the ambo because there is where the Word of God is proclaimed. The ambo is the altar where the Word of God nourishes our faith. For that reason we can only read the Word of God in the ambo and nothing else.

Ignorance or disregard of the Word of God is ignorance or disregard of Christ.

The Word of God must be announced around us.

Christians who feed from the Word of God should not keep this treasure to themselves.

One of the fruits of the Word of God in our lives is that we are transformed into messengers of the Word.

We have a duty and obligation to proclaim the Word of God to all men and women of good will who have yet to discover the beauty and effectiveness of the Word of God.

We have to help many of our brothers and sisters to get rid of prejudices against the word of God.

We the baptized have the responsibility to help our neighbors realize that faith in Jesus is a path that leads to happiness, peace, and fraternity.

The Gospel we know and enjoy should be passed on to all creation so that the Kingdom of God can settle among us. This will allow the earth to be a place where everyone can live as children of God, as brothers and sisters of Jesus.

At the end of this Eucharist, let us remember that the Word of God is sprouting and growing in us so we can live it and share it with everyone we meet in life.

Amen.

Fr. Germán

11º Domingo del tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 14 de junio del 2015

1ª lectura: del libro del profeta Ezequiel 17,22-24

Salmo: 91(92)2-3.13-14.15-16

2ª lectura: 2ª carta de San Pablo a los Corintios 5,6-10

Evangelio: de San Marcos 4,26-34

La liturgia de este domingo nos recuerda que la Palabra de Dios es sembrada en nosotros.

La Palabra de Dios que recibimos debe estar en el centro de nuestra existencia y debe ser anunciada alrededor de nosotros.

La Palabra de Dios que recibimos debe estar en el centro de nuestra existencia:

La Palabra de Dios está  sembrada en el corazón de todos los bautizados. El día de nuestro bautismo, y cada vez que recibimos un sacramento, la Palabra de Dios penetra en nuestra vida. La Iglesia nos invita con insistencia a leer la Palabra de Dios todos los días.

La vida del cristiano debe estar iluminada por la Palabra de Dios. Nuestros actos, nuestras palabras y todas las situaciones que debemos afrontar en la vida, deben estar inspirados, iluminados y aclarados por la Palabra de Dios.

Cada vez que leemos, escuchamos, meditamos o compartimos con los demás la Palabra de Dios, recibimos esa semilla que penetra en nuestra existencia, que germinará y crecerá en nosotros día y noche.

Debemos estar en contacto permanente con la Palabra de Dios para poseer siempre la luz, el consejo y la fuerza necesarios, para vivir en el mundo como hijos de Dios y discípulos de Jesús.

La Palabra de Dios no es una novela, un libro, un periódico o una lectura común y corriente. La Palabra de Dios es Jesucristo, es la presencia misma de Dios. Debemos escucharla, comerla y digerirla como decía el profeta Jeremías. La Palabra de Dios es Jesús en medio de nosotros. Por

eso nos inclinamos con reverencia frente al ambón que es el lugar en el cual es proclamada la Palabra de Dios. El ambón es el altar en el cual la Palabra de Dios alimenta nuestra fe. Esa es la razón por la cual en el ambón, en donde debemos leer únicamente la Palabra de Dios y no los anuncios u otra clase de discursos.

Ignorar o desconocer la Palabra de Dios, es ignorar o desconocer a Cristo.

La Palabra de Dios debe ser anunciada alrededor de nosotros.

El cristiano que se alimenta con la Palabra de Dios, no puede guardar ese tesoro para él solo.

Uno de los frutos de la Palabra de Dios en nuestra vida, es hacer de nosotros los mensajeros de esa Palabra.

Tenemos el deber y la obligación de anunciar la Palabra de Dios, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que todavía no han descubierto la belleza y la eficacia  de la Palabra de Dios.

Debemos ayudar a muchos de nuestros hermanos y hermanas a salir de sus prejuicios, en contra de la Palabra de Dios.

Los bautizados tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros vecinos, a comprender que la fe en Jesucristo, es un camino que conduce a la felicidad, a la paz, a la fraternidad.

La alegría del evangelio que conocemos debe ser transmitida a toda la creación, para que el Reino de Dios pueda instalarse en medio de nosotros. Para que nuestra tierra sea al fin, un lugar en el cual todos puedan vivir como hijos de Dios, como hermanos y hermanas de Jesús.

Al salir de esta Eucaristía, recordemos que la Palabra de Dios está germinando y creciendo en nosotros para que podamos vivirla, anunciarla y compartirla con todos los que cruzamos en la vida de todos los días.   Amén.

P. Germán
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