11th Sunday in the Church’s time. Time C Los Angeles, June 11th/12th, 2016

posted Jun 9, 2016, 4:45 PM by German Sanchez

11th Sunday in the Church’s time

Time C

Los Angeles, June 11th/12th, 2016

1st Reading: from the 2nd Book of Samuel 12:7-10,13

Psalm : 31(32)1-2,5,7.11

Reading: Letter of Saint Paul to the Galatians 2,16,19-21

Gospel: Saint Luke 7,36—8,3

The liturgy of this Sunday contains the story of the sin of the great King David, the declaration of St Paul to the Galatians: “we may be justified by faith in Christ and not by works of the Law” and the story of the sinful woman to whom Jesus said “your faith has saved you, go in peace.” It invites us to recognize that we are sinners and that we must love better.

Recognize that we are sinners:

Pope Francis, from the beginning of his pontificate, speaks of God’s mercy. With his words and above all with his actions, he wants to help us to discover that God loves sinners. God never gets tired of forgiving and above all, that the face of God is compassion and mercy.

To accept a God like that, we have to have a humble heart. To receive forgiveness, compassion and the mercy of God we must recognize that we need to be healed. To allow God to caress, embrace welcome and help us we must recognize that we need his help.

Many of our contemporaries say they belong to practical atheism. They say that they don’t believe in God because they don’t need him. Sometimes young people say the same thing because they want to handle their lives by themselves. They don’t realize that we need God to be able to love better.

To love better.

Those who recognize they are sinners can be united to Jesus because the Lord doesn’t judge and He always helps us to abandon sin and to grow.

Recognizing that we are sinners helps us to look upon our brothers and sisters with love, compassion and pardon, that is, with the eyes of God. If we accept that we are sinners and we need God’s mercy to go forward, we will open our hearts to others.

Recognizing that we are sinners helps us to love better because when we recognize our sins we put ourselves at the same level as all our brothers and sisters. We accept that we all need God to work together to build, as John Paul II often said: into the civilization of love.

God doesn’t want some of us to feel perfect and others to believe themselves unworthy.

God desires that we all recognize ourselves as sinners where solidarity for each other exists: a society in which love is the engine that allows us to build our families, jobs and communities.

Recognizing that we are sinners helps us to follow Christ so we can say with St Paul: “It is no longer I who live, but Christ who lives in me”.

When Christ lives in us, the love of God dwells in us and we become a source of love, tenderness and mercy.

Let us take advantage of this summer time to allow God to love us. We need to feel his love in order to love our brothers and sisters better.

Amen.

Fr. Germán

11º Domingo Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 12 de junio del 2016

1ª lectura: del 2º libro de Samuel 12,7-10.13

Salmo : 31(32)1-2.5.7.11

lectura: carta de San Pablo a los Gálatas 2,16.19-21

Evangelio: de San Lucas 7,36--8,3

La liturgia de este domingo, sobre la historia del pecado del gran rey David, la declaración de San Pablo quien dice a los Gálatas: “nadie queda justificado por el cumplimiento de la ley, sino por la fe en Jesucristo” y la historia de la mujer pecadora a quien Jesús le dice: “tu fe te ha salvado, vete en paz”, nos invita a reconocer que somos pecadores, para amar un poco más.

Reconocer que somos pecadores.

El Papa Francisco, desde el inicio de su pontificado, nos habla de la Misericordia de Dios. Con sus palabras y sobretodo con sus actos, quiere ayudarnos a descubrir que Dios ama a los pecadores. Dios no se cansa de perdonar, al fin de cuentas, que el rostro de Dios es compasión y misericordia.

Para aceptar a un Dios semejante, tenemos que tener un corazón humilde. Para recibir el perdón, la compasión, la misericordia de Dios, debemos reconocer que necesitamos curación. Para que Dios pueda acariciarnos, abrazarnos, acogernos y ayudarnos, debemos reconocer que lo necesitamos. Todos necesitamos el perdón, el amor, la compasión y la ayuda de Dios.

Muchos de nuestros contemporáneos dicen que pertenecen al ateísmo práctico. Dicen que no creen en Dios porque no lo necesitan. A veces los jóvenes dicen lo mismo, porque quieren desenvolverse solos en la vida. No se dan cuenta que necesitan a Dios, para amar un poco más.

Amar un poco más.

Quien se reconoce pecador, se une a Jesús porque sabe que el Señor no nos juzga, que siempre nos ofrece su mano para sacarnos del pecado y ayudarnos a crecer.

Reconocerse como pecador, nos ayuda a mirar a nuestros hermanos y hermanas con amor, compasión, perdón, es decir, con los ojos de Dios. Si aceptamos que somos pecadores y que necesitamos la misericordia de Dios para siempre salir adelante, vamos abrir nuestro corazón a los demás.

Reconocerse pecador, nos permite amar un poco más, porque cuando reconocemos nuestro pecado, nos situamos al mismo nivel que todos nuestros hermanos y hermanas. Aceptamos que todos necesitamos a Dios para construir juntos, como decía frecuentemente Juan Pablo II: la civilización del amor.

Dios no quiere que entre nosotros, haya algunos que se sientan perfectos y otros se crean indignos. Dios desea una humanidad en la cual todos los hombres y mujeres, se reconozcan pecadores. Una humanidad en la cual todos se sientan solidarios los unos de los otros. Una sociedad en la cual el amor sea el instrumento que nos permita construir nuestras familias, trabajo y comunidades.

Reconocerse pecador, nos ayuda a unirnos a Cristo para decir como San Pablo: “ya no soy yo el que vive, sino Cristo quien vive en mí”.

Cuando Cristo vive en nosotros, el amor de Dios habita en nosotros y nos transformamos en una fuente de amor, de ternura y de misericordia.

P. Germán
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