13th Sunday of the Church A Los Angeles, July 1st /2nd, 2017

posted Jun 30, 2017, 6:07 PM by German Sanchez

13th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, July 1st /2nd, 2017

1st Reading: from the 2nd  book of Kings 4:8-11,14-16a

Psalm :89: 2-3, 16-17, 18-19

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Romans 6: 3-4.8-11

Gospel: Saint Matthew 10:37-42

 

The liturgy invites us to reflect today on our way of welcoming.

Welcoming is an attitude that must be learned and must be nurtured every day.

Welcoming is an attitude that allows us to live in relationship with God and with others. The opposite of welcoming is selfishness, closing in on oneself and loneliness.

To welcome, we must open the door of our hearts, live humbly and be confident.

Open the door of our hearts.

The first attitude we must have to welcome God and others is to open the door of our heart and our home. God can’t enter into a closed heart or into a house that is not open. Fear pushes us to close doors, to isolate ourselves, to build walls that separate us from others and to live in selfishness.

An open door is always an invitation while a closed door is a symbol of rejection. An open door invites friendship and a closed door makes us recluses.

We must open the doors so that the Spirit of God can blow in our hearts, in our life and in our relationships.

We must open the doors of our homes so that others can enter our lives and share with us the riches that God has entrusted to them. Only the open doors of our homes can allow us to meet and dialogue with our brothers and sisters and build together a better world for all.

God opened the gates of heaven so that we could have permanent communication with Him and God invites us to open our doors and live in communication with others.

In welcoming it is also important to live humbly. Humility is the noble sentiment that allows us to recognize that we need God and others. It is important to live in humility so we don’t think that we can build our life away from God and away from our brothers and sisters. Humble people rejoice in welcoming God and others because they know that in meeting and in dialoging with others they grow.

Humility helps us to discover the riches that others share with us when we welcome them. Humility helps us to welcome others as they are and to recognize that we are often unable to understand their words or actions. Humility helps us grow every day because it reminds us that we do not have everything, that we do not know everything and that we need others to complete what is needed in our lives.

In welcoming we must also to be confident. Only with confidence can we have sincere and true relationships. If we have confidence in God and in others we can live in peace. Trust is indispensable for others to feel good and share the best they have with us. Mistrust leads us to close the doors, to think that we do not need others and to withdraw from society and to live in solitude and fear.

We need to welcome and be welcomed to live happily.

Amen.

Fr. Germán

13º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 2 de julio del 2017

1ª lectura : del 2º Libro de los Reyes 4,8-11.14-16a

 Salmo: 88(89) 2-3. 16-17.18-19

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 6,3-4.8-11

Evangelio: San Mateo 10,37-42

 

La liturgia nos invita a reflexionar hoy sobre nuestra manera de acoger.

La acogida es una actitud que se debe aprender y alimentar todos los días.

Es una actitud que nos permite vivir en relación con Dios y con los demás. Lo contrario de acoger es el egoísmo, el encierro y la solitud.

Para acoger debemos abrir la puerta, vivir humildemente y tener confianza.

Abrir la puerta.

La primera actitud que debemos tener para acoger a Dios y a los demás, es abrir la puerta de nuestro corazón y de nuestra casa. Dios no puede entrar en un corazón cerrado, o en una casa que no está abierta. El miedo nos lleva a cerrar las puertas, a aislarnos, a construir muros que nos separan de los demás y a vivir en el egoísmo.

Una puerta abierta es siempre una invitación, mientras que una puerta cerrada es símbolo de rechazo. Una puerta abierta invita a la amistad y una puerta cerrada, nos hace pensar en la soledad.

Debemos abrir las puertas para que el Espíritu de Dios pueda soplar en nuestros corazones, en nuestra vida y en nuestras relaciones.

Debemos abrir la puertas de nuestros hogares, para que los demás puedan entran en nuestra vida y compartir con nosotros las riquezas, que Dios les ha confiado. Solamente las puertas abiertas de la casa, pueden permitirnos encontrar y dialogar con nuestros hermanos y hermanas, para construir juntos un mundo mejor para todos.

Dios abrió las puertas del cielo, para que nosotros pudiésemos tener una comunicación permanente con Él.  Nos invita a abrir nuestras puertas, para vivir en comunicación con los demás.

En la acogida también es importante vivir humildemente. La humildad es el sentimiento noble que nos permite reconocer,  que necesitamos a Dios y a los demás. Es importante vivir en humildad, para no pensar que podemos construir nuestra vida lejos de Dios, lejos de nuestros hermanos y hermanas. Las personas humildes se alegran acogiendo a Dios y a los demás, porque saben que en el encuentro y en el dialogo con los demás crecen.

La humildad nos ayuda a descubrir las riquezas que los demás comparten con nosotros cuando los acogemos. La humildad nos ayuda a acoger a los demás tal como son y a reconocer que frecuentemente, no somos capaces de comprender las palabras o los actos de los demás. La humildad nos ayuda a crecer todos los días porque nos recuerda que no tenemos todo, que no sabemos todo y que necesitamos a los demás para completar lo que hace falta en nuestra vida.

En la acogida también debemos tener confianza. Solamente con confianza podemos tener relaciones sinceras y verdaderas. Si tenemos confianza en Dios y en los demás, podemos vivir en paz. La confianza es indispensable para que los demás se sientan bien y puedan compartir lo mejor que tienen con nosotros. La desconfianza nos lleva a cerrar las puertas, a pensar que no necesitamos de los demás y a retirarnos de la sociedad para vivir en la soledad y con miedo.

Necesitamos acoger y ser bien acogidos para vivir felices.

Amen.

P. Germán
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