14th Sunday of the Church Time A Los Angeles, July 5th, 2020

posted Jul 3, 2020, 2:19 PM by German Sanchez

14th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, July 5th, 2020

1st Reading: from the book of the Prophet Zechariah 9,9-10

Psalm :144(145) 1-2.8-9.10-11.13-14

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Romans 8,9.11-13

Gospel: Saint Matthew 11,25-30

 

In July we are going to celebrate the sacraments that we had prepared for the Easter season, but were suspended because of the virus.

Today, and throughout this month, I invite you to reflect on the sacraments that the Church offers to help us be humble and meek, and so to find the rest that Jesus promises us.

The Christian must be humble because God reveals himself to the little ones. He lets himself be known to those who have the courage and honesty to accept their weaknesses and their need. Those who allow themselves to be helped by the Church, receive the sacraments that wash us of sin and offer us the light of the Holy Spirit. The Eucharist nourish our faith, increase our trust. The Reconciliation help us to forgive ourselves - and teach ourselves to forgive. We need the Reconciliation to have reconciled life with God, with ourselves and with others. Humility within marriage offers the couple who receive the sacrament, a reminder that every day, especially in difficult moments, they committed to God and to each other that they would do everything necessary to grow in love and care for each other until the end of his/her days on earth. We need humility to receive the anointing of the sick – the time when our bodies remind us of our fragility, and we must   place ourselves confidently in the hands of doctors - and in the hands of God.

In a proud heart there is no space for God, nor for the sacraments He offers us. Only humility will allow us to accept that even sinful men, like us, chosen by God to be priests, are called to be intermediaries between humanity and God.

Humility is essential in the life of all Jesus' disciples so we can discover all the gifts that God offers us. We all have need of the Holy Spirit to preserve those treasures in these fragile earthen vessels that we are. (2 Co 4,7)

The Christian must be meek because our brothers and sisters need sweetness to live in peace. The first words and gestures that we receive upon arriving in this world are words and gestures of sweetness, love, and tenderness. In front of a baby or a small child, we experience the sweetness that comes from the depths of our heart. We feel no shame, or fear of what people might say when we show the sweetness that is within us. This sweetness allows us to find peace every time we express it.

We must not live in contradiction, in error, or give a false testimony by praising God with words of love and tenderness, and then use the same mouth to insult, speak badly, accuse, slander or despise our brothers and sisters.

All the sacraments we receive should help us to be a little more humble and meek.

Let us open our hearts so that Jesus can help us to be like Him, and we will discover the inner peace that will flood our existence. The deep joy that we feel will help us to build relationships, friendships, and love in the family, in society, and in the world. Amen.

Fr. Germán

14º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 5 de julio del 2020

1ª lectura : del Libro del profeta Zacarías 9,9-10

 Salmo : 144(145) 1-2.8-9.10-11.13-14

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 8,9.11-13

Evangelio: San Mateo 11,25-30

 

En el mes de julio vamos a celebrar los sacramentos que habíamos previsto celebrar, durante el tiempo pascual y que nos vimos obligados a suspender a causa del virus.

Hoy y a lo largo de este mes, los invito a reflexionar sobre los sacramentos que la Iglesia nos propone para ayudarnos a ser humildes y dóciles para encontrar el descanso que Jesús nos promete.

El cristiano debe ser humilde porque Dios se revela a los pequeños, se deja conocer de aquellos que tienen el coraje y la honestidad de aceptar sus debilidades y la necesidad de dejarse ayudar por la Iglesia, que nos propone los sacramentos para lavarnos del pecado, para ofrecernos la luz del Espíritu Santo, para alimentar nuestra fe y nuestra confianza con la Eucaristía. Para perdonarnos y enseñarnos a perdonar, para vivir reconciliados con Dios, con nosotros mismos y con los demás. La humildad en la pareja, permite a los esposos recibir el sacramento del matrimonio, recordándoles todos los días y sobre todo en los momentos difíciles, que se comprometieron ante Dios y frente al otro a hacer todo lo necesario para hacer crecer el amor y cuidar al otro, hasta el fin de sus días en la tierra. Debemos tener la humildad de recibir la unción de los enfermos, cuando nuestro cuerpo nos recuerda nuestra fragilidad, para colocarnos con confianza en las manos de los médicos y en Manos de Dios.

En un corazón orgulloso no hay espacio para Dios, ni para los sacramentos que nos propone. Solo la humildad nos permite aceptar que haya hombres pecadores, como nosotros, escogidos por Dios para ser sacerdotes, es decir, intermediarios entre la humanidad y Dios.

La humildad es indispensable en la vida de todos los discípulos de Jesús, para descubrir todos los dones que Dios nos ha confiado y la necesidad que tenemos del Espíritu Santo para conservar esos tesoros en estas vasijas de barro frágiles que somos. (2 Co 4,7)

El cristiano debe ser dócil porque nuestros hermanos y hermanas necesitan dulzura para vivir en paz. Las primeras palabras y gestos que recibimos al llegar a este mundo son palabras y gestos de dulzura, de amor, de ternura. Frente a un bebé o a un niño pequeño, siempre encontramos la dulzura que está en el fondo de nuestro corazón y no sentimos vergüenza o miedo al qué dirán, para dejar salir de nosotros mismos la dulzura que nos habita y que nos permite encontrar la paz cuando la dejamos manifestarse.

Es una contradicción, un error y un falso testimonio, si alabamos a Dios con palabras de amor, de ternura y enseguida utilizamos la misma lengua para insultar, hablar mal, acusar, calumniar o despreciar a nuestros hermanos y hermanas.

Todos los sacramentos que recibimos deben ayudarnos a ser poco a poco, un poco más humildes y dóciles.

Abramos nuestro corazón para que Jesús pueda ayudarnos a ser como Él y vamos a descubrir la paz interior que inundará nuestra existencia y la alegría profunda que nos ayudarán a construir relaciones de amistad y de amor en la familia en la sociedad y en el mundo.

Amen.

P. Germán
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