15th Sunday of the Church A LA, June 12th – 13th , 2014

posted Jul 3, 2014, 4:56 PM by German Sanchez

15th Sunday of the Church Time A

Los Angeles, June 12th – 13th , 2014

1st Reading: the book of Isaiah 55,10-11

Psalm :64(65)10,11.12-13.14

2º Reading:  letter of Saint Paul to the Romans 8,18-23

Gospel: Saint Mathew 13,1-23

 

The Gospel of this Sunday shows Jesus teaching a catechism lesson.

His teachings are quite clear and rich. I invite you to reflect for a few minutes on an idea taken from the Gospel.
The Word of God is like a seed that has been sown to bear fruit.

If we are Christians, if we have been baptized, and if every Sunday we receive the Body and Blood of Christ, it is because the Word of God has been sown in us.

Our parents, our grandparents, some catechists, some friends, a priest in the parish or school ... they sowed the Word in our hearts and in our minds.
We can begin by acknowledging those who showed us the Word of God and who helped us to grow in it.

Certainly many people have sown the Word of God in our lives. Then, let’s ask ourselves: Which soil has the Word of God fallen on in our hearts?  How do we receive God’s Word that has been and is being sown every time we meet someone who speaks of God or who testifies to God's presence in their life?

Do we keep an open heart to discover new insights, freshness and power in God’s Word?

The Word of God is very powerful but it needs both good soil and a judicious and caring gardener.

When the Word of God finds fertile soil, an open heart, and a caring mind, then it bears abundant fruit.

The fruits of the Word of God are peace in the heart, joy in life, and commitment to build a better world where justice and peace prevail.

The fruits of the Word of God are measured in the love we give and in the love we are able to receive.

We all have received the Word of God and the Lord expects us to bear much fruit for our own happiness and for the happiness of others.

As we leave Mass today, let’s commit to being good gardeners so that the Word of God that has been sown in us may bear abundant fruit.

Let’s not allow the Word of God to die in our lives because of our own carelessness. God wants us to be happy. He wants love to be the driving force of our existence.

Let’s take good care of the Word of God inside us and our lives will be full of love like a beautiful garden.

Amen.

Fr. Germán

15º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 13 de julio del 2014

1ª lectura : Libro de Isaías 55,10-11

 Salmo : 64(65) 10,11.12-13.14

2ª lectura : de la carta de Sn Pablo a los Romanos 8,18-23

Evangelio: San Mateo 13,1-23

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús dándonos un curso de catequesis.

Su enseñanza es bastante clara y rica.

Los invito a reflexionar unos minutos, sobre la siguiente idea tomada del Evangelio.

La Palabra de Dios es como una semilla sembrada que debe dar frutos.

Si somos cristianos, si hemos sido bautizados y si cada domingo recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es porque la Palabra de Dios ha sido sembrada en cada uno de nosotros.

Nuestros padres, nuestros abuelos, los catequistas, algunos de nuestros amigos, algún sacerdote en la parroquia o en la escuela,… todos ellos han contribuido sembrando la Palabra de Dios en nuestro corazón y en nuestra inteligencia.

Podemos empezar agradeciendo a aquellos que nos han permitido conocer la Palabra de Dios y ayudado para hacerla crecer en nosotros.

Hay muchas personas que han sembrado la Palabra de Dios en nuestra vida. Entonces, preguntémonos ¿Qué tipo de tierra o suelo ha encontrado la Palabra de Dios en nosotros? ¿Cómo recibimos la Palabra de Dios, que continuamente se siembra en nosotros, cada vez que alguien nos habla de Dios, o que nos da testimonio de la presencia de Dios en su vida?

¿Tenemos un corazón suficientemente abierto, para escuchar y aceptar la novedad, la frescura y el poder de la Palabra de Dios?

La Palabra de Dios es muy poderosa, pero necesita un suelo fertilizado y apropiado para recibirla, además de un jardinero responsable que la cuide.

Cuando la Palabra de Dios encuentra una tierra fértil, es decir,  un corazón y una inteligencia que aceptan cuidarla, entonces produce mucho fruto.

Los frutos de la Palabra de Dios son la paz en el corazón, la alegría de vivir y el compromiso en la construcción de un mundo mejor, en el cual la justicia y la paz reinen.

Los frutos de la Palabra de Dios, se miden en el amor que ofrecemos y en nuestra capacidad de recibir.

Todos hemos recibido la Palabra de Dios. El Señor espera que produzcamos mucho fruto que sea reflejado en nuestra felicidad y en la felicidad de quienes conviven alrededor de  nosotros.

Al salir de esta Eucaristía, comprometamos a ser jardineros eficaces para que la Palabra de Dios, que ha sido sembrada en nosotros, produzca frutos en abundancia.

No permitamos que la Palabra de Dios muera en nuestra vida, por falta de cuidado. Dios quiere que seamos felices, que el amor sea el motor de nuestra existencia.

Cuidemos la Palabra de Dios que está en nosotros y nuestra existencia será un hermoso jardín lleno de amor.

Amen        P. Germán
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