16th Sunday of the Church A LA, July 19th /20th, 2014

posted Jul 16, 2014, 4:32 PM by St Sebastian Catholic Parish

16th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, July 19th /20th, 2014

1st Reading: from the book of Wisdom 12,13.16-19

Psalm :85(86)5-6.9-10.15-16

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Romans 8,26-27

Gospel: Saint Mathew 13,24-43

 

I think that the liturgy of this Sunday invites us to reflect on the presence of good and evil in the world and on our passing of judgment on our brothers and sisters.
Good and evil exist and we are all aware of it. The first parable of the Gospel reminds us that creation and all that God did is good. Our world is good but the enemy, the devil, Satan... -or call it whatever you want- came and sowed evil in our world and in the hearts of humankind.

Today, we live in our world where good and evil coexist. As in the first parable where the good seed, the good grain of wheat grows among the tares, good and evil are present in our world and in our hearts.

The last two of the parables of the Gospel remind us that, despite appearances, good will overcome evil. The tiny mustard seed is one of the smallest grains, but when it grows, the tree is so large that the birds can build nests on its branches.

The amount of yeast in a flour mix is nothing compared to the amount of flour and yet, through it, all the dough can ferment.

The good, the Word of God, the Justice, and the Love that exist in our world grow discreetly and will have the last word. They will grow as big as the mustard tree and all humankind will get to know them. They will be present in the hearts of all men and all women, and peace and brotherhood will reign in our world.

God is a merciful judge, kind, full of tenderness, love, mercy and truth. He gives sinners time to repent.

Only God is able to pass judgment on those who do evil things. God does not want us to be the judges of our brothers and sisters because our judgments are often false or unfair.

We don’t have enough capacity, knowledge, mercy, or authority to judge anyone else.

Let’s work to make goodness grow among us. Let’s avoid passing judgment on our brothers and sisters. Let’s pray to the Holy Spirit who knows our hearts and that of our brothers and sisters better than anyone else. May God grant us whatever we need so that goodness, the Word of God, Justice and Love become our only engines and the unique features of our world.

Amen.

Fr. Germán

16º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 20 de julio del 2014

1ª lectura : del Libro de la Sabiduría 12,13.16-19

 Salmo : 85(86)5-6.9-10.15-16

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 8,26-27

Evangelio: San Mateo 13,24-43

 

 

Pienso que la liturgia de este domingo, nos invita a reflexionar sobre el bien y el mal en nuestro mundo. Sobre los juicios que hacemos contra los actos de nuestros hermanos y hermanas.

El bien y el mal existen, sin duda alguna todos somos testigos de ello. La primera parábola del Evangelio, nos recuerda que la Creación como todo lo que Dios nos ha dado es bueno. Nuestro mundo es bueno pero el enemigo, el maligno, el diablo,… o llámenlo como quieran, vino a sembrar el mal en nuestro mundo y en el corazón de la humanidad.

Actualmente vivimos en un mundo formando parte de una humanidad, en donde el bien y el mal coexisten. Como la primera parábola nos dice, la buena semilla, el buen grano de trigo crece en medio de la cizaña, de igual forma, el bien y el mal están presentes en nuestro mundo y en nuestro corazón.

Las dos últimas parábolas del Evangelio nos recuerdan que a pesar de las apariencias, el bien vencerá al mal. El grano de mostaza es uno de los más pequeños, sin embargo cuando crece, su árbol es tan grande que los pájaros del cielo pueden hacer sus nidos en sus ramas.

La levadura que mezclamos con la harina, es mínima en comparación con la cantidad de harina, a pesar de ello, fermenta toda la masa.

El bien, la Palabra de Dios, la Justicia y el Amor que existen en nuestro mundo, crecerán discretamente y tendrán la última palabra. Ellos serán grandes como el árbol de mostaza y toda la humanidad los conocerá. Estarán presentes en el corazón de todo hombre y de toda  mujer y la paz y la fraternidad reinarán en nuestra tierra.

Dios quien es un juez misericordioso, bueno, lleno de ternura, de amor, de piedad y de verdad le da tiempo al pecador para que se arrepienta.

Solo Dios es capaz de juzgar a quien hace el mal y el bien. Dios no desea que seamos los jueces de nuestros hermanos y hermanas porque nuestros juicios, frecuentemente son falsos.

No tenemos la capacidad, tampoco el conocimiento suficiente, ni la misericordia necesaria, o la autoridad para juzgar a nuestros semejantes.

Trabajemos para  que el bien crezca en nosotros mismos. Evitemos todo juicio sobre nuestros hermanos y hermanas. Oremos al Espíritu Santo quien conoce mejor que nosotros mismos, nuestros sentimientos, y el de nuestros hermanos y hermanas. Que Dios nos conceda lo que necesitamos para que el bien, la Palabra de Dios, la Justicia y el Amor sean los únicos motores de nuestras acciones y las únicas características de nuestro mundo.

Amen.

P. Germán
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