18th Sunday in the Church’s Time C Los Angeles, August 3rd /4th, 2019

posted Jul 31, 2019, 10:33 AM by St Sebastian Catholic Parish

18th Sunday in the Church’s

Time C

Los Angeles, August 3rd /4th, 2019

1st Reading: from the Book of Ecclesiastes 1:2; 2:21-23

Psalm: 89(90)3-4,5-6,12-13,14,17

Reading: Letter of Saint Paul to the Colossians 3,1-5.9-11

Gospel: Saint Luke 12,13-21

From the liturgy of this weekend I invite you to reflect on two phrases: "Vanity of vanities. All things are vanity! Someone in the midst of the crowd says to Jesus: “Teacher, tell my brother to share the inheritance with me.” 

"Vanity of vanities. All things are vanity! These words from the book of Qoheleth which is one of the books of Wisdom in the Bible and probably contains words of King Solomon, who is considered the great sage of the people of Israel, remind us that in life everything is vanity.

Nothing we have or what we know is final. Everything is temporary.

Work, studies, successes in life and all the fatigue, day after day, are only passing elements that should help us to live but that should not prevent us from living in peace and with confidence.

We make calculations and we are exhausted working to acquire knowledge, we suffer to have a job that offers us a better social position and a better salary, we live worried and our hearts are divided when our first concern is material things and we forget the essential of  life that is the love we offer and the love we receive.

Everything in life is vanity and the only solid reality that never disappears is the love that animates our journey and our relationships.

If there is love in our hearts, then work, studies and daily activities are no longer a source of suffering but a spring of joy. If love is the engine of our existence then we will listen to the cry of the one who says to the Lord: "Teacher, tell my brother to share the inheritance with me." We are part of the privileged people of the earth. We cannot close our ears to the shouts of all men and women who around us and in all parts of the world lack the resources to live humanely. The distribution of wealth in the world is not fair. We have a lot and there are many who have nothing. In the midst of our brothers and sisters, and sometimes in our own family, there are children, young people, old people, men and women of all ages who do not have enough to eat, a roof to shelter them from the sun, a doctor to cure their diseases, a school to develop their intelligence and a house to live in as a family.

Poverty in the world is increasingly visible. We, the rich, cannot remain deaf in the face of the cry of those who invite us to share.

Let's not forget that everything we have today, we are going to leave on earth on the day of death. Pope Francis says he has never seen a burial procession with a moving truck. No deceased take their wealth with them.

So let's take time, in this life, to observe what we have and share with those who live around us to help them have the minimum necessary to live humanely.

Everything is vanity and the only wealth that never disappears in life and that we will carry in our hearts for eternal life is love. Amen

Fr. Germán

18º Domingo Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 4 de agosto del 2019

1ª lectura: del libro del Eclesiastés (Cohélet) 1,2;2,21-23

Salmo: 89(90) 3-4.5-6.12-13.14.17

2ª lectura: carta de San Pablo a los Colosenses 3,1-5.9-11

Evangelio: de San Lucas 12,13-21

De la liturgia de este fin de semana, los invito a reflexionar sobre dos frases: “Ilusión, Ilusión, todas las cosas, absolutamente todas, son una vana ilusión” decía Cohélet y el grito de alguien en medio de la multitud que le dice a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo nuestra herencia”.

“Ilusión, Ilusión, todas las cosas, absolutamente todas, son una vana ilusión”. Estas palabras del libro de Cohélet, que es uno de los libros de la Sabiduría de la Biblia, que contiene probablemente palabras del Rey Salomón, que es considerado como el gran sabio del pueblo de Israel, nos recuerdan que en la vida todo es ilusión.

Nada de lo que tenemos o de lo que conocemos es definitivo. Todo es pasajero.

El trabajo, los estudios, los éxitos en la vida y todo el agotamiento día tras día son solamente elementos pasajeros, que deben ayudarnos a vivir pero que no deben impedirnos vivir en paz y con confianza.

Hacemos cálculos y nos agotamos trabajando para adquirir conocimientos, sufrimos para tener un trabajo que nos ofrezca día a día, una mejor posición social y un mejor salario. Vivimos preocupados y nuestro corazón se divide, cuando nuestra preocupación primera es material y nos olvidamos de lo esencial de la vida que es el amor que ofrecemos y el amor que recibimos.

Todo es ilusión y la única realidad sólida que no desaparece jamás es el amor que anima nuestra jornada y nuestras relaciones.

Si en nuestro corazón hay amor, entonces el trabajo, los estudios y las actividades cotidianas ya no son una fuente de sufrimiento, sino un manantial de alegría. Si el amor es el motor de nuestra existencia, entonces vamos a escuchar el grito de quien le dice al Señor: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo nuestra herencia”.  Nosotros formamos parte de los privilegiados de la tierra. No podemos cerrar los oídos al grito de todos los hombres y mujeres, que alrededor de nosotros y en todas las partes del mundo, carecen de recursos para vivir humanamente. La distribución de la riqueza en el mundo no es justa. Nosotros tenemos mucho y hay muchos que no tienen nada. En medio de nuestros hermanos y hermanas, y a veces en nuestra propia familia, hay niños, jóvenes, personas de edad, hombres y mujeres de todas las edades que no tienen para comer, un techo para abrigarse del sol, un médico para curar sus enfermedades, una escuela para desarrollar su inteligencia y una casa para vivir en familia.

La pobreza en el mundo es cada día más visible. Nosotros los ricos, no podemos quedarnos sordos frente al grito de aquellos que nos invitan a compartir.

No olvidemos que todo lo que tenemos hoy, vamos a dejarlo en la tierra en día de la muerte. El Papa Francisco dice que jamás ha visto una procesión de entierro con un camión de trasteo. Ningún difunto se lleva consigo sus riquezas.

Entonces tomemos tiempo, en esta vida, para observar lo que tenemos y compartamos con aquellos que viven alrededor de nosotros, para ayudarlos a tener lo mínimo necesario para vivir humanamente.

Todo es ilusión y la única riqueza que nunca desaparece en la vida y que llevaremos en nuestro corazón para la vida eterna es el amor.    

Amen.  P. Germán
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