18th Sunday of the Church A Los Angeles, August 2nd , 2020

posted Jul 31, 2020, 4:54 PM by German Sanchez

18th Sunday of the Church A

Los Angeles, August 2nd , 2020

1st Reading: from the prophet Isaiah 55,1-3

Psalm :144(145) 8-9.15-16.17-18

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Romans 8,37-39

Gospel: Saint Mathew 14,13-21

One of the Chinese customs that sometimes makes foreigners uncomfortable is the principle of mutual exchanges of gifts or services. For example, in a marriage, when people invite you, if you want to be polite you can prepare a red envelope and put money into it and then offer it to the bride and groom. If you are lucky enough, in some families they give you the envelope back at the end of the wedding with another amount of money, depending on how much they value you in their scale of relationships. 

This small ritual about giving and giving back is all about acknowledging the other person as such. The gift and the counter-gift are somehow much less important than the process itself, through which a relationship is acknowledged. 

This mechanism of giving and receiving is very present in our human lives: usually when we help someone, we expect him or her to help us back in return. This is also true in relationships: when we give friendship or love to someone, we expect this person to give us back friendship or love back.

Sometimes this dynamic is also present in our relationship with God. We give something to God (for example a time of prayer) and we wish that he would give us something back, or we receive something beautiful in our lives, and we believe that we will have to pay back for this. Something of this dynamic of giving and receiving is addressed in the readings of today. In the first reading we could listen at how the prophet Isaiah transmits the Gospel: The Lord is saying: All you who are thirsty, come to the water! You who have no money, come, receive grain and eat; Here, The Lord is saying that he does want to give us life, but he is also manifesting that he does not participate in our human logic of exchange. There is something different in the way God gives us and the way we give: Come, without paying and without cost, drink wine and milk! Why spend your money for what is not bread; your wages for what fails to satisfy? God is giving without any expectation of return, his gift of life is total and does not expect something in return, expect only one thing: that we enjoy the gift, that we enjoy the relationship with him. This is what Paul is saying in the second reading: What will separate us from the love of Christ? Will anguish, or distress, or persecution, or famine, or nakedness, or peril, or the sword? No, in all these things we conquer overwhelmingly through him who loved us.

In other words, God is offering us a type of relationship which 100% based on giving himself, without asking us to give back, which is the real definition of love. Sometimes we think of love as “fish love”: I love fish; therefore, I eat them: we love other people as long as they answer to our needs. But the Lord is not in this kind of relationship with us: if we trust him a little bit, if we give him a sign that we accept the quality of relationship that he is offering us, if we accept to receive him in our lives, then there is no limit to the extra ordinaries graces he wants to give us. This is what is expressed in the Gospel: By giving their fives loaves and two fishes, the crowd, through the intermediary of the disciples acknowledges its desire to be in relation with Jesus, and from this, Jesus gives back, basically gives himself back to the crowd. “They said to him, five loaves and two fish are all we have here. Then he said, bring them here to me, and he ordered the crowds to sit down on the grass. Taking the five loaves and the two fish, and looking up to heaven, he said the blessing, broke the loaves, and gave them to the disciples.” With God, the logic of love or relationship is not a logic of commercial exchange, but a logic of overabundance.

They all ate and were satisfied, and they picked up the fragments left over— twelve wicker baskets full. This is the grace we can ask for ourselves, that we open ourselves to the gifts and graces that the Lord wants to give to us.

Amen. Father Y.V.

18º Domingo del tiempo de la Iglesia A

Los Ángeles 2 de agosto del 2020

1ª lectura : del Libro del profeta Isaías 55,1-3

 Salmo : 144(145) 8-9.15-16.17-18

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 8,37-39

Evangelio: San Mateo 14,13-21

Una de las costumbres chinas que a veces incomoda a los extranjeros es el principio de intercambio mutuo de regalos o servicios. Por ejemplo, en un matrimonio, cuando la gente te invita, si quieres ser amable puedes preparar un sobre rojo y poner dinero dentro y luego ofrecérselo a los novios. Si tienes suerte, en algunas familias te devuelven el sobre al final de la boda con otra cantidad de dinero, dependiendo de cuánto te valoren en su escala de relaciones. 

En este pequeño ritual de dar y devolver se trata de reconocer a la otra persona como tal. El regalo y el contra regalo son de alguna manera mucho menos importantes que el proceso en sí mismo, a través del cual se reconoce una relación. 

Este mecanismo de dar y recibir está muy presente en nuestras vidas humanas: normalmente cuando ayudamos a alguien, esperamos que nos ayude a cambio. Esto también es cierto en las relaciones: cuando damos amistad o amor a alguien, esperamos que esta persona nos devuelva la amistad o el amor.

A veces esta dinámica también está presente en nuestra relación con Dios. Le damos algo a Dios (por ejemplo, un tiempo de oración) y deseamos que nos devuelva algo, o recibimos algo hermoso en nuestras vidas, y creemos que tendremos que pagar por ello.

En las lecturas de hoy, se trata de esta dinámica de dar y recibir. En la primera lectura pudimos escuchar cómo el profeta Isaías transmite la palabra del Señor: el Señor está diciendo: Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman. Aquí, el Señor quiere darnos la vida, y también manifiesta que no participa en nuestra lógica humana de intercambio comercial. Hay algo diferente en la forma en la que Dios nos da con la forma en la que nosotros damos: vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar.

¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta?

Dios da sin esperar nada a cambio, su regalo de la vida es total y no espera nada a cambio, sólo espera una cosa: que disfrutemos del regalo, que disfrutemos de la relación con él. Esto es lo que Pablo está diciendo en la segunda lectura: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado. En otras palabras, Dios nos está ofreciendo un tipo de relación que se basa 100% en darse a sí mismo, sin pedirnos que le devolvamos algo, que es la verdadera definición del amor. A veces pensamos en el amor como "amor de pez": Amo a los peces, por lo tanto, los cómo: amamos a otras personas siempre y cuando respondan a nuestras necesidades. Pero el Señor no está en este tipo de relación con nosotros: si confiamos un poco en él, si le damos una señal de que aceptamos la calidad de la relación que nos ofrece, si aceptamos recibirlo en nuestra vida, entonces no hay límite para las gracias extraordinarias que quiere darnos.

Esto es lo que se expresa en el Evangelio: Al dar sus cinco panes y dos peces, la multitud, por medio de los discípulos, reconoce su deseo de estar en relación con Jesús, y a partir de esto, Jesús devuelve, básicamente se devuelve a sí mismo a la multitud. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados. Él les dijo: Tráiganmelos. Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición.” Con Dios, la lógica del amor o la relación no es una lógica de intercambio comercial, sino una lógica de sobreabundancia. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Esta es la gracia que podemos pedir para nosotros mismos, que nos abramos a los dones y gracias que el Señor quiere darnos. Amen.

 Padre Y.V.
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