19th Sunday of the Church B Los Angeles, August 7th/8th, 2021

posted Aug 7, 2021, 2:52 PM by German Sanchez

19th Sunday of the Church B

Los Angeles, August 7th, 2021

1st Reading: from the  first Book of Kings 19:4-8

Psalm : 33(34)2-3,4-5,6-7,8-9

2º Reading:  from the letter of  Saint Paul to the Ephesians 4:30—5,2

Gospel: Saint John 6:41-51

I am the living bread that came down from heaven” says Jesus.

Many Jews and people who heard those words of Jesus were outraged, shocked, disappointed. They liked to listen to Jesus, they considered him a great prophet, but they could not accept that Jesus presented himself as the food that comes from heaven to feed humanity. After those words of Jesus, many of those who followed him turned away from him and even began to persecute him.

Supported by the words of Jesus, the Church tells us, from the beginning, that the Eucharist is the Bread that came down from heaven, the Body of Christ that came to feed humanity. I invite you today to reflect personal (and why not as a family or with your friends) on what the Eucharist represents in your life.

Do you believe what Jesus said and what the Church conveys to us? Every time you participate in the Eucharist, when you take that little piece of bread that the priest has consecrated to transform it into the Body of Christ, do you think that you have in your hands and in your body the living Bread that has come down from heaven to nourish your life?

I think that if we are here, it is because we believe that Jesus is the Bread of Life and that the Church offers us the Body of Christ in the Eucharist.

The most beautiful gift that God has offered to humanity is the Eucharist.

In the Eucharist we receive the Body of Christ.  We are fed and sent to the whole world.

In the Eucharist we receive the Body of Christ. Every time we take communion, our body is transformed into the temple of the Holy Spirit, and our life is transformed, by the presence of God in our words and in our actions. It does not matter whether we want to receive the Eucharist on our hands or on our tongue. Today, because of the virus and to respect hygiene measures, all Christians must receive the Eucharist in their hands. The most important thing today is that each Christian renew his faith in the Eucharist. That little piece of bread that the Church offers us is the Body of Christ that comes into the world to feed humanity.

In the Eucharist, God feeds us as he did with the prophet Elijah in the desert. The Eucharist is the Bread that has come down from heaven to comfort us, fortify us, and accompany us throughout our journey. If you face loneliness, illness, betrayal, hatred, or suffering, let us receive the Eucharist. That is the best antidote to all difficulties. In the dark moments of our life, let us receive the Eucharist and listen to the Word of God that tells us: “Get up. The road is not over. I'm with you.”

In the Eucharist we are sent to the whole world. We do not receive the Eucharist to stay here in the community but to go to the whole world to live with joy. With the Eucharist we must eliminate bitterness, irritation, anger, insults and evil from our lives. With the Eucharist we must allow ourselves to be filled with the fruits of the presence of the Holy Spirit, which are generosity, tenderness, forgiveness, and love.

The Eucharist is a treasure that God has entrusted to us and transforms us into the presence of Christ on earth.

I end with the Words of Saint Augustine: "Transform yourself into what you receive; transform yourself into the Body of Christ."

Amen. Fr. Germán

19º Domingo de la Iglesia B

Los Ángeles, el 8 de agosto del 2021

1ª lectura: del 1º libro de los Rey 19,4-8

Salmo : 33(34)2-3,4-5.6-7.8-9

2ª lectura: de la carta de San Pablo a los Efesios 4,30—5,2

Evangelio: de San Juan 6,41-51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” dice Jesús.

Muchos judíos y otras personas que escucharon esas palabras de Jesús se escandalizaron, se sintieron sorprendidas y decepcionadas. A ellos les gustaba escuchar a Jesús, lo consideraban como un gran profeta, pero no pudieron aceptar que Jesús se presentara como el alimento que viene del cielo, para alimentar a la humanidad. Después de esas palabras de Jesús, muchos de aquellos que lo seguían se alejaron de Él e incluso se se dedicaron a perseguirlo.

Apoyada en las palabras de Jesús, la Iglesia nos dice, desde el inicio, que la Eucaristía es el Pan que ha bajado del cielo, el Cuerpo de Cristo que vino a alimentar a la humanidad.

Los invito hoy a reflexionar personalmente y en familia o con sus amigos, sobre lo que representa la Eucaristía en su vida.

¿Creen ustedes lo que Jesús dijo y que la Iglesia nos transmite? Cada vez que participan en la Eucaristía tomando ese pequeño pedazo de pan que el sacerdote ha consagrado, para transformarlo en el Cuerpo de Cristo, ¿Creen que tienen en las manos y en su cuerpo el Pan que ha bajado del cielo, para alimentar su vida?

Pienso que si estamos aquí es porque creemos que Jesús es el Pan de Vida y que la Iglesia nos ofrece en la Eucaristía el Cuerpo de Cristo.

El regalo más hermoso que Dios ha ofrecido a la humanidad es la Eucaristía.

En la Eucaristía recibimos el Cuerpo de Cristo, somos alimentados y enviados al mundo entero.

En la Eucaristía recibimos el Cuerpo de Cristo. Cada vez que comulgamos, nuestro cuerpo se transforma en el templo del Espíritu Santo. Nuestra vida es transformada, por la presencia de Dios en nuestras palabras y en nuestros actos. Poco importa que deseemos recibir la Eucaristía en las manos o en la lengua. Hoy, a causa del virus y para respetar las medidas de higiene, todos los cristianos debemos recibir la Eucaristía en las manos. Lo más importante hoy, es que cada cristiano renueve su fe en la Eucaristía. Ese pequeño pedazo de pan que la Iglesia nos ofrece es el Cuerpo de Cristo que viene al mundo para alimentar a la humanidad.

En la Eucaristía, Dios nos alimenta como lo hizo con el profeta Elias en el desierto. La Eucaristía es el Pan que ha bajado del cielo para consolarnos, fortificarnos y acompañarnos a lo largo de la jornada. Si afronta la soledad, la enfermedad, la traición, el odio o el sufrimiento, reciba la Eucaristía. Ese es el mejor antídoto contra toda dificultad. En los momentos oscuros de nuestra vida, recibamos la Eucaristía y escuchemos la Palabra de Dios que nos dice: “Levántate. El camino no ha terminado. Yo estoy contigo”.

En la Eucaristía somos enviados al mundo entero. No recibimos la Eucaristía para quedarnos aquí en la comunidad, sino para ir al mundo entero a vivir con alegría. Con la Eucaristía debemos eliminar de nuestra vida la amargura, la irritación, la cólera, los insultos y la maldad. Con la Eucaristía debemos dejarnos llenar de los frutos de la presencia del Espíritu Santo que son la generosidad, la ternura, el perdón y el amor.       

La Eucaristía es un tesoro que Dios nos ha confiado y nos transforma en la presencia de Cristo en la tierra.

Termino con las Palabras de San Agustín: “Transfórmense en lo que reciben, transfórmense en el Cuerpo de Cristo”. Amen P. Germán
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