20º Domingo B 15 /16 de agosto del 2009

posted May 8, 2009, 9:54 AM by Fr Germán Sanchez

20th Sunday of the Church

Time B

Los Angeles, August 15th /16th, 2009

1st Reading: from the Book of Proverbs 9,1-6

Psalm : 33(34)1-3.10-11.12-13.14-15

2º Reading:  from the letter of  Saint Paul to the Ephesians 5,15-20

Gospel: Saint John 6,51-58

This weekend is the forth and the last Sunday that we read the discourse of Jesus on the Bread: the Eucharist.

On past Sundays we said that we need the Body and Blood of Christ to nourish our faith and live the call of God; we also reflected on the fact that we believe that the Bread and Wine we share in the Eucharist are the Body and Blood of the Christ. Last week we said that on each Eucharist God tells us: “Get up, eat and continue your journey.”

Today we can retain the words of Christ in the Gospel of Saint John that suggests concluding the reflection of Jesus’ discourse on the Bread of Life: “Whoever eats my flesh and drinks my blood remains in me, and I in him.”

This reflection is trying to show us the importance of living in Jesus and accept Jesus to live in us.

One of the Fathers of the Church (Saint Agustin) said: “Become what you have received: the Body of Christ.”

When we exit the Eucharist we can say that Jesus is in us and that He invites us to be in Him during all the week. When we exit the mass, we are not exiting alone, the Lord lives in us and he invites us to live in Him.

Yesterday (August 15) we celebrated the Assumption of Mary and the Church presents Mary as the perfect woman who knew how to receive the Son of God in her body and who followed without any doubt the steps of her Son to show us the path that leads us to Christ, that conducts us to the life that allows us to meet God.

Let us look at Mary to learn to live in Christ and to understand the mystery of the Eucharist that is the sacrament in which we become the Tabernacle of God because Christ makes of our body and of our life his room.

Help us Lord to respect our body and respect the body of our brothers since you chose us to live in us, to stay with us and show us how live in you and be with you when we exit the church.

Amen.

Fr. Germán



20º Domingo de la Iglesia

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 15 /16 de agosto del 2009

1ª lectura: del Libro de los Proverbios 9,1-6

Salmo : 33(34) 1-3.10-11.12-13.14-15

2ª lectura: la carta de San Pablo a los Efesios 5,15-20

Evangelio: de San Juan 6,51-58

Este fin de semana es el cuarto y último domingo consecutivo en el cual leemos el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida, sobre la Eucaristía.

En los domingos pasados dijimos que necesitamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo para alimentar nuestra fe y para vivir el llamado de Dios; meditamos también sobre el hecho que creemos que el Pan y el Vino que compartimos en la Eucaristía son el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La semana pasada dijimos que en cada Eucaristía Dios nos dice: “Levántate, come y sigue tu camino”.

Hoy podemos retener las palabras de Cristo en el Evangelio de San Juan que la Iglesia nos propone para concluir la meditación sobre el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida: “Quien come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él”.

Se trata de vivir en Jesús y de aceptar que Jesús viva en nosotros.

Uno de los Padres de la Iglesia (San Agustín) decía: “Conviértanse en lo que han recibido: el Cuerpo de Cristo”.

Al salir de la Eucaristía podemos decir que Jesús está en nosotros y que El nos invita a estar en El durante toda la semana. Al salir de la misa no salimos solos, el Señor vive en nosotros y nos invita a vivir en El.

Ayer (15 de agosto) celebramos la Asunción de María y la Iglesia nos presenta a Maria como la mujer perfecta que supo recibir al Hijo de Dios en su cuerpo y que seguía sin duda alguna los pasos de su Hijo para mostrarnos el camino que nos lleva a Cristo, que nos conduce a la vida y que nos permite encontrarnos con Dios.

Miremos a Maria para aprender a vivir en Cristo y para comprender el misterio de la Eucaristía que es el sacramento en el cual nos convertimos en el Tabernáculo de Dios ya que Cristo hace de nuestro cuerpo y de nuestra vida su habitación. 

Ayúdanos Señor a respetar nuestro cuerpo y a respetar el cuerpo de nuestros hermanos ya que tu nos escogiste para vivir en nosotros, para quedarte con nosotros y enséñanos a vivir en ti y estar contigo al salir de la iglesia.

Amen

     P. Germán
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