20th Sunday A LA, August 13th -14th , 2011

posted Aug 11, 2011, 9:29 PM by Fr. German Sanchez

20th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, August 13th -14th  , 2011

1st Reading: from the  Book of  Isaiah 56,1.6-7

 Psalm :66(67)2-3.5.6.8

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Romans 11,13-15.29-32

Gospel: Saint Mathew 15,21-28

 

Today's liturgy invites us to talk about foreigners and reminds us that the Church is the house of prayer for all.

The Gospel offers an episode from the life of Jesus to show that the situation of dealing with foreigners who need to be welcomed is a very old one. 

The first Christians had to reflect a lot and change their customs to understand that Christ came for all and that there can’t be borders in the Church.

The members of the first Christian community had to change their views and their contempt for foreigners so as to accept all people of diverse backgrounds who wanted to become part of the Christian family.

Jesus himself used arguments of his time trying to avoid a foreign woman who was asking for help.
The disciples intervened and urged Jesus to answer her plea, not because they felt any pity for her but to stop her nagging.

Later on Jesus changes his attitude.

Then the Christian community learned to open up and to welcome immigrants who didn’t have the same origins, the same history or the same culture.

The Church untiringly reminds us that there are no borders for God.

Today more than ever, we face encountering people residing in our cities and country who have differing origins and cultures.

The Eucharist, the bread and wine that people receive in Africa is the same sacrament received by people in Asia, Europe, North America, Central America and South America.

We all receive the same Word of God and we all share the same Body of Christ. Therefore, fed with the same Word and with the same Body, we must embrace each other as members of the same family, the family of God.

In praying the Our ​​Father, we profess that God is the father of all peoples and, consequently, we are all brothers and sisters.

The first Christian community had to evolve in order to stop treating foreigners as second-class members. Now we must also evolve promoting the idea that immigrants cannot be regarded as second-class.

Let’s open our hearts to the Word of God and let’s consent to be guided by Christ who wants to gather all peoples and all nations into one house: the Church.

Let’s pray for our leaders so that they will model their behavior of viewing foreigners not as a threat to our economy or to the security of our country, but as a good opportunity to build a future together. May the richness and the beauty of our multicultural communities be an example for those who are afraid of, who distrust or who despise foreigners.

Amen.

Fr. Germán

20º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 14 de agosto del 2011

1ª lectura : del Libro del profeta Isaias 56,1.6-7

 Salmo : 66(67)2-3.5.6.8

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 11,13-15.29-32

Evangelio: San Mateo 15,21-28

 

 

La liturgia de hoy nos invita a hablar de los extranjeros y nos recuerda que la Iglesia es la casa de oración de todos los pueblos.

El Evangelio nos ofrece un episodio de la vida de Jesús en la primera comunidad de creyentes para mostrarnos que la situación de los extranjeros que desestabilizan y que necesitan ser acogidos es una situación bastante antigua.

Los primeros cristianos tuvieron que reflexionar bastante y tuvieron que cambiar sus habitudes para comprender que Cristo vino para todos y que en la Iglesia no puede haber fronteras.

La primera comunidad cristiana tuvo que reconsiderar su manera de pensar y su desprecio por los extranjeros para aceptar a todos aquellos de diferentes orígenes que deseaban integrar la familia cristiana.

El mismo Jesús, utilizó argumentos de su época para no ocuparse de aquella mujer extranjera que le solicitaba un servicio.

Los discípulos intervienen para que responda a esta extrajera, no por piedad de ella sino para que deje de molestarlos.

Jesús cambia de actitud y la comunidad cristiana aprende a abrirse y a acoger los que vienen de afuera, que no tienen los mismos orígenes y que no poseen ni la misma historia ni la misma cultura.

La Iglesia no se cansa de recordarnos que para Dios no hay fronteras.

Hoy más que nunca, estamos frente al encuentro de culturas y a la mundialización en los orígenes de las personas que viven en nuestras ciudades y en nuestros países.

La Eucaristía, el pan y el vino que los Africanos reciben es el mismo que aquel que los Asiáticos, los Europeos, los Americanos del Norte, del Centro o del Sur  reciben.

Todos recibimos la misma Palabra de Dios y todos compartimos el mismo Cuerpo de Cristo. Entonces, alimentamos con la misma Palabra y con el mismo Cuerpo debemos acogernos unos a otros como miembros de la misma familia, de la familia de Dios.

En el Padre nuestro que recitamos frecuentemente afirmamos que Dios es el padre de todos y por consecuencia somos hermanos y hermanas de todos.

La primera comunidad cristiana tuvo que evolucionar para no seguir considerando a los extranjeros como miembros de segunda categoría. Hoy debemos evolucionar para evitar que en nuestras sociedades haya hombres y mujeres que sean considerados como de segunda clase.

Abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios y dejémonos guiar por Cristo que desea reunir todos los pueblos y todas las naciones en una sola casa: la Iglesia.

Oremos por nuestros gobernantes para que nos ayuden a mirar al extranjero no como una amenaza para nuestra economía o para la seguridad de nuestros países sino como una buena oportunidad para construir juntos el futuro. Que la riqueza y la belleza multicultural de nuestras comunidades sean un ejemplo para aquellos que tienen miedo, que desconfían o que desprecian a los extranjeros.

Amen.

P. Germán
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