22nd Sunday in the Church’s time C Los Angeles, August 27th /28th, 2016

posted Aug 25, 2016, 6:34 PM by German Sanchez

22nd Sunday in the Church’s time

Time C

Los Angeles, August 27th /28th, 2016

1st Reading: from the Book of Sirach 3,17-18.20.28-29

Psalm : 67(68)4-5,6-7,10-11

2nd Reading: Letter to the Hebrews 12:18-19.22-24a

Gospel: Saint Luke 14,1.7-14

The Liturgy of this Sunday invites us to consider humility and gratuity.

Humility.

One of the finest qualities of a person is humility. It is nice to speak with or to spend time with humble people.

We admire and learn a lot from people who know that they are not more than others and that in the world there are many people more important, smarter and more capable than they.

Humility is a sign of intelligence; it demonstrates the greatness of the person. It is the characteristic of those who don’t need to brag to be recognized and loved by others.

Humility is measured by the way people talk to others, by the way they appreciate their brothers and sisters in the work or activities they do together.

One way to show humility is listening to others. Those who listen don’t interrupt others while they are talking, do not give the impression of knowing in advance what the other will say and always consider the words the other person shares.

Humility always goes together with listening. A humble heart is always open to the words of others and to the word of God. Sometimes we don’t listen to the voice of God. Whoever thinks that they know everything doesn’t think others and God can teach them something.

Humility is indispensable to following Jesus. A humble heart is necessary to live like disciples of Jesus. Without humility we can not truly love others. Humility helps us to welcome others, to value and appreciate them.

Luck of humility in our lives is a barrier to allowing others to approach us and to allowing God to penetrate our hearts.

Humility goes together also with gratuity.

We are humble because we recognize that God gave us life. Everything we have and we are is freely given.

To recognize gratuity in all we have, invites us to give, to share and to offer freely to our brothers and sisters what we have and what we are.

Whoever gives freely lives happier than those who give and wait for recompense. If we give freely and we receive back thanks we are happy because we didn’t expect anything in return. But if we give and we wait for a gift in return that never arrives we will be unhappy, disappointed and sad thinking that what we gave was not appreciated.

To give freely we need to open our hearts to all and especially to the neediest. Gratuity avoids our closing in on ourselves in a small circle of those who can give back what we give to them. This opens us to unknown people, to God, who is always somebody very different from us.

Amen

Fr. Germán

22º Domingo Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 28 de agosto del 2016

1ª lectura: del libro del Sirácide (Eclesiástico) 3,17-18.20.28-29

Salmo: 67(68)4-5.6-7.10-11

2ª lectura: carta a los Hebreos 12,18-19.22-24a

Evangelio: de San Lucas 14,1.7-14

La liturgia de este domingo nos invita a hablar de humildad y gratuidad.

Humildad.

Una de las cualidades más hermosas de una persona es la humildad. Es bastante agradable hablar y pasar tiempo con personas humildes. Las admiramos y aprendemos mucho al interactuar con los que saben que no son más grandes que los demás y que en el mundo hay personas mucho más importantes, inteligentes y capaces que ellas.

La humildad es prueba de inteligencia, es la demostración de la grandeza de la persona, es la característica de aquellos que no necesitan vanagloriarse de lo que no son, para ser reconocidos y amados por los demás.

La humildad de alguien, se mide en su manera de hablar con los demás, en su manera de apreciar a sus hermanos y hermanas en el trabajo, o en las actividades que realizan juntos. La mejor manera de manifestar la humildad es escuchar al otro. Quien sabe escuchar a los demás, no interrumpe al otro cuando está hablando. No da la impresión de saber,  lo que el otro va a decir antes de que hable. Se maravilla siempre de las palabras que el otro comparte con él/ella. La humildad camina siempre junto con la capacidad de escuchar. Un corazón humilde está siempre abierto a la palabra del otro y a la palabra de Dios. A veces no escuchamos la voz de Dios por falta de humildad. Quien cree saberlo todo, no piensa que el otro y Dios pueden enseñarle algo.

La humildad es indispensable para seguir a Jesús. Un corazón humilde es necesario para vivir como discípulo de Jesús. Sin humildad no podemos amar a los demás. La humildad nos ayuda a recibir a los demás, a valorizarlos y apreciarlos. La falta de humildad en nuestra vida es una barrera para que los demás, se acerquen a nosotros y para que Dios pueda penetrar en nuestro corazón.

La humildad camina también siempre con la gratuidad.

Somos humildes porque reconocemos que Dios nos ha dado gratis la vida, todo lo que somos y lo que poseemos.

Reconocer la gratuidad de todo lo que tenemos nos invita a dar, a compartir y a ofrecer gratuitamente a nuestros hermanos(as) lo que tenemos y lo que somos.

Quien da gratuitamente vive más feliz, que quien da esperando una recompensa. Si damos gratuitamente y recibimos un agradecimiento, estamos satisfechos ya que no esperamos algo. Pero si damos esperando un reconocimiento que no llega, vamos a sentirnos mal, tristes y decepcionados, pensando que lo que hemos ofrecido,  no ha sido valorizado.

Dar gratuitamente abre nuestro corazón a todos y sobre todo a los más necesitados. La gratuidad nos impide encerrarnos, en el pequeño círculo de quienes pueden devolvernos lo que damos. Nos abre a los desconocidos y a Dios que es siempre diferente a  nosotros.

Amen.

 P. Germán
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