23rd Sunday C Sept 4th -5th, 2010

posted Sep 2, 2010, 5:51 PM by Fr. German Sanchez

23rd  Sunday in the Church’s time

Time C

Los Angeles, September 4th -5th, 2010

1st Reading: from the book of Wisdom 9,13-18

Psalm : 89(90) 3-4.5-6.12-13.14.17

Reading: from the Letter from Paul to Philemon 9b-10.12-17

Gospel: Saint Luke 14,25-33

On this first Sunday of the month of September, after summer vacations, the liturgy proposes some texts that could feed our spiritual reflections during the whole year.

The book of Wisdom affirms that thanks to the coming of the Holy Spirit, the paths of the earth became straight and men know the will of God.

Psalm 89 reminds us that the Lord is our refuge or better yet, the fountain of love and happiness of humanity.

In the second reading, Paul talks about the fraternity that is the result of baptism and he urges us to think about our relationship with the community.

The Gospel reminds us of the importance of placing Christ at the center of our existence.

I would like to dwell for a few moments on the second reading that, in my opinion, gives us the key to understand the texts of this Sunday.

The letter of Paul to Philemon is very short and I invite you to read it all this week.

When this letter was written, Paul had grown old and he is incarcerated in Rome where he found one of Philemon’s slaves that had been accused of causing harm to his master. Onesimus, Philemon’s slave, was baptized by Paul and was one of the disciples in the jail (Mamertine prison), which is located on the side of the Roman Forum which one can still visit if some day you are ever in Rome.

Philemon is a Christian of the community of Rome.  He is a friend and disciple of Paul.  He is a rich man.  Onesimus, when finishing his sentence, is going to be liberated from jail and doesn’t know where to go or how to reintegrate into a society that had condemned him because of his mistake.  He had gone to jail a pagan and now returns to society a Christian, a new man.

Paul writes to his friend Philemon to ask him to welcome Onesimus back.  Paul invites Philemon to forgive Onesimus for running away and to see him not as his slave but as a brother.  He tells him “if you are in communion with me, welcome him as if I were him”

This letter of Paul to Philemon shows us how we Christians should behave with others.  To write and articulate speeches is easy; but in daily life, when it comes to forgiving someone that has harmed us, that is not so easy.  We have to believe in the change of those that have made a mistake during their existence.  

It is sometimes very hard for us to act in ways that give testimony of the presence of the Holy Spirit within us. But through baptism, we have become brothers and sisters in Christ, and ever since we were baptized, the Holy Spirit dwelling within us has shown us the will of God. We just need to tune in the voice within us.

Let’s take Philemon’s letter as a message from Paul to all of us.  Like members of the Body of Christ, of the Christian community, let’s be conscious of the fraternity that unites us, thanks to the same baptism that we have received and the same bread and wine that we share in the Eucharist.

Amen.

 

Fr. Germán


23º Domingo tiempo de la Iglesia  

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 4 y 5 de septiembre del 2010

1ª lectura: del libro de la Sabiduría 9,13-18

Salmo : 89(90) 3-4.5-6.12-13.14.17

2ª lectura: de la carta de Pablo a Filemón 9b-10.12-17

Evangelio: de San Lucas 14,25-33

En este primer domingo de septiembre, después de las vacaciones, la liturgia nos propone algunos textos que pueden alimentar la reflexión durante todo el año.

 El libro de la Sabiduría afirma que gracias a la venida del Espíritu Santo, los caminos de la tierra se hicieron rectos y los hombres conocen la voluntad de Dios.

El salmo nos recuerda que el Señor es nuestro refugio o mejor todavía, la fuente del amor y de la felicidad de la humanidad.

En la segunda lectura, Pablo nos habla de la fraternidad que resulta del bautismo y con un ejemplo concreto nos invita a pensar en nuestras relaciones en la comunidad.

El Evangelio nos recuerda la importancia de colocar a Cristo en el centro de nuestra existencia.

Yo quisiera detenerme algunos momentos en la segunda lectura que, según mi opinión, nos da la clave para comprender los otros textos de este domingo.

La carta de Pablo a Filemón es bastante corta y los invito a leerla enteramente en esta semana.

Pablo ha envejecido y está en la cárcel en Roma en donde encontró uno de los esclavos de Filemón que había sido acusado de haberle hecho daño a su amo. Onésimo, el esclavo de Filemón se hizo bautizar por Paul y ahora es uno de sus discípulos en la cárcel Mamertina que se encuentra al lado del Forum Romano que ustedes pueden visitar si algún día van a Roma.

Filemón es un cristiano de la comunidad de Roma. Es un amigo y un discípulo de Pablo. Es un hombre rico.

Onésimo, al cumplir su pena, va a ser liberado de la cárcel y no sabe a dónde ir ni como reintegrar la sociedad que lo había condenado, a causa de su error. El había entrado a la cárcel como pagano y ahora regresa a la sociedad como cristiano.

Pablo le escribe a su amigo Filemón para solicitarle que reciba a Onésimo. Pablo invita Filemón a perdonar a Onésimo y a verlo ya no como un esclavo sino como un hermano. El le dice: “si estás en comunión conmigo, acógelo como si fuera yo”.

Esta carta de Pablo a Filemón nos muestra concretamente la manera cómo los cristianos debemos comportarnos con los demás. Escribir y pronunciar discursos es muy fácil; pero en la vida cotidiana, cuando se trata de perdonar a alguien que nos ha hecho daño y cuando hay que creer en el cambio de aquellos que han cometido errores en su existencia, nos cuesta trabajo dar testimonio de la presencia del Espíritu de Dios en nosotros que nos enseña la voluntad de Dios y que nos hace por medio del bautismo hermanos de Cristo, miembros de la familia de Dios. 

Tomemos la carta a Filemón como un mensaje de Pablo para cada uno de nosotros. Como miembros del Cuerpo de Cristo, de la comunidad cristiana, tratemos de tomar conciencia de la fraternidad que nos une gracias al mismo bautismo que hemos recibido y al mismo pan y vino que compartimos en la Eucaristía.

Amen

P. Germán


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