23rd Sunday of the Church A Los Angeles, September 6th, 2020

posted Sep 4, 2020, 4:17 PM by St Sebastian Catholic Parish

23rd Sunday of the Church A

Los Angeles, September 6th, 2020

1st Reading: from the  Book of the Prophet  Ezekiel 33,7-9

 Psalm :94(95)1-2.6-7.8-9

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Romans 13,8-10

Gospel: Saint Mathew 18,15-20

Dear brothers and sisters, the readings of today can be summarized by a debate or a tension we are passing through nowadays. With the pandemic, we are all invited to wear a mask in public. Some us may think that the mask is to protect ourselves for not being infected. But, this is not the case. The purpose of wearing a mask is to protect other people around us. In other words, it is not about us, but about others.

[This tension is common in our human lives. Very often we assume that things are shaped according to our own perspective. For example, we assume that because we are human beings we know everything about human life, when for many christians in the early times of the church, the real definition of being human was the Christ, because he was a human being fully in relation with God the Father. And all of us, as human brothers and sisters of Christ we are invited to become humans as Christ is, fully in relation with God].

This type of assumption that we know everything according to our perspective is also true about love. Sometimes, we think about love according to our own experience of it. We think that we know everything about love because we understand it according to our concrete feelings, whether regarding the love in a family between parents and children, love in a couple, or love in a community.

The problem if we stay only with our feelings is that sometimes it tends to make us think about love as the love of fish: I love fishes therefore I eat them. I love the people or the activities that fulfill my needs, therefore I assimilate them. This type of love tends to absorb the distance between myself and the object of my love, without respecting a form of alterity. Here, I do not want to criticize too much this type of love. It may be one, but necessary phase, in a dynamic: in the Gospel we also have the invitation to love our brothers and sisters like ourselves which implies that we need to learn to take care of our needs too. And somehow, we all know that when our needs of being loved and acknowledge as a person are not fulfilled, it is much more difficult to be open to other people.

Therefore, the perspective of the readings of today is to challenge ourselves. They invite us to give a further step. The readings of today develop the idea that love is a call to act with responsibility. And whether as parents, partners or people in charge of a community you have experienced this transformation of a way of loving: from caring for our own needs to act with responsibility.

In the first reading, we can listen at God saying: I will hold you responsible for the death of the wicked if you do not speak out to dissuade him from his way.

In other words, God is inviting us to go beyond ourselves and our own needs, and to respond for the life of others. This call takes an other turn in the letter to the Romans. The letter to the Romans was written by Paul at the end of his life. It is named to the Romans because this letter was sent to Rome to a community of christians who in majority had a Jewish background. The Romans to whom Paul is writing were jews who just converted to christian faith, and many of them were still struggling with the jewish tradition of the Law. In this letter, Paul tries to convince Jews that salvation is now offered through Christ and not through the Law. But, this does not mean that the Law is useless. Law is a structure given by God that helps us to be responsible for the people, or in the perspective of the Bible, to be able to love: Love does no evil to the neighbor; hence, love is the fulfillment of the law.

In the old Testament, the Law is a gift from God given at the Sinai, to help the people to be responsible for one each other as an expression of their love for God. The only problem with the law is when we use it to prove ourselves right. And when we use the Law to prove that we are right, we forget the dynamic of the relationship with God that invites us to be responsible for others, as God takes responsibility for us.

This invitation to be responsible one for an other, as God takes responsibility for us is reminded in the Gospel, in a dynamic way. It all about being able to be able to answer to a call. This call is a call to love which precisely in the perspective of the Gospel means to act with responsibility towards my brothers and sisters. This also show us the way God loves: his love is expressed through the responsibility he takes for his people along history. This was true in the times of Ezechiel, of Paul, and is still true nowadays. Even in a times of pandemic, God does not give up on his people, as he invites us to never give up on our brothers and sisters. Fr. Y.V.

23º Domingo del tiempo de la Iglesia A

Los Ángeles 6 de septiembre del 2020

1ª lectura : del Libro del profeta Ezequiel 33,7-9

 Salmo : 94(95) 1-2.6-7.8-9

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 13,8-10

Evangelio: San Mateo 18,15-20

Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy se pueden resumir en un debate o una tensión que estamos atravesando hoy en día. Con la pandemia, todos estamos invitados a llevar una máscara en público. Algunos podemos pensar que la máscara es para protegernos para no ser infectados. Pero, este no es el caso. El propósito de llevar una máscara es proteger a otras personas a nuestro alrededor. En otras palabras, no se trata de nosotros, sino de los demás.

(Esta tensión es común en nuestra vida humana. Muy a menudo asumimos que las cosas se forman de acuerdo a nuestra propia perspectiva. Por ejemplo, asumimos que porque somos seres humanos sabemos todo sobre la vida humana, cuando para muchos cristianos en los primeros tiempos de la iglesia, la verdadera definición de ser humano era el Cristo, porque era un ser humano plenamente en relación con Dios Padre. Y todos nosotros, como humanos hermanos y hermanas de Cristo estamos invitados a convertirnos en humanos como Cristo, plenamente en relación con Dios).

Este tipo de suposición de que lo sabemos todo según nuestra perspectiva también es cierto en cuanto al amor. A veces, pensamos en el amor según nuestra propia experiencia de él. Pensamos que lo sabemos todo sobre el amor porque lo entendemos según nuestros sentimientos concretos, ya sea en relación con el amor en una familia entre padres e hijos, el amor en una pareja, o el amor en una comunidad.

El problema, si nos quedamos sólo con nuestros sentimientos, es que a veces tiende a hacernos pensar en el amor como el amor de los peces: Amo los peces, por lo tanto, los como. Amo a las personas o las actividades que satisfacen mis necesidades, por lo tanto, las asimilo. Este tipo de amor tiende a absorber la distancia entre mi y el objeto de mi amor, sin respetar una forma de alteridad. Aquí, no quiero criticar demasiado este tipo de amor. Puede ser una fase, pero necesaria, de una dinámica: en el Evangelio tenemos también la invitación a amar a nuestros hermanos y hermanas como a nosotros mismos, lo que implica que tenemos que aprender a atender también nuestras necesidades. Y de alguna manera, todos sabemos que cuando nuestras necesidades de ser amados y reconocidos como personas no son satisfechas, es mucho más difícil estar abiertos a otras personas.

Por lo tanto, la perspectiva de las lecturas de hoy es desafiarnos a nosotros mismos. Nos invitan a dar un paso más. Las lecturas de hoy desarrollan la idea de que el amor es un llamado a actuar con responsabilidad. Y ya sea como padres, parejas o personas a cargo de una comunidad, todos han experimentado esta transformación de una forma de amar: de cuidar de nuestras propias necesidades a actuar con responsabilidad.

En la primera lectura, podemos escuchar a Dios diciendo: Te haré responsable de la muerte del malvado si no hablas para disuadirlo de su camino.

En otras palabras, Dios nos invita a ir más allá de nosotros mismos y de nuestras propias necesidades, y a responder por la vida de los demás. Esta llamada toma otro giro en la carta a los romanos. La carta a los romanos fue escrita por Pablo al final de su vida. Se llama así porque esta carta fue enviada a Roma a una comunidad de cristianos que en su mayoría eran de origen judío. Los romanos a los que Pablo escribe eran judíos que acababan de convertirse a la fe cristiana y muchos de ellos aún luchaban con la tradición judía de la Ley. En esta carta, Pablo intenta convencer a los judíos de que la salvación se ofrece ahora a través de Cristo y no a través de la Ley. Pero esto no significa que la Ley sea inútil. La Ley es una estructura dada por Dios que nos ayuda a ser responsables de que la gente, o en la perspectiva de la Biblia, sea capaz de amar: El amor no hace ningún mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley. En el Antiguo Testamento, la Ley es un regalo de Dios dado en el Sinaí, para ayudar al pueblo a ser responsable de los demás como expresión de su amor a Dios. El único problema con la ley es cuando la usamos para probar que tenemos razón. Y cuando usamos la Ley para probar que tenemos razón, olvidamos la dinámica de la relación con Dios que nos invita a ser responsables de los demás, ya que Dios se hace responsable de nosotros. Esta invitación a ser responsables los unos de los otros, como Dios se responsabiliza de nosotros se recuerda en el Evangelio, de una manera dinámica. Se trata de ser capaz de responder a una llamada. Esta llamada es una llamada al amor que, precisamente en la perspectiva del Evangelio, significa actuar con responsabilidad hacia mis hermanos y hermanas. Esto también nos muestra el modo en que Dios ama: su amor se expresa a través de la responsabilidad que asume por su pueblo a lo largo de la historia. Esto era cierto en los tiempos de Ezequiel, de Pablo, y sigue siendo cierto hoy en día. Incluso en tiempos de pandemia, Dios no se da por vencido con su pueblo, ya que nos invita a no darnos por vencidos con nuestros hermanos y hermanas. P. Y.V.
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