24th Sunday A September 10th -11th , 2011

posted Sep 7, 2011, 5:24 PM by Fr Germán Sanchez   [ updated Sep 10, 2011, 11:38 AM by Fr. German Sanchez ]

24th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, September 10th  -11th  , 2011

1st Reading: from the  Book of  Sirach 27,30—28,7

 Psalm :102(103)1-2.3-4.9-10.11-12

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Romans 14,7-9

Gospel: Saint Mathew 18,21-35

 

Last Sunday we talked about fraternal correction and this Sunday the liturgy invites us to address the issue of forgiveness.

It is not easy to speak of forgiveness today on September 11, given that we are commemorating the tragedy that occurred 10 years ago in New York. However, we can’t overlook the uniqueness of Christianity regarding evil and sin: forgiveness.

Christianity, as well as all religions and almost all political movements fight evil and defend those who suffer from violence and injustice.

It is clear that civil justice should work to identify the guilty, to demand compensation for damages whenever possible, to punish evil, to correct those responsible, and to prevent recurrence.

We don’t deny the responsibility of human justice that needs to work to end impunity and ensure the safety of all citizens.

However, when we are before a person who has done something wrong and has committed a sin we must take the attitude of Jesus.

Facing injustice and the horrors of the crucifixion, Jesus gazes at his enemies with a look of mercy and says: "Father, forgive them, for they do not know what they are doing." Lk 23,34 And, in the only prayer that Jesus himself taught us, we say: "forgive us our sins, as we forgive those who sin against us" Mt 6,12.

Forgiveness is the uniqueness of Christianity. In fact, frequently attributed to the weak and lacking a good reputation in society, forgiveness is a powerful tool for building peace.

Forgiving is not simple. It takes time and we often need many years before we start to forgive. Forgiving is a heroic and, sometimes, a superhuman act. But forgiveness is essential to family life and society.

Hatred, resentment and revenge are emotions causing suffering, first of all, to the person that carries them and which bring us into a spiral of violence that won’t ever end the afflictions of humankind.

Revenge triggers retaliation and hatred breeds hatred. Only the heroic solution of forgiveness can break evil’s vicious circle. Following the example of Christ, the baptized must respond to evil and hatred with good. We need the Eucharist to grow in us the presence of God who is love and forgiveness.

There are situations in which forgiveness is impossible unless we are inspired by the strength and light of God.

Forgiveness is an attribute of God because God is love and forgiveness is the measure of love. The more we are able to forgive someone, the stronger our love for the forgiven.
If we forgive our children seventy times seven it is because we truly love them who are flesh of our flesh.
Let’s ask the Lord to help us grow in our capacity to forgive.
Blessed are those who forgive for they are the builders of peace.

Amen.

Fr. Germán

24º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 11 de septiembre del 2011

1ª lectura : del Libro del Sirácide (Eclesiástico) 27,30—28,7

 Salmo : 102(103) 1-2.3-4.9-10.11-12

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 14,7-9

Evangelio: San Mateo 18,21-35

 

El domingo pasado hablamos de la corrección fraterna y este domingo la liturgia nos invita a abordar la cuestión del perdón.

Hablar del perdón hoy 11 septiembre, sabiendo que conmemoramos la tragedia de hace 10 anos en Nueva York, no es fácil.

Pero no podemos ignorar la originalidad del cristianismo frente al mal y al pecado: el perdón.

El cristianismo, todas las religiones y casi todos los movimientos políticos combaten el mal y defienden los que sufren a causa de la violencia y de la injusticia.

Es evidente que la justicia civil debe hacer su trabajo para identificar a los culpables, para exigir reparación de los daños, cuando es posible y para castigar el mal para corregir a los responsables y para evitar la recidiva.

Nosotros no negamos la responsabilidad de la justicia humana que debe trabajar para evitar la impunidad y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.

Pero, cuando estamos frente a la persona que ha hecho algo malo y que ha cometido un pecado debemos tomar la actitud de Jesús.

Frente a la injusticia y delante el horror de la cruz, Jesús mira a sus agresores con una mirada de misericordia y dice: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Lc 23,34

En la única oración que el mismo Jesús nos enseñó, decimos: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”. Mt  6,12

El perdón es la originalidad del cristianismo. El perdón que no tiene buena reputación en la sociedad y que es atribuido a los débiles es un arma poderosa para construir la paz.

Perdonar no es simple. El perdón exige tiempo y frecuentemente necesitamos muchos años antes de empezar a perdonar. El perdón es un acto heroico y a veces sobrehumano.

El perdón es indispensable para vivir en familia y en sociedad.

El odio, el rencor y la venganza son sentimientos que hacen sufrir en primer lugar la persona que los porta y que nos hacen entrar en un espiral de violencia que no parará nunca el sufrimiento de la humanidad. La venganza produce venganza y el odio produce odio. Solo la solución heroica del perdón puede romper el círculo infernal del mal.

Al ejemplo de Cristo, los bautizados deben responder al mal y a la maldad con el bien.

Hay situaciones en las cuales el perdón no es posible si no estamos animados por la fuerza y la luz de Dios.

El perdón es un atributo de Dios ya que Dios es amor y que el perdón es la medida del amor. Necesitamos la Eucaristía para que crezca en nosotros la presencia de Dios que es amor y que perdona.

Entre más somos capaces de perdonar, más nuestro amor por la persona perdonada es fuerte.

Si perdonamos a nuestros hijos setenta veces siete es porque los amamos verdaderamente ya que son carne de nuestra carne.

Pidámosle al Señor que nos ayude a crecer en nuestra capacidad de perdonar.

Felices los que perdonan ya que son obreros de la paz.

Amen.

P. Germán
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