24th Sunday of the Church A LA, Sept. 17th -18th, 2011

posted Sep 17, 2011, 3:43 PM by Fr Germán Sanchez

24th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, September 17th  -18th  , 2011

1st Reading: from the  Book of the prophet Isaiah 55,6-9

 Psalm :144(145)2-3.8-9.17-18

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Philippians 1,20c.24.27a

Gospel: Saint Mathew 20,1-16

 

Christians are well acquainted with the Gospel that the Church proposes for this Sunday. We often use it to reflect on the righteousness of God and the generosity of the Lord who paid the same full salary to both the employees hired at the last hour and those who started to work early in the morning.

Today I invite you to discover another aspect of this beautiful parable.

All of us are invited to work in the Kingdom of God and the Lord expects an answer from us today. It's great to discover that the Lord counts on us. What a joy it is to know that each of us is important in building the Kingdom of God.

Christ came to earth to teach us how to work in the vineyard of our Father. He says that the only skill required to become good workers is the desire to love and to be loved.
Everybody, children, the young, adults and the elderly, all are welcome to work in the Kingdom of God. The Church counts on each of us. We all have a place in the Church to participate in the construction of the world, to be active in the work necessary to transform the world into the Kingdom of God.

The lack of work and the unemployed should not exist in the Kingdom of God. The owner of the vineyard needs workers. In the Gospel we just read, he came today to offer us a job in his vineyard. Do you want to work with God? Trust Him and you will get a good salary: happiness and peace forever.


If you are determined to work with God, I propose three steps to sign a work contract.

First, we need to engage ourselves. Yes, Lord. I want to help you build the Kingdom of God around me.

Second, we need to start right now. Today when we leave the church, we can say: I’ve got a new job. I'm one of God's employees, part of the workers of the Church.

Third, we must take our work tool: love. From now on, everything that I do should be inspired by love. There should be nothing in my words and my actions except love. As Saint Teresa of the child Jesus said, I will transform myself into love.

Children who do everything for the love of their parents, who share their toys out of love for their siblings and friends; the young students who study for the love of science and the world that they will serve as adults; the husband and wife who always receive each other with open arms and a smile; the father and mother who, work honestly to set an example for their children; single people who give their time away to help others out of love for the needy; the elderly  whose houses are open to receive and to share their lives with others out of love for humanity; we are all building the Kingdom of God when we let the flame of love burning in our hearts externalize our words and our actions.

Let’s not leave the church today without signing a contract with God. He needs workers and we are all well trained to respond to his invitation.

Amen.

Fr. Germán

24º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 18 de septiembre del 2011

1ª lectura : del Libro del profeta Isaías 55,6-9

 Salmo : 144(145) 2-3.8-9.17-18

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Filipenses 1,20c.24.27a

Evangelio: San Mateo 20,1-16

Los cristianos conocemos bien el Evangelio que la Iglesia nos propone para este domingo. Frecuentemente lo utilizamos para reflexionar sobre la justicia de Dios y sobre la generosidad del Señor que da el mismo sueldo a los empleados de la última hora que a aquellos que comenzaron a trabajar temprano en la mañana.

Hoy quisiera invitarlos a descubrir otro aspecto de esta hermosa parábola.

Todos estamos llamados a trabajar en  el Reino de Dios y el Señor espera hoy una respuesta de parte nuestra.

Es formidable descubrir que el Señor cuenta con nosotros. Qué alegría saber que cada uno de nosotros es importante en la construcción del Reino de Dios.

Cristo vino a la tierra para enseñarnos a trabajar en la viña de su Padre. El dice que la única aptitud requerida, para ser buenos obreros, es el deseo de amar y de ser amados.

Todos: niños, jóvenes, adultos y personas de edad, todos somos bienvenidos para trabajar en el Reino de Dios. La Iglesia cuenta con cada uno de nosotros y todos tenemos un puesto en la Iglesia para participar en la construcción del mundo, para ser activos en el trabajo necesario para transformar el mundo en el Reino de Dios.

La falta de trabajo y los desocupados no deben existir en el Reino de Dios. El dueño de la viña necesita obreros. El vino hoy, en el Evangelio que escuchamos, para proponernos trabajo en su viña. Quieren trabajar con Dios? Tengan confianza en Él y obtendrán un buen sueldo: la felicidad y la paz para siempre.

Si usted está decidido(a) a trabajar con Dios, les propongo tres etapas para firmar el contrato de trabajo.

Primero, tenemos que comprometernos. Si Señor, yo quiero ayudarte a construir el Reino de Dios a mi alrededor.

Segundo, tenemos que empezar ahora mismo. Al salir de la Iglesia, podemos decir: tengo un nuevo trabajo. Yo hago parte de los empleados de Dios, de los obreros de la Iglesia.

Tercero, tenemos que tomar nuestro instrumento de trabajo: el amor. Todo lo que voy a hacer a partir de ahora debe ser animado por el amor. En mis palabras y en mis actos no debe haber sino amor. Voy a transformarme en el amor como decía Santa Teresita del niño Jesús.

El niño que hace todo por amor por sus padres, que comparte sus juguetes con sus hermanos y con sus amigos por amor por los demás; el joven que estudia con gusto por amor por la ciencia y por amor por el mundo que va a servir cuando será adulto; el esposo y la esposa que tienen siempre una sonrisa y los brazos abiertos para recibir con amor a su compañero(a); el padre y la madre de familia que trabajan honestamente por amor por sus hijos que aprenden del ejemplo de sus padres; el adulto soltero que da de su tiempo libre para ayudar a los demás por amor por las personas necesitadas; la persona de edad que tiene su casa abierta para recibir y para compartir su vida con los demás por amor por la humanidad; todos estamos construyendo el Reino de Dios cuando dejamos que la llama de amor encendida en nuestros corazones se exteriorice en nuestras palabras y en nuestros actos.

No salgamos de la iglesia hoy antes de firmar el contrato con Dios. El necesita obreros y todos estamos bien capacitados para responder a su invitación.   Amen.   P. Germán
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