25th Sunday in the Church’s time C LA, September 21st /22nd, 2013

posted Sep 19, 2013, 4:26 PM by German Sanchez

25th Sunday in the Church’s time

Time C

Los Angeles, September 21st /22nd, 2013

1st Reading: from the Book of Amos 8,4-7

Psalm : 112(113)1-2,4-6,7-8

2nd Reading: from the 1st Letter of St Paul to Timothy 2,1-8

Gospel: Saint Luke 16:1-13

The Liturgy of this Sunday is about money and prayer.

Money:
In the Church we are not used to talking about money and when we do, it is to say that the parish  needs it.

Some Christians feel bad when the Church speaks of the use of money, the injustices, and the unfair distribution of money in our society.

Quite often priests or the Church herself are accused of playing politics when they denounce social injustice or when they get involved in seeking solutions to the problems caused by the unfair distribution of money.

Desmond Tutu, Anglican Archbishop of South Africa and Nobel Peace Prize winner, once said: “I ​​wonder what Bible they are reading who say that we should not mix religion and politics.”

When the Church and the prophets of our time call out and denounce the exploitation of the poor and the unfairness in the distribution of money in society and the world, they are not politicizing theology; they are announcing the Gospel.

When the Church and the prophets of our time denounce the injustices of our society, they are just following the actions of the prophets Amos, Jeremiah, Isaiah; of the apostles James and John;, of Saint Ambrose and Saint Basil; of popes Leo XIII, Pius XI, John XXIII, Paul VI, John Paul II, and Francis.

We need to talk about money and we need to think about its role in our lives. Money is not a bad thing in itself. But it becomes a dangerous weapon when it is used to exploit, to oppress, or to steal from the less fortunate.

The Bible warns us repeatedly against the dangers of money and invites us to use it in building a better and a more just world for all.

Today we can think about our relationship with money, the role of money in our lives, and how we use the money we have.

When money keeps us away from others and from God it is because we are serving money and have become slaves of it. Instead, we need to make money useful in helping us build relationships of friendship and love with our brothers and sisters and with God.

The second point of today's liturgy is prayer.

Saint Paul emphasizes the importance of the prayers of petition, of intercession, and of thanksgiving. We must pray for all men and women in the world, for the Heads of State, and for those who have responsibilities in society and in the Church.

Prayer is essential in asking the Holy Spirit for the light and the strength to make justice and honesty prevail in our world.

Christians are the intermediaries between God and the world. We are responsible to intercede for our brothers and sisters.

We need to pray relentlessly so that the world can discover the Gospel that leads to peace and happiness for all.

Amen.

Fr. Germán

25º Domingo Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 22 de septiembre del 2013

1ª lectura: del libro de Amós 8,4-7

Salmo: 112(113) 1-2.4-6.7-8

2ª lectura: de la 1ª carta de Sn Pablo a Timoteo 2,1-8

Evangelio: de San Lucas 16,1-13

La liturgia de este domingo nos habla del dinero y de la oración.

El dinero:

En la Iglesia no tenemos la costumbre de hablar de dinero,  cuando hablamos, es para decir que lo necesitamos.

Hay cristianos que se sienten mal cuando la Iglesia habla de la utilización del dinero, de las injusticias y de la mala distribución del dinero en la sociedad.

Frecuentemente se acusa a los sacerdotes o a la Iglesia, de meterse en política, sobre todo cuando   denuncian  las injusticias sociales, o cuando se preocupan por  buscar soluciones a los problemas ocasionados por la mala distribución del dinero en la sociedad.

El obispo anglicano de África del Sur y premio Nobel de la paz, Mgr Desmond Tutu, decía: “Yo me pregunto, qué Biblia leen los que dicen que no debemos mezclar la religión con la política”.

Cuando la Iglesia y los profetas de hoy, gritan y denuncian la explotación de los pobres,  la injusticia en la distribución del dinero en nuestra sociedad y en el mundo, no están politizando la teología sino  están simplemente anunciando el Evangelio.

Cuando la Iglesia y los profetas de nuestro tiempo, denuncian las injusticias de nuestra sociedad, no están haciendo otra cosa que repitiendo el grito de los profetas Amós, Jeremías e Isaías, de los apóstoles Santiago y Juan, de San Ambrosio o de San Basilio, de León XIII, de Juan Pablo II o del Papa Francisco.

Debemos hablar de dinero y debemos reflexionar sobre el lugar  que ocupa  en nuestra vida. El dinero no es malo en sí.  Éste  se transforma en un arma peligrosa cuando es utilizado para explotar, para oprimir o para robar a aquellos que están más necesitados.

La Biblia nos advierte frecuentemente sobre  los peligros del dinero y nos invita a utilizar el dinero en la construcción de un mundo más justo y mejor para todos.

Hoy podemos reflexionar  sobre  la relación que tenemos con el dinero, el lugar  que  ocupa en nuestra existencia y a la utilización que le damos al dinero que poseemos.

Cuando el dinero nos aleja de los demás y de Dios, es porque estamos sirviendo al dinero y somos  esclavos de éste,  en lugar  de  que el dinero nos sirva y nos ayude a construir relaciones de amistad  y de amor con nuestros hermanos y hermanas y con Dios.

El segundo punto de la liturgia de hoy es la Oración.

San Pablo insiste en la importancia de la oración de petición, de intercesión y de acción de gracias. Debemos orar por todos los hombres y mujeres de nuestra humanidad, por los jefes de Estado y por todos aquellos que tienen una responsabilidad en la sociedad y en la Iglesia.

La oración es indispensable para pedir la luz y  fuerza necesarias para que la justicia y la honestidad reinen en nuestro mundo.

Los cristianos son los intermediarios entre Dios y el mundo. Nosotros estamos encargados de interceder por todos nuestros hermanos y hermanas. Debemos orar sin descanso, para que el mundo descubra el camino del Evangelio que nos conduce a la paz y a la felicidad de todos.

Amen

P. Germán
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