26th Sunday in the Church’s time C LA, Sept. 28th /29th, 2013

posted Sep 26, 2013, 4:16 PM by German Sanchez

26th Sunday in the Church’s time

Time C

Los Angeles, September 28th /29th, 2013

1st Reading: from the Book of Amos 6,1a,4-7

Psalm : 145(146)7,8-9,9-10

2nd Reading: from the 1st Letter of St Paul to Timothy 6:11-16

Gospel: Saint Luke 16:19-31

The Word of God invites us to discover our riches and open our eyes to see the poor and the people around us who are suffering

Discovering our riches:

One way to live in peace, to feel happy, and to thank God, consists in discovering every day the riches we have and the beauty that surrounds us.

Each one of us can write a long list of what we have in life and the beauty that nature and the world have put at our disposal. Creation, the sun, the moon, the stars, the animals, the ocean, our health, our family, our friends, our work, our homes, the community where we can encounter God in our brothers and sisters, our intelligence and the goodness in our hearts. All these are gifts we have received and that are available to us every day for a better life. We know that God loves us and that His Spirit is present in our lives. That is also part of the riches we are entitled to.

We can be proud to be very rich and to have a beautiful world around us.

Quite often we are more concerned or worried about the things we lack or the things we need rather than about the beauty and richness that we already have in our lives.

Too often we compare ourselves to other people and then we find out that others are more fortunate or richer than we are.

Comparing ourselves to others is a mistake. It’s a waste of time and it can lead us to depression and, even to envy.

Discovering our riches, recognizing our talents and qualities, is the first step to opening up to others and to God.

In addition to discovering our riches, the Word of God invites us this Sunday to open our eyes to see the poor and the people who are suffering around us.

The parable of the Gospel of this week is very clear but, unfortunately, very real.

Too often we are like the rich man in the Gospel. We are so busy with our work and our leisure activities that we are unable to see the poor man who is at our front door or the people around us who are suffering.

The Gospel, the Church, and the prophets of yesterday and of today, always invite us to open our eyes to see and to help the poor, the dispossessed, the forgotten in our society, the sick, the elderly, the minorities, the people marginalized by our political, economic, social and religious systems… Many times, Pope Francis has reminded us that we must be attentive to people who are around us.

Within two months, on November 24th, the Year of Faith will conclude. Let’s take advantage of these remaining two months of the Year of Faith to live our faith in a better way and to turn it into a way of life. Let’s use this time to discover our riches and to see the people who are around us. They will be happy if we just could share whatever we already have.

 

Amen.

Fr. Germán

26º Domingo Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 29 de septiembre del 2013

1ª lectura: del libro de Amós 6,1ª.4-7

Salmo: 145(146)7.8-9.9-10

2ª lectura: de la 1ª carta de Sn Pablo a Timoteo 6,11-16

Evangelio: de San Lucas 16,19-31

La Palabra de Dios nos invita a descubrir nuestras riquezas y  abrir los ojos para ver a los pobres y a la gente que sufre alrededor de nosotros.

Descubrir nuestras riquezas:

Uno de los métodos para vivir en paz, para sentirse feliz y para agradecer a Dios, es el método que consiste en descubrir todos los días las riquezas que poseemos y la belleza que hay alrededor de nosotros.

Cada uno podría  hacer una lista bien larga, de todo lo que posee en su vida y de la belleza que la naturaleza y el mundo colocan a nuestra disposición. La creación, el sol, la luna, las estrellas, los animales, el mar, la salud, la familia, los amigos, el trabajo, el hogar, la comunidad en la cual encontramos a Dios y a nuestros hermanos; la inteligencia y la bondad de nuestro corazón, todas esas cosas, son riquezas y regalos que hemos recibido,  que podemos utilizar todos los días para vivir mejor. Sabemos que Dios nos ama y que su Espíritu está presente en nuestra vida. Todo ello, es   parte  de las riquezas que nos pertenecen.

 Debemos sentirnos orgullosos de ser tan ricos y  tener un mundo tan hermoso alrededor de nosotros.

Frecuentemente, estamos más preocupados o inquietos por nuestras pobrezas, o por  lo que nos hace falta, que por la belleza y la riqueza de nuestra vida.

A veces nos comparamos con  los demás y pensamos que los otros tienen una  mejor suerte que la nuestra, o que son más ricos que nosotros.

Compararse con  los demás es un error. Es perder  el tiempo y  nos puede llevar al pesimismo y a veces a sentir  celos.

Descubrir sus riquezas individuales, reconocer sus talentos y  cualidades, es el primer paso para abrirse a los demás y a Dios.

Además de descubrir sus riquezas, la Palabra de Dios nos invita este domingo a abrir los ojos para ver a los pobres y a la gente que sufre alrededor de nosotros.

La parábola del Evangelio de este domingo es bastante clara y desgraciadamente muy real.

Frecuentemente,  somos como el rico del Evangelio. Estamos demasiado ocupados en nuestras actividades,  en nuestras distracciones,  que no vemos al pobre que está en la puerta de nuestra casa o a la persona que sufre al lado de nuestro hogar.

El Evangelio, la Iglesia y los profetas de ayer y hoy, insisten en   invitarnos a abrir los ojos para ver y  ayudar a los pobres, a los desheredados, a los que la sociedad ha dejado  a un lado, a los enfermos, a las personas de edad, a las minorías marginalizadas por nuestros sistemas políticos, sociales, económicos y religiosos, etc. Al Papa Francisco, le gusta insistir en que estemos  atentos hacia  las personas que están en las periferias.

Dentro de dos meses, el 24 de noviembre, vamos a concluir el año de la fe. Para vivir mejor la fe y para hacer de la fe un camino de vida, aprovechemos de estos dos meses que nos quedan del año de la fe, para descubrir las riquezas que poseemos y ver a las personas que están alrededor de nosotros,  que estarían  felices si nosotros competiéramos con ellas lo que poseemos.

Amen

P. Germán
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