26th Sunday in the Church’s time C Los Angeles, September 28th /29th, 2019

posted Sep 29, 2019, 8:51 AM by St Sebastian Catholic Parish

26th Sunday in the Church’s time

Time C

Los Angeles, September 28th /29th, 2019

1st Reading: from the Book of Amos 6,1a,4-7

Psalm : 145(146)7,8-9,9-10

2nd Reading: from the 1st Letter of St Paul to Timothy 6:11-16

Gospel: Saint Luke 16:19-31

The parable of the rich man and the poor beggar Lazarus is well known in our churches and I would say that unfortunately it is extremely contemporary.

It is a rich man whose name we do not know and a poor man named Lazarus.

Between the two a great chasm impossible to cross was excavated.

A rich man without a name and a poor man named Lazarus.

 The bible always uses images or symbols to convey important messages.

When wealth corrupts our heart and encloses us in our social environment, in our comfort, in our vanity and in our pleasures, we are losing part of our humanity. We are moving away from our brothers and sisters and from God. We are becoming anonymous, drowned in pride, indifference and self-satisfaction. The poor have a name, they are called Lazarus, Georges, Charles, Maria, Anna... their names are inscribed in the heart of God. They are loved by God.

When wealth becomes the god of our existence, our eyes close to the poverty and suffering that is at the door of our house.

Today there are more and more people like Lazarus who are on the street, at the door of the churches, under the highway bridges and on the beautiful beaches of California.

We are getting habituated to seeing them. Little by little they are part of the “panorama of the city”.

I have heard very unpleasant, inhumane and evil reflections, concerning people without a home, without a job, without documents and about all the poor who, like Lazarus, do not have a roof to shelter them or a table to share a piece of bread.

We must not get used to misery. We must seek stable and fair solutions to help these people regain their dignity. We cannot shut up or close our eyes to that reality for which we are all responsible. We must demand that the leaders of society establish projects to prevent the chasm between the poor and the rich from growing.

The parable says that between the rich man and poor Lazarus a great chasm impossible to cross was dug.

Today we see in our cities that the chasm between the poor and the rich continues to grow. We can do much to prevent that great chasm from being impossible to cross and that it is not too late to re-establish communication, help, solidarity and a bit of fraternity between the poor and the rich.

Let us not be afraid to look at the poor face to face. Let us not be afraid to talk with them so that we can continue to make sure that we do not become indifferent.

Let's try to share some food or clothes or a little time with people in need. Let us commit ourselves economically and with our time to help those who fight against misery.

Pope Francis says that when we no longer see the poor it is because we are falling into corruption.

Amen.

Fr. Germán

26º Domingo Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 29 de septiembre del 2019

1ª lectura: del libro de Amós 6,1ª.4-7

Salmo: 145(146)7.8-9.9-10

2ª lectura: de la 1ª carta de Sn Pablo a Timoteo 6,11-16

Evangelio: de San Lucas 16,19-31

La parábola del rico y del pobre Lázaro es bastante conocida en nuestras iglesias. Diría que desafortunadamente es de una extrema actualidad.

Se trata de un hombre rico del cual, no conocemos el nombre y de un hombre pobre llamado Lázaro.

Entre los dos se cavó un gran abismo, imposible de cruzar.

Un rico sin nombre y un pobre llamado Lázaro.

 La biblia siempre utiliza imágenes o símbolos para transmitirnos importantes mensajes.

Cuando la riqueza corrompe nuestro corazón y nos encierra en nuestro medio social, en nuestra comodidad, en nuestra vanidad y en nuestros placeres, estamos perdiendo parte de nuestra humanidad. Nos estamos alejando de nuestros hermanos y hermanas y de Dios. Nos estamos transformando en anónimos, ahogados en el orgullo, en la indiferencia y en la autosatisfacción. Los pobres tienen un nombre, ellos se llaman Lázaro, Jorge, Carlos, Maria, Ana… sus nombres están grabados en el corazón de Dios. Ellos son amados por Dios.

Cuando la riqueza se transforma en el dios de nuestra existencia, nuestros ojos se cierran a la pobreza y al sufrimiento, que se encuentra en la puerta de nuestra casa.

Hoy hay cada día más Lazaros que se encuentran en la calle, en la puerta de las iglesias, debajo de los puentes de la autopista y en las hermosas playas de California.

Nos estamos acostumbrando a ellos. Poco a poco forman parte del “panorama de la ciudad”.

He escuchado reflexiones muy desagradables, inhumanas y llenas de maldad, referentes a las personas indigentes, desempleadas, indocumentadas y sobre todos los pobres que como Lázaro, no tienen un techo para abrigarse o una mesa para compartir un pan.

No podemos acostumbrarnos a la miseria. Debemos buscar soluciones estables y justas, para ayudar a esas personas a recobrar su dignidad. No podemos callar o cerrar los ojos ante esa realidad de la cual, todos somos responsables. Debemos exigir a los dirigentes de la sociedad que establezcan proyectos, para evitar que el abismo entre pobres y ricos siga creciendo.

La parábola dice que entre el rico y el pobre Lázaro se cavó gran abismo imposible de cruzar.

Hoy vemos en nuestras ciudades, que el abismo entre pobres y ricos sigue creciendo. Podemos hacer mucho, para evitar que ese gran abismo sea imposible de cruzar. Y que sea demasiado tarde, para restablecer comunicación, ayuda, solidaridad y un poco de fraternidad entre pobres y ricos.

No sintamos miedo al mirar a los pobres de frente. No temamos conversar con ellos para que podamos seguir existiendo y para evitar que desaparezcamos en la indiferencia.

Tratemos de compartir un poco de alimento, vestido, o un poco de tiempo con las personas necesitadas. Comprometámonos económicamente y con nuestro tiempo, para ayudar a quienes luchan contra la miseria.

El Papa Francisco dice, que cuando ya no vemos a los pobres es porque estamos cayendo en la corrupción. Amen

P. Germán
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