27º Dom B LA, 3/4 09

posted Oct 1, 2009, 9:39 PM by Fr Germán Sanchez   [ updated Oct 2, 2009, 10:23 AM ]

27th Sunday of the Church  

Time B

Los Angeles, October 3rd 4th, 09

1st Reading: from the Book of Genesis 2,18-24

Psalm : 127(128)1-2.3.4-5.6

2º Reading:  from the letter to the Hebrews 2,9-11

Gospel: Saint Mark 10,2-16 or 2-12

These week’s readings invite us to reflect on marriage at the Church.

Before talking about the beauty, greatness, and richness of the marriage sacrament, I would like to say some phrases about divorced, and the divorced who have remarried.

We all know people who suffer due to divorce or because they got divorced and married again. We need to recognize the differences: Anyone who has gotten divorced yet not married again can still take the communion if his conscience is in peace with the Lord and the others.

There are a great number of divorced people who have remarried and suffer for not being able to receive the Body of Christ. The Church is also in pain due to these situations. Let us pray that human solutions that respect the marriage sacrament are found as soon as possible.

St Francis of Sales used to say: “If there was for marriage, like in religious life, a year of novice, there would be fewer candidates.”

I would say that if before marriage, one would take the same necessary time to reflect and prepare that it takes to receive the priesthood; there would be fewer divorces and fewer painful splits.

I am convinced that among all divorces, there are many in which their religious marriage is not valid. The Church has no power to null an existent marriage. The Church can however, declare that a marriage never existed, or that it was null since its start if we demonstrate that one of the marriage pillars was missing at the moment the sacrament was celebrated.

In order for a marriage to be celebrated validly in the Catholic Church, the following 4 elements have to be present and clearly expressed the day of marriage: Freedom, Indissolubility, Fidelity (Unity), and the aperture for procreation. Immatureness and sometimes social and family pressure are sometimes the cause of lack of freedom or of a lie and hence these marriages are null.

Let us pray for the couples who are going through difficult situations due to a divorce, split or a second marriage. Let us also pray for the children who live the consequences of their parent’s decisions. Let us open our doors and hearts to those who are carrying these heavy crosses related with a failure in their relationships.

Now, let us talk about the beauty, greatness, and richness of the marriage sacrament. The Church blesses and unites forever the couple that decides to construct their life together and sees in the same direction. Marriage is the institution in which the Church recognizes the difference between men and women and unites them so that through respect and equality of dignity (the 2 were created to the image and likeliness of God) they become the image of love and unity of Jesus with his Church.

In a couple’s life, we know that every day is not the same. Difficulties and misunderstandings exist. The Church gives a blessing, especially to men and women, the day of their marriage, so that they continue Christ’s example, who with dialogue, respect and patience -which sums out to love- lives with his Church Yesterday, Today and Tomorrow. 

Sclerocardy, the hardening of heart, is the most serious disease in our human relations. Let us pray the Lord to help us preserve a young heart so that our relationships above all our couple relationships are always to the image and the likeliness of Christ with his Church.

Amen.   Fr. Germán

27º Domingo de la Iglesia

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 4 de octubre del 09

1ª lectura: del Libro del Génesis 2,18-24

Salmo : 127(128) 1-2.3.4-5.6

2ª lectura: la carta a los Hebreos 2,9-11

Evangelio: de San Marcos 10,2-16 o 2-12

Las lecturas de esta semana nos invitar a reflexionar sobre el matrimonio en la Iglesia.

Quisiera decir algunas frases sobre el divorcio y las personas divorciadas que se han vuelto a casar, antes de hablar de la belleza, la grandeza y la riqueza del sacramento del matrimonio.

Todos conocemos personas que sufren de su situación de divorciados o de divorciados y casados nuevamente. Tenemos que hacer la diferencia. La persona divorciada que no se ha vuelto a casar, puede seguir comulgando si su conciencia está en paz con Dios y con los otros.

Hay un gran número de divorciados que se han vuelto a casar que sufren de no poder recibir el Cuerpo de Cristo. A la Iglesia también le duele esta situación. Oremos para que se encuentren soluciones humanas que respecten el sacramento del matrimonio lo más rápido posible.

San Francisco de Sales decía: “Si para el matrimonio hubiera, como en la vida religiosa, un año de noviciado, habría menos candidatos”. Yo diría que si antes de casarnos tomáramos el tiempo necesario de reflexión y de preparación que se toma antes de recibir el sacerdocio, habría menos divorcios y menos separaciones dolorosas.

Estoy convencido que entre los divorcios hay muchos en los cuales el matrimonio religioso no es válido. La Iglesia no tiene el poder para anular un matrimonio existente. La Iglesia puede declarar que un matrimonio nunca existió, o fue nulo desde el inicio si demostramos que uno de los pilares del matrimonio faltaba en el momento de celebrar el sacramento.

Para que un matrimonio sea celebrado válidamente en la Iglesia Católica, los 4 elementos siguientes deben estar presentes y claramente expresados el día del matrimonio: la libertad, la indisolubilidad, la fidelidad (unidad) y la apertura a la procreación. La inmadurez y a veces la presión social y familiar son la causa a veces de la falta de libertad o de una mentira y entonces esos matrimonios son nulos.

Oremos por las parejas que se encuentran en situaciones difíciles a causa de un divorcio, de una separación o de un segundo matrimonio. Oremos también por los hijos que viven y sufren las consecuencias de las decisiones de los padres. Abramos nuestras puertas y nuestros corazones a los que cargan pesadas cruces relacionadas con un fracaso en su pareja.

Ahora hablemos de la belleza, de la grandeza y de la riqueza del sacramento del matrimonio. La Iglesia bendice y une para siempre la pareja que decide construir su vida juntos y mirando en la misma dirección. El matrimonio es la institución en la cual la Iglesia reconoce la diferencia entre el hombre y la mujer y los une para que en el respeto y en la igualdad de dignidad (los 2 fueron creados a imagen y semejanza de Dios) sean la imagen del amor y de la unidad de Jesús con su Iglesia. 

Sabemos que en la vida de una pareja todos los días no se parecen. Las dificultades y los malentendidos existen. La Iglesia da una bendición especial al hombre y a la mujer, el día de su matrimonio, para que sigan el ejemplo de Cristo que con dialogo, respeto y paciencia, es decir con amor, vive con su Iglesia ayer, hoy y mañana.

La esclerocardia, el endurecimiento del corazón es la enfermedad más grave en nuestras relaciones humanas. Pidámosle al Señor que nos ayude a conservar un corazón joven para que nuestras relaciones y sobre todo las relaciones en las parejas sean siempre a la imagen de la relación de Cristo con su Iglesia.    Amen     P. Germán
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