28th Sunday of the Church A LA, October 8th / 9th, 2011

posted Oct 6, 2011, 4:51 PM by Fr Germán Sanchez   [ updated Oct 6, 2011, 4:54 PM ]

28th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, October 8th / 9th, 2011

1st Reading: from the  Book of the prophet Isaiah 25,6-10a Psalm : 22(23)1-3a.3b-4.5-6

2º Reading: from the Letter of St Paul to the Philippians 4,12-14.19-20

Gospel: Saint Mathew 22,1-14

 

One of the insights of blessed John Paul II was the need for a new evangelization for Europe, for the West and for the whole world.

On Monday, October 3rd, the clergy of Los Angeles had its annual meeting with the archbishop. There were 1,200 priests, the auxiliary bishops, the cardinal and, of course, the new archbishop José Horacio GOMEZ.

Our archbishop spoke, among other things, of his desire to open a new service in the archdiocese to be responsible for researching, planning and working for a new evangelization.

I think these Sunday's readings give us some ideas we can use to start a new evangelization in our families and our parish.

All of us Christians, all the baptized, should understand that through the sacrament of baptism we have been sent by God to proclaim to all men and all women in the world that God invites everyone to a big party.

Our baptism should be taken seriously. Baptism is not a single, isolated event in our lives. Baptism is not an insurance against illness or a superstitious act to protect us from disease or misfortune. Baptism is a commitment to God. It is our response to God who invites us to be his messengers in the world, his ambassadors before all.

To start a new evangelization we must renew our baptism. Do we want to live as baptized, every day of our lives? Do we want to be ambassadors of God? Do we want to be the messengers of God?

The first step in the new evangelization is for all baptized to understand their responsibility as God's messengers.

The second step in the new evangelization is to discover the message God has assigned us to pass on. It is about inviting humanity to a party. It is a message of joy, happiness and celebration.
The Church, our parish and our families must announce with joy the Lord's invitation to all humankind.

Our prayers, our Eucharist, our catechism and our messages should be beautiful and cheerful for children, youth, and adults to accept the invitation that the Lord asks us to pass on.

The new evangelization goes through the interaction and joy of our communities and their gatherings.

Let’s ask ourselves, what can we do for the joy of the wedding feast, to which all of us are invited, to be visible in our celebrations, our words and our actions?

There won’t be a new evangelization unless all Christians feel responsible for announcing God's invitation. There won’t be a new evangelization unless the Church, our community and our families live and celebrate their faith with joy.

Amen.

Fr. Germán

28º  Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 9 octubre del 2011

1ª lectura : del Libro del profeta Isaías 5,6-10a

 Salmo : 22(23) 1-3a.3b-4.5-6

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Filipenses 4,12-14.19-20

Evangelio: San Mateo 22,1-14

Una de las intuiciones del bienaventurado Juan Pablo II fue la necesidad de una nueva evangelización para Europa, para el occidente y para el mundo entero.

El pasado lunes (3 de octubre) el clero de los Ángeles tuvo su encuentro anual con el arzobispo.  Estuvimos presentes 1200 sacerdotes, los obispos auxiliares, el cardenal y por supuesto, el nuevo arzobispo Monseñor José Horacio GOMEZ.

Nuestro arzobispo nos habló, entre otras cosas, de su deseo de abrir un nuevo servicio en la arquidiócesis que se encargará de estudiar, de planificar y de trabajar por una nueva evangelización.

Me parece que las lecturas de este domingo nos dan algunas ideas que podemos utilizar para empezar una nueva evangelización en nuestras familias y en nuestra parroquia.

Los cristianos, todos los bautizados, debemos tomar consciencia que por medio del sacramento del bautismo hemos sido enviados por Dios para anunciar a todos los hombres y a todas las mujeres de este mundo que Dios los invita a una gran fiesta.

Debemos tomar en serio nuestro bautismo. El bautismo no es un acto único y aislado en nuestra vida. El bautismo no es un seguro contra la enfermedad o un acto supersticioso que nos protegerá contra las enfermedades o contra las desgracias. El bautismo es un compromiso con Dios. El bautismo es nuestra respuesta a Dios que nos invita a ser sus mensajeros en el mundo, sus embajadores frente a todos los hombres.

Para empezar una nueva evangelización debemos renovar nuestro bautismo. ¿Queremos vivir como bautizados, todos los días de nuestra vida? ¿Queremos ser los embajadores de Dios? ¿Queremos ser los mensajeros de Dios?

El primer paso de la nueva evangelización debe ser una toma de conciencia de parte de todos los bautizados de su responsabilidad como mensajeros de Dios.

 El segundo paso en este proceso de una nueva evangelización es descubrir el mensaje que Dios nos encarga de transmitir.

Se trata de invitar a la humanidad a una fiesta. Se trata de un mensaje de alegría, de felicidad, de fiesta.

La Iglesia, nuestra parroquia y nuestras familias deben anunciar con alegría la invitación del Señor para toda la humanidad.

Nuestras oraciones, nuestras Eucaristías, la catequesis y nuestros mensajes deber ser bonitos y alegres para que los niños, los jóvenes, los adultos y las personas de edad acepten con gusto la invitación que el Señor nos pide que transmitamos.

La nueva evangelización pasa por medio de la convivialidad y por medio de la alegría de nuestras comunidades y de nuestros encuentros.

Preguntémonos, qué podemos hacer para que la alegría del banquete de bodas, al cual estamos todos invitados, sea perceptible en nuestras celebraciones, en nuestras palabras y en nuestros actos.

No habrá una nueva evangelización si todos los cristianos no se sienten responsables de la transmisión de la invitación de Dios y no habrá una nueva evangelización si la Iglesia, nuestra comunidad y nuestras familias no viven la fe con alegría y como una fiesta.

Amen.

P. Germán
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