28th Sunday in the Church’s time Time C Yard Sale Los Angeles, October 12th /13th, 2019

posted Oct 8, 2019, 4:31 PM by St Sebastian Catholic Parish

28th Sunday in the Church’s time Time C   Yard Sale

Los Angeles, October 12th /13th, 2019

1st Reading: from the 2nd Book of Kings 5:14-17

Psalm : 97(98)1,2-3,3-4

2nd Reading: 2nd Letter of St Paul to Timothy 2:8-13

Gospel: Saint Luke 17,11-19

Today's liturgy invites us to reflect on baptism and our belonging to the community.

Baptism:

Baptism is the 1st sacrament we receive. It opens the door of the community, allows us to enter the family of God and be part of the Christian community.

The majority among us have been baptized as children. But for us to become aware of the richness of our baptism, the Church proposes liturgies such as today or the Easter vigil or the baptism of Christ to help us discover that we are Christians because we have been baptized. Through baptism we have accepted the name of Sons and Daughters of God and through baptism we do commit to living what we are: sons and daughters of a Father who loves us as brothers and sisters of one another.

Baptism is a beautiful gift that our parents have given us, but it will not bear fruit if we do not live each day as baptized.

Many baptized people do not know that because they were baptized in the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit, the Church where they were baptized registered their name in the records of the Trinity family.

Through baptism we are brothers and sisters of Jesus, we are brothers and sisters of all Christians. We have been sent   into the world to tell all men and women of good will that our mission is to build a single family so that all will be respected and that all can discover the love of God.

Community.

Baptism cannot be lived without the community. We need the community to be baptized and to receive the other sacraments. We need the community to feed our faith and to understand Scripture. Without the community, our baptism becomes less effective. Without the community our faith may cool and end up disappearing.

The Gospel says that among the 10 lepers who were healed by Jesus, only one returned to give thanks. We can ask ourselves how many baptized people return to the Church to thank the community for that gift they have received. How many baptized return to the community to live the mission that baptism confers on them?

The community is the place where we can show the world that we are from the same family, from the family of Jesus. We cannot continue to be anonymous Christians who live their faith in theory and who do not know their brothers and sisters in Christ.

Today we have a yard sale here. We can find in the parking lot people who, like us, have been baptized and have agreed to integrate into the family of God. Let's take time to share with our Christian brothers and sisters who are part of a group different from ours in the parish. If people passing through the street see that the Christians of Saint Sebastian live as brothers and sisters, I am sure we will have many who will want to return to the community where they were baptized to live like us.

Let's take advantage of the occasions that the parish offers us to live united with one another. The world needs witnesses of this and we are those witnesses for whom the world waits. Amen.

 Fr. Germán

28º Domingo Tiempo de la Iglesia C

Venta de garaje

Los Ángeles, el 13 de octubre del 2019

1ª lectura: del 2º libro de los Reyes 5,14-17

Salmo: 97(98)1,2-3,3-4

2ª lectura: de la 2º carta de Sn Pablo a Timoteo 2,8-13

Evangelio: de San Lucas 17,11-19

La liturgia de hoy nos invita a reflexionar sobre el bautismo y nuestra pertenencia a la comunidad.

El Bautismo:

El bautismo es el primer sacramento que recibimos. Nos abre la puerta de la comunidad, nos permite entrar en la familia de Dios y formar parte de la comunidad de cristianos.

La mayoría entre nosotros, hemos sido bautizados de niños. Pero para que tengamos consciencia de la riqueza de nuestro bautismo, la Iglesia nos propone liturgias como la de hoy, o la vigilia pascual, o el bautismo de Cristo, que nos ayudan a descubrir que somos cristianos, porque hemos sido bautizados. Que por medio del bautismo hemos aceptado el nombre de Hijos de Dios y que por medio del bautismo, nos comprometemos a vivir lo que somos: hijos e hijas de un Padre que nos ama y hermanos y hermanas de todos los humanos.

El bautismo es un hermoso regalo que nuestros padres nos han ofrecido, pero no dará fruto, si no vivimos cada día como bautizados.

Muchos bautizados no saben que, porque son bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la Iglesia que los bautizó inscribió su nombre en los registros de la familia de la Trinidad.

Por medio del bautismo somos hermanos y hermanas de Jesús, somos hermanos y hermanas de todos los cristianos. Hemos sido enviados al mundo, para decir a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que la misión de la humanidad es de construir una sola familia, para que todos sean respetados y para que todos descubran el amor de Dios.

La comunidad.

El bautismo no puede vivirse sin la comunidad. Necesitamos la comunidad para ser bautizados y para recibir los otros sacramentos. Necesitamos la comunidad para alimentar la fe y para comprender la Escritura. Sin la comunidad, nuestro bautismo se vuelve invisible. Sin la comunidad nuestra fe se enfría y termina por desaparecer.

El Evangelio dice que entre los 10 leprosos que fueron curados por Jesús, solamente uno regresó a dar gracias. Podemos preguntarnos cuantos bautizados regresan a la Iglesia, para agradecer a la comunidad por ese regalo que les ha ofrecido. Cuantos bautizados regresan a la comunidad, para vivir la fraternidad que el bautismo les confiere como misión que deben vivir.

La comunidad es el lugar en el cual podemos mostrar al mundo, que somos de la misma familia, de la familia de Jesús. No podemos seguir siendo cristianos anónimos, viviendo la fraternidad en teoría sin conocer a sus hermanos y hermanas en Cristo.

Hoy tenemos la venta de garaje aquí. Podemos encontrar en el estacionamiento las personas que, como nosotros, han sido bautizadas y han aceptado integrar la familia de Dios. Tomemos tiempo para compartir con nuestros hermanos y hermanas cristianos que forman parte de un grupo diferente al nuestro en la parroquia. Si la gente que pasa por la calle ve que los cristianos de San Sebastian viven como hermanos y hermanas, estoy seguro que tendremos muchos otros bautizados, que van a querer regresar a la comunidad en donde fueron bautizados para vivir como nosotros.

Aprovechemos de las ocasiones que la parroquia nos ofrece para vivir la fraternidad. El mundo necesita testigos de la fraternidad y nosotros somos eses testigos que le mundo espera. Amen P. Germán
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