28th Sunday of the Church A Los Angeles, October 14th -15th, 2017

posted Oct 11, 2017, 12:46 PM by St Sebastian Catholic Parish

28th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, October 14th -15th, 2017

1st Reading: of the Book of Isaiah 25,6-10

Psalm :22(23)1-3.3-4.5-6

2º Reading:  letter of Saint Paul to the Philippians 4,12-14.19-20

Gospel: Saint Matthew 22,1-14

This Sunday’s liturgy invites us to discover one essential aspect of faith: joy.

Believers, Christians, the Disciples of Christ should live in joy because every Sunday we are invited by God to celebrate a feast and to continue the feast in the world.

Each Sunday we are invited by God to celebrate a feast.

The Prophet Isaiah announces that the Lord our God will prepare a feast for all peoples. This feast for us is the Eucharist. The Mass is a huge feast to which we are all invited. In it, the Lord offers us what we need to live in joy and in peace. In the Eucharist we should be in joy. There shouldn’t be sad masses. We should sing and dance because the Lord reunites us from all peoples to feed us with the same bread and the same wine. This meeting should reassure those who are afraid of strangers. Mass should begin with a joyful song that manifests our happiness in meeting brothers and sisters who come, like us, to offer to the Lord everything they have experienced during the week. We should open the Mass with joyful songs because we come to this place to meet God who loves us, who welcomes us as we are and who offer us what we need to live in the world.  The readings should be in the middle of the festive songs because in the readings we will listen to the voice of God who shows us the path of happiness.

During the liturgy of the Eucharist, during communion and at the time of sending, we should overflow with joy.  The bread and wine we share is the very life of Christ. The Lord comes to dwell in our bodies so that we may be like him. How can we not rejoice when we discover that we are in communion with Christ? Finally, we should rejoice when the Mass ends because at the end of the liturgy God sends us to continue the feast in the world.

The Eucharist does not end with the final blessing. It sends us into the world to share what we have celebrated with our brothers and sisters. 

If the people with whom we live and work see that we are joyful, then many will ask us to help them discover the One who is our source of joy, of peace and love.

There is still a long way to go so that our Eucharist overflows with joy and our Masses are a feast with music that invites us to sing and dance.

We still have a lot to do so that our Eucharist will be extended to our daily lives. We want others discover in us the presence of the One whom we come to receive and who goes with us when we go forth from here.

Help me to make the Eucharist a beautiful feast and help one another so that the Mass may continue to be an influence in our daily lives.

Amen.

                        P Germán

Domingo 28 del tiempo ordinario

Año Litúrgico A

Los Ángeles, el 15 de octubre 2017

1ª lectura: del libro de Isaías 25,6-10

Salmo: 22(23)1-3.3-4.5-6

2ª lectura: de San Pablo a los Filipenses 4,12-14.19-20

Evangelio: de San Mateo 22,1-14

La liturgia de este domingo nos invita a descubrir un punto esencial de la fe: la alegría.

Los creyentes, los cristianos, los discípulos de Cristo deben vivir alegres porque todos los domingos, estamos invitados por Dios, a celebrar un festín y porque al final de la Misa, Dios nos envía a continuar la fiesta en el mundo.

Todos los domingos, estamos invitados por Dios a celebrar un festín.

El profeta Isaías anuncia que el Señor nuestro Dios preparará un festín por todos los pueblos. Ese festín es la Eucaristía. La misa es una gran fiesta a la cual todos estamos invitados. En la misa, el Señor nos ofrece lo que necesitamos  para vivir alegres y en paz. En la Eucaristía debemos regocijarnos. No debería haber misas tristes. Debemos cantar y bailar, porque en la iglesia el Señor nos reúne de todos los pueblos, de todas las naciones, de todas las culturas y de todos los idiomas, para alimentarnos con el mismo pan y el mismo vino.  Esta reunión debe tranquilizar aquellos que le tienen miedo a los extranjeros. La misa debe empezar con un canto alegre que manifieste nuestra felicidad de encontrar a nuestros hermanos y hermanas que vienen, como nosotros, a presentar al Señor, todo lo que han vivido durante la semana. Debemos abrir la misa con cantos alegres, porque venimos a este lugar para encontrar a Dios que nos ama, que nos recibe tal como somos. Que nos ofrece lo que necesitamos para vivir en el mundo. Las lecturas deben hacerse en medio de cantos de fiesta porque en las lecturas, vamos a escuchar la voz de Dios que nos muestra el camino de la felicidad. Durante la liturgia de la Eucaristía, durante la comunión y al momento del envío, debemos desbordar de alegría. El pan y el vino que compartimos es la vida misma de Cristo. El Señor viene habitar en nuestro cuerpo para que seamos como él. ¿Cómo no alegrarse cuando descubrimos que estamos en comunión con Cristo? Finalmente, debemos alegrarnos cuando la misa termina porque al final de la liturgia, Dios nos envía a continuar la fiesta en el mundo.

La Eucaristía no termina con la bendición final. La misa empieza con el envío. Al final de la misa, el sacerdote o el diacono nos envían al mundo, a vivir lo que hemos celebrado con nuestros hermanos y hermanas. Si las personas con quienes vivimos y trabajamos ven que estamos alegres, es  porque el domingo encontramos al Señor. Porque con nuestros hermanos y hermanas cristianos estamos en comunión con Dios, entonces muchos nos solicitarán que les ayudemos a descubrir a Aquel que es la fuente de la alegría, de la paz y del amor.

Todavía hay mucho camino para recorrer para que nuestras Eucaristías desborden de alegría. Para que nuestras misas sean una fiesta con música que nos invite a cantar y a bailar.

Todavía tenemos mucho que hacer para que nuestras Eucaristías se prolonguen en nuestra vida de todos los días y para que los demás, descubran en nosotros la presencia de Aquel que venimos a recibir aquí y que se va con nosotros cuando salimos de aquí.

Ayúdenme a hacer de la Eucaristía una hermosa fiesta. Ayudémonos unos a otros, para que la misa se prolongue en nuestra vida de todos los días.  

Amén. P. Germán
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