30th Sunday in OT year B LA, October 24th /25th, 2015

posted Oct 21, 2015, 11:55 AM by German Sanchez

30th Sunday in Ordinary time

year B

Los Angeles, October 24th /25th, 2015

1st Reading: from the Book of Jeremiah 31:7-9

Psalm : 126:1-2,2-3,4-5,6

2º Reading: from the letter to the Hebrews 5:1-6

Gospel: Saint Mark 10:46-52

Today marks the end of the second gathering of the Synod of the Family that took place in Rome in the presence of Pope Francis.

For three weeks, 270 synodic fathers (74 cardinals, 6 patriarchs, 73 archbishops, 102 bishops, 2 pastors, and 13 religious); 24 specialists and collaborators and 51 observers (18 of which were couples/parents and 14 delegates from other Christian denominations) came together to pray, to listen to one another, and to present to the Pope the reality, the joys, the sorrows, the difficulties and hopes of families all over the world.

Now the Pope has the somber task of giving the Church, and men and women of goodwill who will listen to him, direction concerning the calling and mission of the family in the Church and in today’s world.

Let us pray for Pope Francis. We know that he wishes to help us live out, in truth and in mercy, the Creator’s original plan for man and woman. We also know that the reality of the family today is very complex and that the challenges that confront families are not the same in the West, the East, in Africa or in America.

Let us also pray so that we can be ready to receive the reflections of Pope Francis with an open heart and the desire to go forth on the paths that the Pope will invite us to follow.

This Sunday’s Gospel reminds us about Jesus’ encounter with Bartimaeus, a blind beggar.

In this encounter we can see on one hand the appeal of Bartimaeus, and on the other hand Jesus’ response.

The appeal of Bartimaeus:

 “Jesus, Son of David, have mercy on me.” In these words we discover the voice of a person who recognizes that he is a sinner, a person who is seeking God’s help in his life, a person who knows that Jesus can give him something.

One of western society’s temptations is convincing ourselves that we have it all and that we don’t need anything. The sin of Adam and Eve is thinking that they could become like God, and no longer need him. Money, power, and knowledge can be misunderstood and lead us into the error of thinking that we are Kings of Creation and that there is nobody above us.

Bartimaeus’ appeal invites us to humbly recognize that we are all sinners who need God in order to become what we are: the Body of Christ.

Jesus’ response:

“What do you want me to do for you?” Jesus’ response is full of compassion, love and warmth. There is no judgment or condemnation. Jesus came to teach us to love one another and to help us get back up each time we slip into error, selfishness or distrust.

Pope Francis never stops reminding us, by his words and his deeds, that the Good News of the Gospel is for everybody, and that the message we need to give to all humanity is a message of love, of confidence and joy. God is among us and he looks for us so he can ask us: What do you want me to do for you?

Today’s liturgy invites us to realize that we need God and should listen to the Lord’s voice which asks us: “What do you want me to do for you?”   

Amen.  Fr. Germán

30º Domingo del Tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 25 de octubre del 2015

1ª lectura: del libro de Jeremías  31,7-9

Salmo: 125,1-2.2-3.4-5.6

2ª lectura: de la carta a los Hebreos 5,1-6

Evangelio: de San Marcos 10,46-52

Hoy termina la segunda sesión del Sínodo sobre la familia que tuvo lugar en Roma, alrededor del Papa Francisco. Durante tres semanas, 270 padres sinodales (74 cardenales, 6 patriarcas, 73 arzobispos, 102 obispos, 2 párrocos y 13 religiosos); 24 expertos, colaboradores y 51 auditores y auditoras (entre los cuales había 18 parejas/padres de familia y 14 delegados de otras confesiones cristianas); se reunieron para orar, escucharse mutuamente y presentarle al Papa Francisco, la realidad, las alegrías, los sufrimientos, las dificultades y las aspiraciones de la familia en los cuatros rincones del mundo.

Ahora le toca al Papa, la difícil misión de darle a la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad que acepten de escucharlo, orientaciones con respecto a la vocación y a la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo.

Oremos por el Papa Francisco. Sabemos que desea ayudarnos a vivir en la verdad y con misericordia, el proyecto original del Creador para el hombre y la mujer. También sabemos que la realidad de la familia de hoy, es bastante compleja. Que los desafíos que afrontan las familias no son los mismos en occidente, en oriente, en África o en América.

Oremos también para que nos preparemos a acoger las reflexiones del Papa Francisco, con un corazón abierto y con el deseo de avanzar en el camino que el Papa nos invitará a seguir.

El Evangelio de este domingo nos recuerda el encuentro entre Jesús y Bartimeo, un ciego mendigo.

De este encuentro podemos remarcar, de una parte la interpelación de Bartimeo y de otra parte, la respuesta de Jesús.

La interpelación de Bartimeo:

“Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí.” En estas palabras descubrimos la voz de alguien que reconoce sus pecados, que busca la ayudad de Dios en su vida, de alguien que sabe que Jesús puede ofrecerle algo.

Una de las tentaciones de la sociedad occidental es de hacernos creer que lo tenemos todo y que no necesitamos nada. El pecado de Adán y Eva es de creer que pueden ser como Dios y no necesitar su ayuda. El dinero, el poder y la ciencia, pueden ser mal utilizados y llevarnos al error de creer que el hombre y la mujer son los Reyes de la Creación. Que por encima de ellos no hay nadie. La interpelación de Bartimeo, nos invita a reconocer humildemente, que todos somos pecadores. Que necesitamos a Dios para convertirnos en lo que somos: El Cuerpo de Cristo.

La respuesta de Jesús:

“¿Qué quieres que haga por tí? La respuesta de Jesús está llena de misericordia, de amor, de bienvenida. En esas palabras no hay condenación o juicio. Jesús vino para enseñarnos a amar. Para ayudarnos a levantarnos cada vez que caemos en el error, en el egoísmo, en la desconfianza.

El Papa Francisco no se cansa de recordarnos con sus palabras y actos, que la Buena Nueva del Evangelio es para todos y que el mensaje que debemos transmitir es un mensaje de amor, de confianza, de alegría. Dios está en medio de nosotros y nos busca para preguntarnos: ¿Qué quieres que haga por ti?

La liturgia de hoy nos invita a reconocer que necesitamos a Dios y a escuchar la voz del Señor que nos dice: ¿Qué quieres que haga por ti? Amén  

P. Germán
Comments