30th Sunday in the Church’s time C Los Angeles, October 26th /27th, 2019

posted Oct 25, 2019, 10:50 AM by German Sanchez

30th Sunday in the Church’s time C

Los Angeles, October 26th /27th, 2019

 “1st Reading: from the Ben Sirach 34:12-14,16,18

Psalm: 33(34)2-3,17-18,9-23

2nd Reading: 2nd Letter of St Paul to Timothy 4:6-8.16-18

Gospel: Saint Luke 18:9-14

Jesus told a parable to those men and women who thought of themselves as righteous and who despised all others."

While meditating on the Gospel of this Sunday, it occurred to me that if Jesus were to come to our world today, he would probably use the same parable to invite us to reflect on our relationship with God and with our brothers and sisters.

-Before God, do we see ourselves as righteous or as sinners?

-Do we treat all our brothers and sisters as our neighbors or, on the contrary, do we despise them?

1.- Before God, do we see ourselves as righteous or as sinners?

To make our prayer sincere, Christian, and effective, it is important to stand before God as what we are -sinners; not as what we are not -righteous.

It is true that we have not killed anyone, that we have not stolen, that we honor our parents, that we haven’t committed adultery... etc. There is a long list of things we haven’t done. But let’s be honest with ourselves. Ask yourself, if among the things you do, among the things that make you proud, do you include the time you have shared with the poor, the time visiting the elderly or prisoners, the time to fight against all kinds of injustices, the time you committed yourself to society and to the Church to build a better world..?.

Probably we all should recognize that we still have much to improve before we can stand before God as righteous people.

When we acknowledge before God that we are sinners because we don’t do everything we could for the good of humanity; when we acknowledge before God that in our life there are words and actions that are not truly motivated by love; then, we come before God as what we truly are: sinful men and women in need of the light and strength that come from the Lord.

Those who see themselves as righteous believe that they don’t need God. In their lives there is no place for God.

Those who see themselves as righteous build their lives without God and deprive themselves of the intervention of God who wants to reveal Himself to them, listen to them, bless them, and love them.

The words of Jesus, which are written in this week’s Gospel of Luke, invite us to reflect on the relationship we have with others.

2.- Do we treat all our brothers and sisters as our neighbors, or do we despise them?

We live in a world that, in theory, belongs to all men and women who inhabit it. Before God, however, we are all sinners.

So among us, all men and women in our world, there should be a relationship of respect, brotherhood, understanding, solidarity, and love. We cannot neglect, exploit, or consider some of our brothers and sisters as our inferiors.

Peace in our families, in our communities, our societies and our world cannot exist among us if there are men and women who despise, exploit and diminish their brothers and sisters.

In our world, clearly there are men and women who are more intelligent than others, richer than others, in better health than others, with more education than others, who are more fortunate than others... but it is also clear that we are all God's beloved children. We are all equal before God because we need His light and His strength to make good use of what the Lord has put in our hands for the benefit of all.

Our prayer will be sincere, it will be Christian, and it will be effective if we come before God as the sinners we are. Our relationships with our brothers and sisters will be good, productive, and happy if we treat them with the respect they deserve because we are all God's image on earth. Lord, teach us to pray and to respect all our brothers and sisters. Amen Fr. Germán

30º Domingo Tiempo de la Iglesia C

Los Ángeles, el 27 de octubre del 2019

1ª lectura: del libro de Ben Sirac el Sabio 34,12-14.16.18

Salmo: 33(34) 2-3,17-18,9-23

2ª lectura: de la 2º carta de Sn Pablo a Timoteo 4,6-8.16-18

Evangelio: de San Lucas 18,9-14

"Jesús dijo una parábola para ciertos hombres y mujeres que se consideraban justos y que despreciaban a todos los otros".

Al meditar con el Evangelio de este domingo, pensé que sí Jesús estuviera en medio de nosotros en este momento, probablemente utilizaría la misma parábola, para invitarnos a reflexionar sobre la relación que tenemos con Dios y con nuestros hermanos y hermanas.                                                                              

- ¿Frente a Dios, nos consideramos justos o pecadores?

- ¿Tratamos a todos nuestros hermanos y hermanas como nuestros semejantes, o los despreciamos?

1.- ¿Frente a Dios, nos consideramos justos o pecadores?

Para que nuestra oración sea sincera, cristiana y eficaz, es importante que nos presentemos delante de Dios como pecadores que somos y no como justos que no somos. Es cierto que no hemos matado a nadie, que no hemos robado, que respetamos a nuestros padres, que no deseamos a la mujer, o al esposo de nuestro prójimo, etc. La lista de todo lo que no hacemos es larga. Sin embargo, seamos honestos con nosotros mismos. Preguntémonos si entre las cosas que hacemos y por las que estamos orgullosos, se encuentran también el compartir con los pobres, la visita a las personas de edad avanzada, o que están en la cárcel, la lucha contra toda clase de injusticias, el compromiso en la sociedad y en la Iglesia por la construcción de un mundo mejor, ...

Probablemente todos debemos reconocer que todavía tenemos mucho por progresar, antes de presentarnos delante de Dios como personas justas.

Cuando reconocemos delante de Dios que somos pecadores, porque no hacemos todo lo que podríamos hacer por el bien de la humanidad; cuando reconocemos delante de Dios, que en nuestra vida hay palabras y actos que no están verdaderamente guiados por el amor; entonces nos presentamos delante de Dios tal como somos: es decir, como hombres y mujeres pecadores que necesitan luz y fuerza, que vienen de Él. Aquél que se considera justo cree que no necesita a Dios y en su vida no hay lugar para Dios. Aquel que se cree justo, construye y conduce su vida sin Dios, privándose de la intervención de Dios que desea revelarnos, escucharnos, bendecirnos, es decir, amarnos.

Las palabras de Jesús, que San Lucas nos comparte en el Evangelio de este domingo, nos invitan a reflexionar sobre la relación que tenemos con los demás.                                                                      

2.- ¿Tratamos a todos nuestros hermanos y hermanas como nuestros semejantes o los despreciamos?

Vivimos en un mundo que, en teoría, pertenece a todos los hombres y mujeres que lo habitan. Frente a Dios, todos somos pecadores. Entonces, entre nosotros, entre todos los hombres y mujeres de nuestra humanidad deben existir relaciones de respeto, de fraternidad, de comprensión, de solidaridad y de amor. No podemos despreciar, explotar o considerar ciertos de nuestros hermanos y hermanas inferiores a nosotros. La paz en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras sociedades y en nuestro mundo no puede existir, si entre nosotros hay hombres y mujeres que desprecian, explotan y desvalorizan a sus semejantes.  Es evidente que en nuestra humanidad hay hombres y mujeres más inteligentes que otros, más ricos que otros, con mejor salud que otros, que han estudiado más que otros, que les va mejor que a otros... Pero también es evidente que todos somos hijos bien amados de Dios. Todos somos iguales frente a Dios y todos necesitamos su luz y fuerza, para aprovechar de todo lo que Nuestro Padre ha puesto en nuestras manos, para el bienestar de todos.

Nuestra oración es sincera, cristiana y eficaz, siempre y cuando nos presentamos frente a Dios como pecadores que somos. Nuestras relaciones con nuestros hermanos y hermanas serán buenas, productivas y felices siempre y cuando, tratemos a todos nuestros hermanos y hermanas con el respeto que merecen, ya que todos somos imagen de Dios en la tierra. Enséñanos, Señor a orar y a respetar a todos nuestros hermanos y hermanas. Amen. P. Germán
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