30th Sunday of the Church A Los Angeles, October 25th, 2020

posted Oct 27, 2020, 6:31 PM by German Sanchez

30th Sunday of the Church A

Los Angeles, October 25th, 2020

1st Reading: from the Book of the Exodus 22:20-26 Psalm: 18: 2-3.3-4.47.51

2º Reading: from the1st Letter of St Paul to the Thessalonians 1,5c-10

Gospel: Saint Matthew 22,34-40

"You shall not molest or oppress an alien, for you were once aliens yourselves in the land of Egypt. You shall not wrong any widow or orphan. If ever you wrong them and they cry out to me, I will surely hear their cry. My wrath will flare up, and I will kill you with the sword; then your own wives will be widows, and your children orphans.”

What is said about migrant people, the widow and the orphan in the 22nd book of Exodus is not an ideological discourse (it is not a question of welcoming migrants without realism, nor give oneself a clear conscience). The question raised by the book of Exodus is that of the memory of an experience of salvation. Israel was in Egypt and was freed from it. But Israel has also repeatedly forgotten God's work of liberation in his history. The question that Exodus 22 asks us, through the reception of the migrant people, is that of our memory and our openness to vulnerability in our lives. For the book of Exodus, to remember one's own vulnerabilities is also to remember God's work of liberation in our lives. The place of vulnerability is therefore a place of encounter with God, of liberation by God, and also of openness to the vulnerability of others. This is what we have sung in the psalm: My God, my rock of refuge, my shield, the horn of my salvation, my stronghold! Praised be the LORD, I exclaim, and I am saved. Then, in the second reading, when Paul says to the Thessalonians: you became a model for all the believers in Macedonia and in Achaia. Paul does not say: "you are great", "you did such an excellent job", "you are the best", Paul does not praise the attitude of the Thessalonians because of their strength, or their success. The reason for this sentence comes first: You have received the word of the lord in the middle of great affliction. In other words, the Thessalonians in the midst of difficulties did not "armor" themselves and rely on themselves and their own strength alone (like being a bunker) but allowed themselves to be joined by the Word. And letting ourselves be joined by the Word of God is not possible if we do not let God join us in the place of our vulnerabilities. We often think that to present ourselves to God we have to be all beautiful and clean, and we hesitate to put under his gaze the parts of us that we judge ourselves unworthy of him. But it is exactly the opposite: by presenting our vulnerabilities to God, we give him the possibility to act in that place. "You shall love the Lord, your God, […] This is the greatest and the first commandment. The second is like it: You shall love your neighbor as yourself. The whole law and the prophets depend on these two commandments." For the Scriptures, and Jesus' interpretation of them, God cannot but be on the side of the vulnerable. The quality of relationship he wants to establish with us implies letting him connect with us in our vulnerability. It is a twofold openness: to the vulnerability of others, and letting God coming close to ours. And if this happens, yes, this opening up is more important than the mastery of our life according to the Law and the Prophets. This is the principle of faith. It is less a question of dominating a piece of knowledge or a code of good conduct than of allowing the word of God to resonate within us. There is no resonance without openness, without emptiness. This is the grace we can ask for: to open ourselves to the work of grace in the places where we are limited and to experience in the Church a word that sets us in motion and makes us weave a quality relationship with God and others. Amen. Fr. Yves 

30º Domingo del Tiempo de la Iglesia A

Los Ángeles 25 octubre del 2020

1ª lectura : del Libro del Éxodo 22,20-26

 Salmo : 17(18)2-3.3-4.47.51

2ª lectura: de la 1ª carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,5c-10

Evangelio: San Mateo 22,34-40

No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor; mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos.”

Lo que se dice del extranjero, de la viuda y del huérfano en el capítulo 22 del libro del Éxodo no es un discurso ideológico (no se trata de recibir al extranjero o al prójimo sin ser realistas, ni por principio y menos todavía para darse buena conciencia). La pregunta del libro del Éxodo es sobre la memoria de una experiencia de Salvación. Israel estuvo en Egipto y fue liberado. Pero Israel olvidó en varias ocasiones la obra de liberación operada por Dios en su historia. La pregunta que nos hace el Éxodo 22 por medio de la acogida del extranjero es sobre nuestra propia memoria y apertura a lo que es o ha sido vulnerable en nuestra vida. Para el Libro del Éxodo recordar sus propias vulnerabilidades es también recordar la obra liberadora de Dios en nuestra vida. El lugar de la vulnerabilidad es entonces un lugar de encuentro con Dios, de liberación por Dios y también de apertura a la vulnerabilidad de los demás. Eso es lo que cantamos en el salmo: “Tu que me liberas y me proteges, bendito seas Señor”. Luego, en la segunda lectura, cuando San Pablo dice a los Tesalonicenses: “..ustedes han llegado a ser ejemplo para los creyentes de Macedonia y de Acaya”. Pablo ni dice “ustedes son formidables” o “hicieron un trabajo excelente” o son los mejores, Pablo no alaba la actitud de los Tesalonicenses a causa de su fuerza o de sus logros. La razón de esa frase viene antes: “Ustedes acogieron la Palabra de Dios en medio de muchas pruebas”. En otras palabras, los Tesalonicenses en medio de sus pruebas no se “blindaron” o se encerraron en ellos mismos y contaron solamente con sus fuerzas, sino que fueron sensibles a la palabra. Y ser sensible a la palabra no es posible si no dejamos que Dios se una a nosotros en el lugar de nuestra vulnerabilidad. Frecuentemente pensamos que para presentarse a Dios debemos estar bien y limpios y dudamos colocar bajo su mirada las parte de nosotros que juzgamos indignas de Él. Solo que es exactamente lo contrario: al librar nuestras fragilidades a Dios, le damos la posibilidad de actuar en ese lugar. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”. Para las Escrituras y la interpretación que Jesús hace de ellas, Dios no puede no estar al lado del vulnerable. La calidad de relación que desea establecer con nosotros supone que lo dejemos acercarse a nuestra vulnerabilidad. Doble apertura a la vulnerabilidad de los demás y permitir a Dios de acercarse a la nuestra. Y si eso sucede, entonces nuestra apertura a Dios en el lugar de nuestra vulnerabilidad es más importante que el control de nuestra vida según la Ley y los Profetas. Ese es el principio de la fe. Ne se trata de dominar un conocimiento o un código de buena conducta sino de permitir que la palabra resuene en nosotros. No hay resonancia sin apertura, sin vacío. Esa es la gracia que podemos solicitar: abrirnos a la obra de la gracia donde están nuestros límites y experimentar en la Iglesia una palabra que nos pone en movimiento y no permite una relación de calidad con Dios y con los demás. Amen. P. Yves
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