30th Sunday of the Church A Los Angeles, October 28th / 29th, 2017

posted Oct 25, 2017, 6:07 PM by St Sebastian Catholic Parish

30th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, October 28th / 29th, 2017

1st Reading: from the  Book of the Exodus 22,20-26 Psalm : 17(18)2-3.3-4.47.51

2º Reading: 1st  Letter of St Paul to the Thessalonians 1,5c-10

Gospel: Saint Mathew 22,34-40

 

The Gospel tells us that the Pharisees tested Jesus by asking: “Teacher, which commandment in the Law is the greatest?”

They call Jesus Teacher because they know that his word is full of teachings. His word is a path that we should follow to be able to live fully.

In the question they speak about the Law because they are looking for a valid answer. For the Pharisees the Law was the Word of God and should be respected by all.

Jesus answers the question by a double answer.

The greatest commandment has two faces. It is like a coin that has two sides. The greatest commandment is incomplete if it lacks one of its two faces.

The greatest commandment in not an invention of Jesus. It comes from the Law, was present in the Book of Deuteronomy (Dt. 10:12-19) and in the Book of Exodus that we heard in the first reading.

The Bible, the Law, all the precepts of the Church and our faith are built around this commandment: Love God and your neighbor.

It is impossible to love God who is not visible if we don’t love our neighbor who is next to us.  

The love of God and the love of neighbor are inseparable because we are images of God on earth. The face of God is revealed in the faces of those who suffer, who love, who seek the truth and who work for justice. God is not in heaven, he is here with us. We can speak to him, touch him, he allows us to caress him and we can love him.

The commandment of love is like a path that guides us to God and to others. By loving God in others we are in communion with God and with our brothers and sisters.

The love of God and neighbor is the thermometer that we have in our hearts to measure happiness. There is not happiness if there is not love. The happiest people, the blessed, are people who overflow with love for God and for others.

In faith, in the life of all baptized there should be no selfishness or jealousy. We have been created to live with God’s love and the love of others.

Today’s liturgy invites us to practice the great commandment: to live in communion with God and with our brothers and sisters.

 Amen.   Fr. Germán

30º  Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 29 octubre del 2017

1ª lectura : del Libro del Éxodo 22,20-26

 Salmo : 17(18)2-3.3-4.47.51

2ª lectura : de la 1ª carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,5c-10

Evangelio: San Mateo 22,34-40

 

El Evangelio nos dice que los fariseos le hacen una pregunta a Jesús para ponerlo a prueba. “¿Maestro, cuál es el mandamiento más grande de la ley?

Ellos llaman a Jesús Maestro porque saben que su palabra está llena de enseñanzas. Su palabra muestra el camino que debemos seguir, para vivir plenamente nuestra humanidad.

En su pregunta, se refieren a la Ley porque desean una respuesta que pueda aplicarse a todos. La Ley era la Palabra de Dios. Debía ser respetada por todos para vivir dignamente.

Jesús responde a la pregunta con una respuesta doble.

El gran mandamiento tiene dos caras. Le gran mandamiento es como una moneda que tiene dos lados. El gran mandamiento tiene dos pulmones. El gran mandamiento está incompleto, si le falta una de sus dos caras.

El gran mandamiento no es un invento de Jesús. Viene de la Ley, estaba presente en el Libro del Deuteronomio (Dt. 10,12-19) y en el Libro del Éxodo que escuchamos en la primera lectura. 

Toda la Biblia, toda la Ley, todos los preceptos de la Iglesia y toda nuestra fe se construyen alrededor de este mandamiento: Ama a Dios y a tu próximo.

Es imposible amar a Dios, que no es visible, si no amamos  a nuestro prójimo que está al lado de nosotros.

El amor de Dios y del prójimo son inseparables. Porque el hombre y la mujer son la imagen de Dios en la tierra. El rostro de Dios se revela en el rostro del hombre y de la mujer que sufren, del hombre y de la mujer que aman, del hombre y de la mujer que buscan la verdad y que trabajan por la justicia. Dios está presente en el corazón de todo hombre y mujer que trabaja por la paz. Dios no está en el cielo, está al lado nuestro, podemos hablarle, tocarlo, se deja acariciar, no está lejos de nosotros y podemos amarlo.

El mandamiento del amor es como un camino que nos conduce a Dios y a los demás. Por medio del amor a Dios y a los demás, entramos en comunión con Dios y con nuestros hermanos y hermanas.

El amor de Dios y del prójimo es el termómetro que tenemos en el corazón, para medir la felicidad. No hay felicidad si no hay amor. La felicidad más grande, las personas más felices, los bienaventurados son las personas que desbordan de amor por Dios y por los demás.

En la fe, en la vida de todos los bautizados no debería existir egoísmo o envidia. Hemos sido creados para vivir del amor de Dios y del amor por los demás.

La liturgia de hoy nos invita a practicar el gran mandamiento para vivir en comunión con Dios y con nuestros hermanos y hermanas.

Amen.

P. Germán
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