30th Sunday of the Church Time A LA, Oct. 25th / 26th, 2014

posted Oct 23, 2014, 12:34 PM by German Sanchez

30th Sunday of the Church

Time A

Los Angeles, October 25th / 26th, 2014

1st Reading: from the  Book of the Exodus 22,20-26 Psalm : 17(18)2-3.3-4.47.51

2º Reading: 1st  Letter of St Paul to the Thessalonians 1,5c-10

Gospel: Saint Mathew 22,34-40

The Gospel of this Sunday takes us to the heart of the Gospel, the essential message of Jesus, the foundation of our faith, the contents of the teachings of the Church.

Love the Lord your God with all your heart and with all your soul and with all your mind. You shall love your neighbor as you love yourself.” The whole law and the prophets depend on these two commands.

Christians, the baptized people, the disciples of Christ, are men and women who know that the only way to happiness is through love: love of God and neighbor.

Love for God and love for your neighbor are inseparable. It’s not possible to love a God we can´t see if we don´t love our neighbor whom we see every day. We cannot truly and unconditionally love our neighbor without loving God and without recognizing His face in the faces of our brothers and sisters.

You are lying to yourself if you think that you can love God without making any effort to love your neighbors with all their strengths and weaknesses. God is revealed in the lives of men and women and especially in the lives of those who suffer or those who are marginalized. Our God is not in heaven. He is in our midst. God is not an unreachable spirit. He became flesh to dwell among us and to teach us to recognize Him in the lives of our neighbors.

So our love for God depends on our love for our brothers and sisters.

And our love for others also depends on our love for God. The more we recognize the presence of God in life, and in the lives of our brothers and sisters, the more we will practice justice, respect and mercy.

To express our love for others we need to treat them as God treats us. Justice, respect, and mercy are essential in our human relations to reproduce the relations that God has with us.

Sometimes we find it hard to recognize God’s image in the lives of our brothers and sisters.

In such cases we should reaffirm our faith and remember that God is present and linked to every man and woman regardless of their sins or sufferings.

Love is not just a word, love is a demanding project, a difficult path, but it is the only way to build our world as God wanted it at the time of creation.

If we love God we must also love our neighbor because God is revealed in the lives of our brothers and sisters. If we love our neighbor we must also love God because our neighbor is in God’s heart and the happiness and salvation of humanity is God’s only concern.

Let’s commit today to live our faith. Let’s take the path of justice, respect and mercy to show society that we love God and our neighbor as we love ourselves. Such is our faith. The Eucharist and the Sacraments give us strength to live this great commandment: love God and your neighbor as you love yourself. Amen.   Fr. Germán

30º  Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 26 octubre del 2014

1ª lectura : del Libro del Éxodo 22,20-26

 Salmo : 17(18)2-3.3-4.47.51

2ª lectura : de la 1ª carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,5c-10

Evangelio: San Mateo 22,34-40

El Evangelio de este domingo nos propone el corazón de la Palabra de Dios, lo esencial del mensaje de Jesús, el fundamento de la fe, el contenido de la enseñanza de la Iglesia.

Amarás al Señor tu Dios con  todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo.” En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas.”

Los cristianos, los bautizados, los discípulos de Cristo son hombres y mujeres que saben que el único camino para alcanzar la felicidad es el del amor: Amar a Dios y a su prójimo como a sí mismo.

El amor de Dios y hacia nuestro prójimo son indisociables. No podemos amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos a nuestro prójimo que frecuentamos todos los días. No podemos amar verdaderamente e incondicionalmente a nuestro prójimo, si no amamos a Dios. Si no reconocemos la imagen de Dios, en la vida de nuestros hermanos y hermanas.

Si decimos que amamos a Dios, pero no hacemos esfuerzo alguno por amar a nuestro prójimo, con sus cualidades y defectos, estamos en la mentira. Dios se revela en la vida del hombre y de la mujer, sobre todo en la vida de aquellos que sufren y que están al margen de la sociedad. Dios no está en el cielo, Él está en medio de nosotros. Dios no es un espíritu inabordable, Él se encarnó para vivir en medio de nosotros. Para que nos fuese posible reconocerlo en la existencia de nuestro prójimo.

Entonces, nuestro amor por Dios se basa en el amor por nuestros hermanos y hermanas.

Y el amor hacia el prójimo se basa también en el amor hacia Dios. Mientras más reconozcamos la presencia de Dios en la vida, en la existencia de nuestros hermanos y hermanas, más vamos a practicar la justicia, el respeto y la misericordia con ellos.

Para manifestar el amor por el prójimo, debemos comportarnos con ellos, de la misma manera que Dios se comporta con nosotros. La justicia, el respeto y la misericordia, son indispensables en nuestra interacción con los demás, para seguir el modelo de relación que Dios tiene con nosotros.

A veces nos cuesta trabajo, reconocer en la vida de nuestros hermanos y hermanas, la imagen de Dios. En esos casos debemos afirmar nuestra fe, recordar que Dios está presente, ligado a cada hombre y mujer, sin importar su pecado o su sufrimiento.

Amar no es simplemente una palabra, es un proyecto exigente, un camino difícil.

Sin embargo, es la única ruta que tenemos frente a nosotros para construir la humanidad, como Dios la quiso en el momento en el cual la creó.

Si amamos a Dios debemos amar a nuestro prójimo, porque Dios se revela en la vida de nuestros hermanos y hermanas. Si amamos a nuestro prójimo, debemos amar a Dios porque nuestro prójimo está  en el corazón de Dios. La felicidad, la salvación de la humanidad es la única preocupación de Dios.

Comprometámonos hoy a vivir la fe. Tomemos el camino de la justicia, el respeto y la misericordia para mostrar a la sociedad que amamos a Dios y a nuestro prójimo, como a nosotros mismos. Esta es nuestra fe y tanto la Eucaristía como los Sacramentos, son el alimento para vivir este gran mandamiento: amar a Dios y  al prójimo como a uno mismo.

Amen.

P. Germán
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