32nd Sunday in OT year B LA, Nov. 10th/11th, 2012

posted Nov 7, 2012, 5:21 PM by German Sanchez   [ updated Nov 8, 2012, 3:53 PM ]

32nd Sunday in Ordinary time

year B

Los Angeles, November 10th/11th, 2012

1st Reading: from the 1sr Book of the Kings 17:10-16

Psalm : 146:7,8-9,9-10

2º Reading: from the letter to the Hebrews 9:24-28

Gospel: Saint Mark 12:38-44

 

The liturgy of this Sunday is built on two human and spiritual qualities: solidarity and trust.

These are two qualities that before being Christian are simply human. We all need solidarity and trust to live in a family, in society and in the world.

We all have grown up and developed the skills we possess through the solidarity and trust of our parents, our friends and society.

Let’s keep in mind that the solidarity and trust we have received throughout our lives can now be offered to others through us.

Solidarity and trust are human qualities ​​and today, as we celebrate November 11, let’s remember all those who lived deeply in solidarity and trust thus seeing the end of World War I and experiencing peace in 1918.

Let’s observe a minute of silence to pray and thank all the victims of World War I who lost their lives to give us a better world.

You ans I do not experience war although war is always present in too many countries. And as in 1918, now more than ever our world needs heroic men and women who can live as Christians in solidarity and in trust.

The liturgy of this Sunday presents us with two prophetic women.

Both offered all that they have because they trusted God.

Their actions announced the passion and death of Jesus. In his passion and death in Jerusalem, Jesus gave everything in solidarity with humankind, putting trust in his Father to raise him on the third day.

In Christian life solidarity and trust should be values that resemble the prophetic act of these women in today’s liturgy.

I have met in the United States some very generous people who are not necessarily rich but who simply understand that everything they have, be it little or more, comes from God.

When we forget that God has given us all that we are and all that we have, it is hard to live in solidarity and trust. When we forget that God demands that we share what He has given to us, we lock ourselves in selfishness and in our possessions, living with fear of the future and of not having enough.

Christian solidarity and the trust of the disciples of Jesus must go beyond simple human solidarity and trust. We should follow the example of both women who offered everything in the first reading and in the Gospel.

We should follow the example of Christ who has given us everything.

We should follow the footsteps of those who selflessly gave away everything for the love of others, convinced that their acts would produce indescribable fruits and be praised by God.

Let’s not be afraid to give selflessly as God has given us everything and keeps giving us much more than we need.

Solidarity and trust will flourish in our world if you and I start to practice them as Christians.

Amen.

Fr. Germán

32º Domingo del tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico B

Los Ángeles, 10/11 noviembre del 2012

1ª lectura: del 1er libro de los Reyes 17,10-16

Salmo: 145(146)7.8-9.9-10

2ª lectura: de la carta a los Hebreos 9,24-28

Evangelio: de San Marcos 12, 38-44

 

La liturgia de este domingo se construye sobre dos cualidades humanas y espirituales: la solidaridad y la confianza.

Estos dos valores, antes de ser cristianos son simplemente humanos. Todos necesitamos de la solidaridad y la confianza para vivir en familia, en  sociedad y en el mundo.

Todos hemos crecido  y hemos desarrollado  los dones que poseemos, gracias a la solidaridad y a la confianza de nuestros padres, de nuestros amigos y de la sociedad.

Debemos tener presente  la solidaridad y la confianza que hemos recibido a lo largo de nuestra vida, para ofrecer ahora la solidaridad y la confianza a los demás.

La solidaridad y la confianza son valores humanos y al celebrar hoy el 11 de noviembre, pensamos en aquellos(as) que vivieron profundamente la solidaridad y la confianza para llegar a obtener el final de la  Primera Guerra Mundial y la paz en 1918.

Les propongo un minuto de silencio para orar y agradecer a todas las víctimas de la Primera  Guerra  Mundial que entregaron su vida para ofrecernos un mundo mejor.

Hoy no estamos en guerra, aunque la guerra está siempre presente en demasiados países. Y como en 1918, ahora más que nunca, nuestro mundo necesita hombres y mujeres heroicos que vivan la solidaridad y la confianza de una manera cristiana.

La liturgia de este domingo nos presenta a dos mujeres que realizan un gesto profético.

Las dos ofrecen todo lo que tienen para vivir por que tienen confianza en Dios.

El gesto de esas mujeres anuncia la pasión y la muerte de Jesús. En su  pasión y  muerte en  Jerusalén, Jesús, por solidaridad con la humanidad, ofrece todo lo que tiene y pone su confianza en su Padre que lo resucitará al tercer día.

La solidaridad y la confianza en la vida cristiana, deben ser valores que tiendan a asemejarse al acto profético de las dos mujeres que la liturgia nos propone hoy.

En los Estados Unidos he encontrado  gente,  bastante generosa, que lo son,  no  por ser ricos, sino que simplemente reconocen que lo poco o lo mucho que poseen, todo viene de Dios.

Cuando olvidamos que Dios nos ha dado todo lo que somos y todo lo que poseemos, nos cuesta trabajo ser solidarios y vivir con confianza. Cuando olvidamos que Dios nos pide que compartamos lo que Él nos ha dado,  nos encerramos en el egoísmo,  en nuestras riquezas,  sentimos miedo del futuro y miedo de no tener lo necesario para vivir.

La solidaridad cristiana y la confianza de los discípulos de Jesús,  deben ir más allá de la simple solidaridad y confianza humanas. Debemos seguir el ejemplo de esas mujeres  de la primera lectura y del Evangelio. Debemos seguir el ejemplo de Cristo que nos ha dado todo. Debemos seguir los pasos de aquellos(as) que se entregaron sin contar por amor a  los demás convencidos de que su gesto produciría frutos inimaginables  y sería reconocido por Dios.

No hay que tener miedo de dar sin contar ya que Dios nos ha dado todo y  continúa ofreciéndonos mucho más de lo que necesitamos.

La solidaridad y la confianza florecerán en nuestro mundo si ustedes y yo comenzamos a vivirlas cristianamente.

Amén

P. Germán
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