32nd Sunday in OT year B Los Angeles, November 10th/11th, 2018

posted Nov 10, 2018, 6:03 PM by St Sebastian Catholic Parish

32nd Sunday in Ordinary Time

year B

Los Angeles, November 10th/11th, 2018

1st Reading: from the 1sr Book of the Kings 17:10-16

Psalm : 146:7,8-9,9-10

2º Reading: from the letter to the Hebrews 9:24-28

Gospel: Saint Mark 12:38-44

One hundred years ago the First World War ended and today we celebrate that anniversary with joy. In the world there are still too many countries that are at war and those wars are the cause of the displacement of many families that look for a better future for their children or simply that they have no other solution than to flee to avoid dying of hunger or dying in the middle of war.

The big challenge for many governments today is immigration.

In Europe, here in the United States and in Colombia, countries that I know well, immigration has become a weapon to win elections and immigrants have become one of the most important subjects of conversation.

Immigration is a complex problem and I would not like to present it as something banal.

There are people who are favorable to receiving immigrants with a welcoming policy, of course, and others believe that the solution is to close the borders and return the immigrants to their countries.

I think today's liturgy invites us to reflect on our way of welcoming, sharing and having confidence.

Welcome.

The widow of Sarepta, welcomes that visitor, that foreigner of passage, who asks for a little bread and a little water. She welcomes him without knowing who he is. She does not know that she allowed an envoy of God, a prophet, a saint into her house. It is a fundamental error to believe that all immigrants who request being welcomed are criminals, terrorists or delinquents. I am sure that in the midst of these immigrants there are many good people, intelligent men and women and children who tomorrow will be remarkable citizens, if we welcome them today. To welcome the immigrant is to open our houses to God who comes to visit us as those who are hungry or thirsty.

Share.

The widow of Sarepta has only a jug of water, a little flour and a little oil to make bread and wait for death. She shares what she has for her and for her son with the visitor who is hungry and thirsty. And in the Gospel, Jesus praises the poor widow who offers two coins to the collection in the Temple. These two women share what little they have because they know that those  who give, receive, and that the more we give, the more we receive. The gift does not respect the mathematical laws. The result of the sharing of our goods is the multiplication of these.

Trust.

Both the widow of Sarepta and the poor widow of the Gospel share what little they have because they live with confidence. Those who are afraid and do not believe in the goodness of God, refuse to give or share because they are always afraid of not having enough. If we are afraid to give or if we do not share enough, it is because we do not have enough confidence in God's generosity. We forget that he gave us everything and that he keeps giving us without us having any merit.

Let's look at those two women of today's liturgy and  not be afraid to welcome, share and have confidence.

Amen.

Fr. Germán

32º Domingo del Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico B

Los Ángeles, 11 noviembre del 2018

1ª lectura: del 1er libro de los Reyes 17,10-16

Salmo: 145(146)7.8-9.9-10

2ª lectura: de la carta a los Hebreos 9,24-28

Evangelio: de San Marcos 12, 38-44

Hace cien años terminó la primera guerra mundial, hoy celebramos con alegría ese aniversario. En el mundo todavía hay demasiados países que se encuentran en guerra. Esas guerras han sido la causa del desplazamiento de muchas familias que buscan un mejor futuro para sus hijos, o simplemente porque no tienen otra solución que la de huir, para evitar morir de hambre, o morir en medio de la guerra.

El gran desafío para muchos gobiernos de hoy es la inmigración.

En Europa, aquí en Estados Unidos y en Colombia, países que conozco bien, la inmigración se ha convertido en una arma, para ganar las elecciones. Los inmigrantes se han transformado en el sujeto de conversación y están en el primer título de las informaciones.

La inmigración es un problema complejo, por lo que no quisiera presentarlo como algo banal.

Hay gente a favor de recibir inmigrantes, con una política de acogida, por supuesto, y otros creen que la solución sería  cerrar las fronteras y regresar los inmigrantes a su país.

Pienso que la liturgia de hoy nos invita a reflexionar, sobre nuestra manera de acoger, de compartir y de tener confianza.

Acoger.

La viuda de Sarepta, acoge ese visitante, ese extranjero de paso, que le solicita un poco de pan y un poco de agua. Lo recibe sin saber quién es. No sabe que ha permitido la entrada en su casa a un enviado de Dios, un profeta, un santo. Es un error fundamental creer que todos los inmigrantes que solicitan ser acogidos son criminales, terroristas o delincuentes. Estoy seguro de que en medio de esos inmigrantes, hay mucha gente de bien, hombres y mujeres inteligentes y niños que mañana serán ciudadanos remarcables, si los recibimos hoy. Recibir al inmigrante es abrir nuestra casa a Dios, que viene a visitarnos por medio de quien tiene hambre o sed.

Compartir.

La viuda de Sarepta tiene solamente una jarra de agua, un poco de harina y un poco de aceite para hacer un pan y esperar la muerte. Comparte lo que tiene para ella y para su hijo, con el visitante que tiene hambre y sed. En el Evangelio, Jesús hace el elogio de la pobre viuda que ofrece dos piezas de moneda, en la colecta del Templo. Esas dos mujeres comparten lo poco que tienen, porque saben que quien da, recibe y que entre más damos, más recibimos. El don no respeta las leyes matemáticas. El resultado de la división de nuestros bienes para compartirlos, es la multiplicación de éstos.

Confianza.

Tanto la viuda de Sarepta como la pobre viuda del Evangelio, comparten lo poco que tienen con los  demás porque viven con confianza. Quienes tienen miedo y no creen en la bondad de Dios, se niegan dar, o compartir porque siempre tienen miedo de no tener suficiente. Si tenemos miedo de dar, o si no compartimos lo suficientemente, es porque no tenemos suficiente confianza en la generosidad de Dios. Olvidamos que nos ha dado todo y seguirá dándonos sin que tengamos algún mérito.

Observemos esas dos mujeres de la liturgia de hoy. No tengamos miedo de recibir, de compartir y de tener confianza.  Amén

P. Germán
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