32th Sunday of the Church Time A Dedication of St John Lateran Basilica LA. Nov. 8th/ 9th, 2014

posted Nov 6, 2014, 4:26 PM by German Sanchez

32th Sunday of the Church

Time A

Dedication of St John Lateran Basilica

Los Angeles, November 8th/ 9th, 2014

1st Reading: from the  book of Ezekiel 47:1-2,8-9,12

Psalm : 46:2-3,5-6,8-9

2º Reading: the1st  Letter of St Paul to the Corinthians 3:9b-11,16-17

Gospel: Saint John 2,13-22

Today we celebrate the dedication, in other words, the consecration of the Basilica of Saint John Lateran which is one of the four major basilicas of Rome together with St. Peter, St. Mary Major and St. Paul Outside the Walls. The Basilica of Saint John Lateran was the first Christian building constructed in the West and was consecrated by Pope Sylvester I on November 9 of 324.

To celebrate this feast, the liturgy reminds us that we, the baptized, are the Body of Christ. When Jesus found that the Temple of Jerusalem had been turned into a market for traffic and trade He strongly drove out everyone who was buying and selling there. Jesus’ attitude was prophetic. It expressed that we are the Body of Christ, both individually and in community, and that our body should always be respected.

Individually, we are the Body of Christ:

Paul insists and is very clear when he writes in his letter to the Corinthians that, through baptism and the sacraments, we are the temple of God and that the Spirit dwells in us. If we carry within us the Spirit of God, if God has chosen to inhabit our body, we need to respect that body which allows us to enter into relationships with our brothers and sisters and which allows us to host the Spirit of God.

Even today, God shows his anger whenever people traffic the human body or human organs. Our body is sacred and should be respected. Slavery, the exploitation of others, prostitution, abortion, the death penalty, the sale of organs, the marginalization of the poor, the elderly or the sick, are the trades of our time and the Church will not cease to denounce them.

Every human being must be respected because men and women are the images of God and God inhabits every person. Through the sacraments, the Church reminds us that the Spirit dwells in us and that we are sent into the world to proclaim this good news.

In community, we are also the Body of Christ.

Jesus tells us that where two or three people have gathered in his name, there is He among them. (Mt 18,20). Vatican II tells us that the Christian family is a "domestic church", in other words, a small temple where God dwells. Through the sacrament of marriage, the family becomes the ideal place where two or three people come together in the name of Christ.

The Church, that is the Christian community gathered together, and the domestic church, the family, are also the Body of Christ. This is the reason the Church teaches that the family should be respected and protected by laws and by governments. This is why the Church insists that we come together on Sundays. Christ does not plan to save us apart from one other; He came to establish a community, a family of people who can live in communion with Him and with each other.

For the family of God the Church is what home is for families. There is not family without house. The human family and the spiritual family that is the Christian community, gathered together are essential for the Body of Christ to be revealed today.

If our families are unable to pass on the knowledge of Christ and, if the Christian community doesn’t gather together, Christianity disappears.

We are the Body of Christ. Let’s respect our body and let’s participate in the life of the Christian community to make the Body of Christ visible, respected, and known to everyone today.

Amen. Fr. Germán

32º  Domingo del Tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Dedicación de la Basílica San Juan de Letrán

Los Ángeles 9 de noviembre del 2014

1ª lectura : del Libro de Ezequiel 47,1-2.8-9.12

 Salmo: 45(46)2-3.5-6.8-9

2ª lectura : de la 1ª carta de San Pablo a los Corintios 3,9b-11.16-17

Evangelio: San Juan 2,13-22

Hoy celebramos la dedicación, es decir, la consagración de la Basílica San Juan de Letrán. Al igual que la Basílica de San Pedro, Santa María Mayor y San Pablo Extramuros, la Basílica San Juan de Letrán, es una de las cuatro basílicas mayores de Roma. San Juan de Letrán fue el primer edificio cristiano construido en occidente y fue consagrado el 9 de noviembre del 324 por el papa de la época Sylvestre 1º.

Para celebrar esta fiesta, la liturgia nos recuerda que nosotros, los bautizados, somos el Cuerpo de Cristo. Cuando Jesús vio que el Templo de Jerusalén había sido transformado en mercado y en casa de tráfico, se enfurece y retira enérgicamente a los comerciantes del Templo. El gesto de Jesús es profético. Nos anuncia que nosotros somos el Cuerpo de Cristo individualmente y en comunidad. Que el Cuerpo de Cristo, deber ser respetado siempre y en todo lugar.

Nosotros somos el Cuerpo de Cristo individualmente.

San Pablo insiste mucho, y es muy claro cuando afirma en su carta a los Corintios, que por medio del bautismo y los sacramentos, nosotros somos el templo de Dios, que el Espíritu habita en nosotros. Si llevamos en nosotros el Espíritu de Dios, si Dios eligió  nuestro cuerpo para habitar,  debemos respetar ese cuerpo que nos permite interactuar con nuestros hermanos y hermanas. Que nos permite hospedar al Espíritu de Dios.

Todavía hoy, Dios manifiesta su cólera cada vez que traficamos con el cuerpo humano o con los órganos de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es sagrado y debe ser respetado. La esclavitud, la explotación, la prostitución, el aborto, la pena de muerte, la venta de órganos, la marginalización de las personas pobres, de edad avanzada o enfermas, son formas de traficar de nuestra época y la Iglesia lo denuncia incansablemente. 

Todo ser humano debe ser respetado porque el hombre y la mujer son la imagen de Dios y en todo ser humano Dios habita. En los sacramentos, la Iglesia nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en nosotros. Que hemos sido enviados al mundo para anunciar esta Buena Nueva.

Nosotros somos también el Cuerpo de Cristo en comunidad.

Jesús nos dice que en donde haya dos o tres reunidos en su nombre, ahí está Él. Mt 18,20. El Concilio Vaticano II nos dice que la familia cristiana, es una “iglesia doméstica”, es decir un pequeño templo, en el cual Dios habita. Por medio del Sacramento del matrimonio, la familia se transforma en el lugar por excelencia, en el cual se reúnen dos o tres en nombre de Cristo. Tanto la Iglesia, que es la comunidad cristiana reunida, como la iglesia doméstica, que es la familia, son también el Cuerpo de Cristo. Esta es la razón por la cual, la Iglesia nos enseña que la familia debe ser respetada, protegida por las leyes y por los gobernantes. Esta es la razón por la cual, la Iglesia insiste para que nos reunamos los domingos. Cristo no quiere salvarnos separadamente unos de otros; Él vino para formar un pueblo, una comunidad, una familia de personas que vivan en comunión con Él y entre sus integrantes.

La iglesia es para la familia de Dios lo que la casa-habitación es para la familia.  No hay familia sin casa. La familia física y la familia espiritual, son indispensables para que el Cuerpo de Cristo se manifieste hoy. Si nuestras familias no nos enseñan a conocer a Cristo y si la comunidad cristiana no se reúne, el cristianismo desaparecerá.

Somos el Cuerpo de Cristo, respetemos nuestro cuerpo y participemos a la vida de la comunidad cristiana para que el Cuerpo de Cristo sea visible, respetado y conocido por todos hoy.   Amen.  P. Germán
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