3rd Sunday of Easter LA, May 3rd-4th, 2014

posted May 1, 2014, 4:11 PM by St Sebastian Catholic Parish

3rd Sunday of Easter

Time A

Los Angeles, May 3rd-4th, 2014

1st Reading: from the Acts of the Apostles 2,14.22-23

Psalm : 15(16)1-2.5.7-8.9-10.11

2º Reading: from the 1st letter of Saint Peter 1,17-21

Gospel: according to Luke 24,13-35

Today’s Gospel describes the encounter between Jesus and some disciples on the road to Emmaus.

From this reading we can take three points for this week’s reflection:

The disciples were blind.

The disciples were slow of heart to believe.
The disciples recognized Jesus as He was breaking the bread.

The disciples were blind.

The evangelist recounts that the disciples on the road from Jerusalem to Emmaus were sad, disappointed and probably a little desperate. They had placed their hopes in Jesus of Nazareth, but for them everything had finished in an obvious failure. Their suffering, confusion, and despair didn’t allow them to recognize the person who was walking and talking at their side. Jesus is always close to those who are suffering or are in the darkness of evil or sin. Jesus always walks beside us.

The disciples were slow of heart to believe.

Jesus asked the disciples how they could be so slow to believe all that the prophets had been saying. Ever since Adam and Eve turned away from God, our Father sent prophets and messengers to proclaim that Christ would be coming and that sin, evil, and death, would be defeated.

Noticing the incredulity of humankind, God sent his own Son. Our Lord came to tell us that He loves us. That evil, suffering, and sin will disappear when Christ will return.

The text of the Gospel also tells us that the disciples of Emmaus recognized Jesus as He was breaking bread.

Then their eyes were opened and they could see and recognize Him, the Risen Lord. Their minds were illuminated so they could understand the Scriptures. Their hearts were softened so they could accept the faith. A dinner with Christ enabled the disciples of Emmaus to regain hope and to strengthen their willingness to live and to proclaim the Good News with their loved ones.

We all need the Eucharist to understand the Word of God. The Eucharistic meal nurtures our faith, shows us the way, and strengthens us to live in this world as children of God and as workers of peace.

A Christian who does not regularly participate in the Eucharist is a malnourished Christian; his faith is at risk of death or at risk of becoming a simple superstition.

If we want to announce with joy that Christ dwells in our hearts and that He lives in our world, we need to nurture our faith with the Eucharist.

We need to be well prepared for our Eucharistic meals so we can have a joyful encounter with Christ.

If we celebrate the Eucharist with joy, we will return home to convey to the world the joy of the Gospel about which pope Francis reminds us so frequently.

On this Third Sunday of Easter, let us ask the Risen Lord to open our hearts and to help us to understand the beauty, joy, and richness of the Eucharist. Then, we can live happily in a world in need of men and women full of God’s Spirit. Amen.  

Fr. Germán

3º Domingo de Pascua

Año Litúrgico A

Los Ángeles, el 4 de mayo del 2014

1ª lectura: de los Hechos de los Apóstoles 2,14.22-23

Salmo : 15(16) 1-2.5.7-8.9-10.11

2ª lectura : de la 1ª carta de San Pedro 1,17-21

Evangelio: de San Lucas 24,13-35

El Evangelio de este domingo, nos habla  del encuentro entre Jesús  Resucitado y los discípulos de Emaús. De este texto podemos retener tres puntos para la reflexión de esta semana:

Los discípulos estaban ciegos

Los discípulos tenían un corazón rígido para creer.

Los discípulos lo reconocieron al compartir el pan.

Los discípulos estaban ciegos.

El evangelista nos dice que los discípulos que caminaban  de Jerusalén hacia  Emaús estaban tristes, desilusionados y seguramente un poco desesperados. Ellos habían puesto toda su esperanza en Jesús de Nazaret. Para ellos, todo  había terminado en un fracaso aparente. El sufrimiento, la incomprensión y la desesperación,   les impedía  reconocer a Aquél que caminaba y que hablaba con ellos. Jesús está siempre cerca de las personas que sufren o que se encuentran en la oscuridad del mal o del pecado. Jesús camina siempre a nuestro lado.

Los discípulos tenían un corazón rígido para creer.

Jesús les dice a los discípulos que tienen un corazón rígido para creer en todo lo que los profetas habían anunciado. Desde que Adán y Eva se alejaron de Dios, nuestro Padre de manera continua, envió   profetas y mensajeros, para anunciar que Cristo iba a venir.  Que el pecado, el mal y la muerte iban a ser vencidos.

Viendo la incredulidad de la humanidad, Dios nos envía a su propio Hijo. Dios vino a decirnos que nos ama.  Que el mal, el sufrimiento y el pecado,  van a desaparecer cuando Cristo regrese.

El texto del Evangelio nos dice también que los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús al compartir el pan.

Los ojos de los discípulos se abrieron,  pudieron ver y reconocer a  Jesús Resucitado. Su inteligencia se iluminó para comprender las Escrituras. Su corazón se suavizó para aceptar la fe. La cena con  Jesús  Resucitado, permite a los discípulos de Emaús recobrar la Esperanza, el deseo de vivir y la aspiración de ir a compartir la Buena Nueva con sus amistades.

Nosotros necesitamos de la Eucaristía para comprender la Palabra de Dios. La cena Eucarística alimenta nuestra fe, nos muestra el camino y nos da fortaleza  para vivir en el mundo, como Hijos(as) de Dios y obreros de paz.

Un cristiano que no participa regularmente a la Eucaristía, es un cristiano desnutrido o débil.   Su fe está en peligro, corre el riesgo de morir o de transformarse en fanatismo o superstición.

Si queremos anunciar con alegría que Cristo vive en nuestro corazón y que está vivo en nuestro mundo, debemos alimentar la fe con la Eucaristía.

Debemos preparar bien nuestras Eucaristías para que sean un encuentro  con Cristo.

Si celebramos la Eucaristía con alegría, vamos a regresar a nuestros hogares para compartir  al mundo, la felicidad del Evangelio de la cual el Papa Francisco habla frecuentemente.

En este tercer domingo de Pascua, pidámosle a Jesús Resucitado, que abra nuestro corazón y nos ayude a comprender la belleza, la alegría y la riqueza de la Eucaristía. Entonces, viviremos felices en este mundo que necesita hombres y mujeres llenos del Espíritu de Dios. 

Amen.

P. Germán
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