3rd Sunday of Easter Year B Los Angeles, April 14th– 15th 2018

posted Apr 13, 2018, 6:33 PM by German Sanchez

3rd Sunday of Easter  Year B

Los Angeles, April 14th– 15th 2018

1st Reading: Acts of the Apostles 3,13-15.17-19

Psalm : 4,2.4.7-8.9

2º Reading: 1st letter of St John 2,1-5

Gospel: Saint Luke 24,35-48

The meeting of the risen Jesus with the pilgrims of Emmaus and the intervention of Peter after the resurrection of Christ invite us to reflect on our encounter with Jesus and on the testimony of our faith that we give to the world.

Our encounter with Jesus.

The Christian faith is not a theory or a philosophy. The Christian faith is an encounter with a man who lived in Palestine, who died in Jerusalem and who, after his resurrection, revealed to us his divinity and his presence with us. All Christians experience an encounter with the risen Jesus. We must listen to his word, receive his Body in the Eucharist and discover his face in the life of our brothers and sisters, particularly in the lives of those who suffer. We must feel the presence of the risen Christ in our lives. We must discover his action in our words and deeds. Like the disciples of Emmaus, we must open our eyes to see the risen Christ in all the moments of our lives in which God intervenes to help us to love, to be at peace and to maintain confidence despite the difficulties of life. We must learn to listen to the Lord who speaks to us each time the Word of God is proclaimed. We must understand that each time we receive a Sacrament the Spirit of God comes again to dwell in us.

If we take time and if we use the necessary means to have a face to face, a heart to heart encounter with the risen Christ, we will discover the beauty of faith and the joy of living always with Jesus.

If we have had the experience of the encounter with Jesus, we will want to give testimony of our faith.

In the book of the Acts of the Apostles we read that Peter was not afraid to made a speech and to announce the resurrection of Christ. Peter was a fisherman who had not studied. He did not have the knowledge of many teachers of the law and Pharisees who were in front of him. But he let himself be enlightened and led by the Holy Spirit gave testimony to his faith in the presence of the risen Christ in his life and in the world.

Sometimes we feel afraid or ashamed to talk about our faith. We dare not say that in our lives God has an important place. We believe that we do not have the words or necessary training to face the questions of those who do not know God. We are wrong The Spirit of God is in us. He enlightens us, guides us and strengthens us so that our testimony is heard and understood by others.

We must allow the Spirit of God to speak in us. We must allow the Spirit of God to help us bear witness with our words and acts to the treasure that we carry in our hearts. We are the tabernacles in which God dwells.

On this Third Sunday of Easter, let us try to bear witness, with humility and respect, to the presence of the risen Christ in our existence. There are men and women around us who do not know God and who need a word of love, forgiveness, trust, peace, a word from God to live better. Let us share the happiness of believing with our brothers and sisters. Let us share with others the light and peace of the risen Christ. 

Fr. Germán

3º Domingo de Pascua    B

Los Ángeles el 15 de abril 2018

1ª lectura : Hechos de los Apostoles 3,13-15.17-19

 Salmo :  4,2.4.7-8.9

2ª lectura : de la 1ª carta de St Juan 2,1-5

Evangelio: San Lucas 24,35-48

El encuentro de Jesús resucitado con los peregrinos de Emaús, como la intervención de Pedro después de la resurrección de Cristo, nos invitan a reflexionar, sobre nuestro encuentro con Jesús y el testimonio que damos al mundo de nuestra fe.

Nuestro encuentro con Jesús.

La fe cristiana no es una teoría o una filosofía. La fe cristiana es un encuentro con un hombre que vivió en Palestina, murió en Jerusalén y después de su resurrección, nos reveló su divinidad y su presencia al lado de nosotros.

Todos los cristianos debemos vivir la experiencia del encuentro con Jesús resucitado Debemos escuchar su palabra, recibir su Cuerpo en la Eucaristía. Descubrir su rostro en la vida de nuestros hermanos y hermanas, particularmente en la vida de aquellos que sufren. Debemos sentir la presencia de Cristo resucitado en nuestra vida. Debemos descubrir su acción en nuestras palabras y actos. Como los discípulos de Emaús, debemos abrir los ojos para encontrar a Cristo resucitado, en todos los momentos de nuestra vida en los cuales, Dios interviene para ayudarnos a amar, a estar en paz y a conservar la confianza, a pesar de las dificultades de la vida. Debemos aprender a escuchar al Señor, que nos habla cada vez que la Palabra de Dios es proclamada. Debemos comprender que cada vez que recibimos un Sacramento, el Espíritu de Dios viene a habitar en nosotros.

Si nos damos tiempo, si utilizamos los medios necesarios para tener un cara a cara, un corazón a corazón con Cristo resucitado, vamos a descubrir la belleza de la fe y la alegría de vivir siempre en relación con Jesús

Si vivimos la experiencia del encuentro con Jesús, vamos a desear dar testimonio de nuestra fe.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles leímos que Pedro no tuvo miedo al tomar la palabra para anunciar la resurrección de Cristo.

Pedro era un pescador que no había estudiado. No tenía el conocimiento de muchos doctores de la ley y fariseos que estaban frente a él. Pero se dejó iluminar y guiar por el Espíritu Santo, para dar testimonio de su fe, en la presencia de Cristo resucitado en su vida y en el mundo.

A veces sentimos miedo o vergüenza al hablar de nuestra fe. No nos atrevemos a decir que en nuestra vida, Dios tiene un lugar importante. Creemos que no  tenemos las palabras o la formación necesaria, para afrontar las preguntas de aquellos que no conocen a Dios. Nos equivocamos. El Espíritu de Dios está en nosotros. Nos ilumina, nos guía y nos fortalece para que nuestro testimonio sea escuchado y comprendido por los demás.

Debemos permitir al Espíritu de Dios hablar en nosotros. Debemos permitir al Espíritu de Dios dar testimonio con nuestras palabras y nuestras acciones, del tesoro que llevamos en nuestro corazón. Somos los tabernáculos en los cuales Dios habita.

En este Tercer Domingo de Pascua, tratemos de dar testimonio, con humildad y respeto, de la presencia de Cristo resucitado en nuestra existencia. Hay hombres y mujeres alrededor de nosotros, que no conocen a Dios y que necesitan una palabra de amor, de perdón, de confianza, de paz, una palabra de Dios para vivir mejor. Compartamos con nuestros hermanos y hermanas la felicidad de creer. Compartamos con los demás la luz y la paz de Cristo resucitado.  P. Germán
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