3rd Sunday of the Church B St Paul's Conversion Jan 24th-25th, 2009

posted Jan 27, 2009, 7:54 PM by Fr Germán Sanchez

1st Reading: of the Book of Jonas 3,1-5.10

Psalm : 25(24)4-5.6-7.8-9

2º Reading:  Saint Paul to the Corinthians 7,29-31

Gospel: Saint Mark 1,14-20

 

This Sunday, January 25th, we celebrate St Paul’s Conversion.  At the same time, we conclude the Week of Prayer for Christian Unity.

At the occasion of Pope Benedict’s consecration of this year to Saint Paul, to celebrate the 2000th anniversary of his birth, our parish bulletin has featured for many months already the catechism the Pope delivers about St Paul’s life every Wednesday in Rome.  Thus, we learn about Paul’s intimate bond with Christ, and his preoccupation with permanent labor towards unity of the Body of Christ, of the Church, and of the Christian communities he used to frequent.

The theme this year for prayer and reflexion during the Week of Prayer for Christian Unity was chosen by the Korean Churches, and comes straight from the Book of the Prophet Ezekiel (37,17): 15Thus the word of the LORD came to me: 16Now, son of man, take a single stick, and write on it: Judah and those Israelites who are associated with him. Then take another stick and write on it: Joseph (the stick of Ephraim) and all the house of Israel associated with him. 17Then join the two sticks together, so that they form one stick in your hand.

In this text by the prophet Ezekiel, we realize the two bearing pillars of Unity:

  1. Unity is, first and foremost,  a gift of God;
  2. Unity is also dependent upon mankind’s actions.

 

1.      Unity is, first and foremost, a gift of God:

On the eve of his passion, Jesus prays to his Father:  John 17,“21 so that they may all be one, as you, Father, are in me and I in you, that they also may be in us, that the world may believe that you sent me.”

We must follow Jesus’ example, and forever pray to our Father, so that he may give us the gift of Unity.  So that he may give us the Holy Spirit who can single-handedly gather and unite all that humanly is simply impossible.

Prayer is the first action and the only force we must use before any division, any incomprehension, before hatred and separation.

By praying, we acknowledge that we are not masters of every situation, and that we do not have control either of the actions and words of others.  Prayer places us in the hands of the Lord, so that he may pacify our hearts, while also pacifying the hearts of our brothers and sisters.

The very first weapon we must use in our search for unity is prayer.  Let us not forget to pray every day for Christian unity, and for unity within our families, within our communities, our Church, and throughout the world.

 

2.- Unity is also dependent upon the actions of mankind:

In Ezekiel’s text, God asks the prophet to join the two sticks of wood, on which he wrote the names of two quarrelling tribes.  God does not want to act on his own, single-handedly.  He wants man to lend an active hand to the building of Unity, Justice and Peace.  He shows us the way, yet he patiently waits for us to see the light of the Gospel (as Paul the apostle did on the day of his conversion) and change our lives in order to dedicate ourselves to building a reunited humanity, in a peaceful world.

There is an action fit for each and everyone.  Let us erase from our lives hurtful words and gestures, divisive attitudes or silences.  Always, through our actions and words, let us build bridges to Peace, Unity and Love.

The Christians must be the first and most involved of all in the search for unity.  Families reunited, communities reconciled, believers who work together and joyfully celebrate the same Lord: such is the testimony we can deliver today for the whole world to believe.

Prayer and action are the two inescapable and necessary elements in the building of Unity, so that the whole world may believe.

Amen.

Fr. Germán

3º Domingo de la Iglesia

Conversión del Apóstol Sn Pablo

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 25 de enero del 2009

1ª lectura: del libro de Jonás 3,1-5.10

Salmo : 25(24)4-5.6-7.8-9

2ª lectura: carta de San Pablo a los Corintios  7,29-31

Evangelio: de San Marcos 1,14-20

 

Este domingo 25 celebramos la Conversión de Saint Paul y al mismo tiempo concluimos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Desde hace algunos meses y con motivo del año consagrado, por el Pape Benedito XVI a San Pablo para celebrar los 2000 años de su nacimiento, estamos publicando en el boletín parroquial, la catequesis que el Papa hace cada miércoles en Roma sobre la vida de San Pablo. Allí descubrimos la unión íntima de Pablo con Cristo y su permanente preocupación y trabajo por la unidad del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia, de las comunidades cristianas que frecuentaba.

El tema elegido este año para animar la oración y la reflexión de la Semana de Oración por la unidad de los Cristianos fue propuesto por las Iglesias de Corea y fue tomado del Libro del Profeta Ezequiel (37,17): 15 “La palabra del Señor me llegó en estos términos: 16 Hijo de hombre, toma un trozo de madera y escribe sobre él: “Judá y los israelitas que le están unidos”. Toma después otro trozo y escribe: “José, madera de Efraím, y toda la casa de Israel unida a él”. 17 Júntalos luego uno con el otro, de manera que formen una sola pieza de madera y sean una sola cosa en tu mano.

En este texto del profeta Ezequiel, descubrimos los dos pilares que apoyan la Unidad:

1. - La unidad es ante todo un don de Dios

2. - La unidad depende también de la acción del hombre

 

1. - La unidad es antes que todo un don de Dios.

La víspera de su pasión, Jesús ora a su Padre: Jean 17,21Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.”

Debemos seguir el ejemplo de Jesús y orar sin cesar al Padre para que El nos ofrezca el Don de la Unidad. Para que El nos dé el Espíritu Santo que es el único capaz de reunir y de juntar lo que humanamente parece imposible.

La oración es la primera acción y fuerza que debemos utilizar frente a toda división, en toda incomprensión, frente al odio y a la separación.

Por medio de la oración reconocemos que no dominamos todas las situaciones y que no tampoco controlamos las acciones y las palabras de los otros.

La oración nos permite ponernos en las manos del Señor para que pacifique nuestros corazones y para que actúe también en el corazón de nuestros hermanos y hermanas.

La primer arma eficaz que tenemos, para buscar la unidad es la oración. No nos olvidemos de orar todos los días por la unidad de los cristianos y por la unidad en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestra Iglesia y en el mundo.

 

2. - La unidad depende también de la acción del hombre.

En el texto de Ezequiel, Dios le pide al profeta que junte los dos pedazos de madera en los cuales escribió el nombre de las tribus que estaban en conflicto.

Dios no quiere actuar solo. El desea que el hombre participe activamente en la construcción de la Unidad, la Justicia y la Paz.

El Señor nos muestra el camino que debemos seguir pero espera pacientemente que veamos la luz del Evangelio (como el apóstol Pablo, el día de su conversión) para cambiar de vida y para consagrarnos a la construcción de una humanidad unida y de un mundo en paz.

Hay acciones al alcance de todos.

Debemos hacer desaparecer de nuestra vida las palabras y los gestos que dividen, las actitudes y los silencios que separan. Debemos buscar siempre con nuestras palabras y nuestros actos a construir puentes para que la Paz, la Unidad y el Amor reinen alrededor de nosotros.

Los cristianos debemos ser los primeros y los más comprometidos en la búsqueda de la unidad. El mejor testimonio que podemos dar hoy para que el mundo crea es la presencia de familias unidas, comunidades reconciliadas, creyentes que trabajan juntos y que celebran con alegría el mismo Señor. Oremos y actuar son los dos elementos necesarios en la construcción de la unidad.

Oremos y comprometámonos en la construcción de la Unidad, para que el mundo crea.

Amén

P. Germán
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