4th Sunday A January 29th 30th, 2011

posted Jan 28, 2011, 3:42 PM by Fr. German Sanchez   [ updated Jan 30, 2011, 7:59 AM ]

4th Sunday of the Church Time A

Los Angeles, January 29th 30th, 2011

1st Reading: from the book of the Prophet Zephaniah 2,3; 3,12-13

Psalm :146(147) 6-7.8-9.9-10

2º Reading: First Letter of St Paul to the Corinthians 1, 26-31

Gospel: Saint Mathew 5,1-12a

 

This week the Church offers us a well-known passage to Christians, the Beatitudes.

It seems to me that in order to understand this message we should first of all find out to whom it is directed and then understand that it speaks of the life of Christ.

To whom is this passage directed?

If we read the pages preceding the Beatitudes in St. Matthew’s Gospel, we will see that a multitude of people are following Jesus and that this multitude  has brought all who were suffering, those afflicted with diverse sicknesses and disorders (Mt 4, 24).

The sermon of Jesus is directed to that multitude. To that multitude of which Matthew says in his gospel: “Upon seeing the crowds, His heart was moved with compassion for them, because they were troubled and abandoned, like sheep without a shepherd.”Mt.9,36

The beatitudes speak precisely of that multitude that is hungry and thirsty, is poor and weeping,…

The words of Jesus interest us because we live in that world where tears and infirmities, violence, disasters… and all kinds of misfortune are found.

Jesus speaks to each one of us and feels compassion for us because He knows that there are some kinds of misfortunes and sufferings for which we are not responsible.

The beatitudes are directed to us and they speak to us of the life of Christ.

He who cried before Jerusalem, He who hungers and thirsts for justice, He who is poor and gentle of heart, He who is merciful, who works for peace, who was insulted and persecuted unjustly, is He who is called Jesus of Nazareth.

When Jesus speaks to us of happiness He puts Himself forward as an example. The discourse on the mount describes the life of Jesus for us so that we, His disciples, would take it as an example of happiness and so that we would follow it as a way which will guide us to the Kingdom of God.

The vocation of all Christians is to follow Christ, the happiness of all men and women; it is to feel peace in our hearts in order to love unconditionally and to let ourselves be loved without conditions.

The beatitudes tell us that whoever puts all his hope in God and loves as Christ will find happiness in this life regardless of the sufferings and difficulties of the world.

We have had examples throughout history of men and women who have lived as Christ and who achieved happiness and peace. We can think of St. Francis of Assisi or Mother Teresa of Calcutta or of Brother Roger of Taizé. Surely you know of other examples.

Let us ask the Lord to help us understand that the beatitudes are for us and that the happiness we look for is found in the heart of Christ.

Help us, Lord, to follow Christ’s footsteps in finding the happiness and peace that You propose us.

Amen.

 

Fr. Germán

4º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 30 de enero del 2011

1ª lectura : del Libro de Sofonias 2,3; 3,12-13

 Salmo : 146(147) 6-7.8-9.9-10

2ª lectura : de la primera carta de San Pablo a los Corintios 1,26-31

Evangelio: San Mateo 5,1-12a

 

En esta semana, la Iglesia nos propone el texto bien conocido de los cristianos, las bienaventuranzas.

Me parece que para comprender este mensaje debemos primero que todo descubrir a quien se dirige y enseguida comprender que las beatitudes hablan de la vida de Cristo.

A quien se dirige este texto ¿

Si leemos las páginas que preceden las bienaventuranzas en el Evangelio de San Mateo, vemos que una multitud de personas siguen a Jesus y que esta multitud le trae todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos (Mt 4,24).

El discurso de Jesus se dirige a la multitud. A esa multitud de la cual Mateo dice en su evangelio: “Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Mt 9,36

Las bienaventuranzas hablan precisamente de esa multitud que tiene hambre y sed, que es pobre y que llora,…

Las palabras de Jesús nos interesan ya que nosotros vivimos en este mundo en el cual las lágrimas, la enfermedad, la violencia, las catástrofes … y todos las desgracias se encuentran.

Jesús nos habla a cada uno de nosotros y tiene compasión de nosotros ya que él sabe que existen desgracias y sufrimientos de los cuales no somos responsables.

Las bienaventuranzas se dirigen a nosotros y ellas nos hablas de la vida de Cristo.

Aquel que lloró frente a Jerusalén, el que tiene hambre y sed de justicias, el que es pobre y dulce de corazón, el que es misericordioso, que trabaja por la paz, que fue insultado y perseguido injustamente ese se llama Jesus de Nazaret.

Cuando Jesús nos habla de la felicidad él se pone como ejemplo. El discurso de la montaña nos describe la vida de Jesus para que nosotros sus discípulos la tomemos como ejemplo de felicidad y que la sigamos como el camino que nos conduce al Reino de Dios.

La vocación de todo cristiano es de seguir a Cristo, la felicidad de todo hombre es de sentir la paz en su corazón para amar sin condición y para dejarse amar sin interés.

Las bienaventuranzas nos dicen que aquel que espera todo de Dios y que ama como Cristo encuentra la felicidad en esta vida a pesar de los sufrimientos y las dificultades del mundo.

En la historia hemos tenido ejemplos de hombres y de mujeres que han vivido como Cristo y que transpiraban la felicidad y la paz. Podemos pensar en San Francisco de Asís o la Madre Teresa de Calcuta o el hermano Roger de Taizé. Seguramente que ustedes conocen otros ejemplos.

Pidámosle al Señor que nos ayude a comprender que las bienaventuranzas son para nosotros y que la felicidad que buscamos se encuentra en el corazón de Cristo.

Ayúdanos Señor a seguir los pasos de Cristo para alcanzar la felicidad y la paz que nos propones.

Amen

P. Germán
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