4th Sunday in the Church’s time B LA, January 31st/February 1st 2015

posted Jan 29, 2015, 5:52 PM by German Sanchez

4th Sunday in the Church’s time

Time B

Los Angeles, January 31st/February 1st 2015

1st Reading: from the Book of Deuteronomy 18:15-20

Psalm : 94(95)1-2,6-7,7-9

2º Reading:1st letter from St Paul to the Corinthians 7,32-35

Gospel: Saint Mark 1,21-28

 

This Sunday the liturgy invites us to reflect on the fulfillment of God’s promise to Moses and his people: “A prophet like me will the Lord, your God, raise up for you from among your own kin, to him you shall listen.

We are a people of prophets and there is one among us, one of our brothers, who is more than a prophet because he teaches with authority. His name is Jesus.

Through baptism we have been anointed to be prophets. A prophet is a man or a woman who, through his way of life, openly speaks about God to the world. When prophets speak to their brothers and sisters about the Lord, they use simple and clear words so that everyone can understand God's message. A prophet is a man or woman who speaks to God about the life of humankind. When a prophet speaks to God about humankind he does it with humility, sincerity, compassion and mercy. A prophet is like a bridge between heaven and earth. A prophet is an ambassador of God on earth and an ambassador of humankind in heaven.

We are all prophets and we should live our mission to be true Christians.

From the time of Moses, God has sent to our world men and women who have shown us how to be true prophets.

We already have known several of these prophets. The prophets of the first testament, the apostles, the disciples, the early Christians, the martyrs such as St. Sebastian, the saints such as St. Francis of Assisi, St. Therese of Lisieux, St. Juan Diego, St. John XXIII, St. John Paul II and other men and women who today live among us such as Pope Francis.

Everyone can follow the example of a saint or the life of one of the prophets of today. We all can try to be like them, a great prophet in today’s world.

Among us there is a man who is our brother and who is more than a prophet. His name is Jesus. He teaches with authority. His authority does not rest on his army of angels or archangels. Jesus’ authority is accepted by all men and women of good will since He is the only man who can do what He teaches. He lives in perfect harmony with his message. No one has ever been able to find fault with any of his words or actions. He is God.

God came to our world to teach us how to be prophets. God wants all of us to talk to others with his language a language of love, forgiveness, reconciliation and truth. God wants us to be men and women who intercede, who pray, who express love, compassion, pity, and mercy for all.

The Church asks us today: "Do you want to live as baptized into Christ?” If so, then let us be prophets. Let us follow the example of one of the prophets of the present or past and let us try to imitate Christ through our words and actions.

Amen

Fr. Germán

  Domingo del Tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 1 de febrero del 2015

1ª lectura: del Libro del Deuteronomio 18,15-21

Salmo: 94(95)1-2.6-7.7-9

2ª lectura: 1ª carta de San Pablo a los Corintios 7,32-35

Evangelio: de San Marcos 1,21-28

 

Este domingo la liturgia nos invita a reflexionar, sobre el cumplimento de la promesa que Dios hizo a su Pueblo por medio de Moisés: “El Señor hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán”.

Somos un pueblo de profetas, en medio de nosotros se encuentra uno de nuestros hermanos, quien es más que un profeta porque nos instruye con autoridad. Su nombre es Jesús.

Por medio del bautismo hemos sido ungidos para ser profetas. Un profeta es un hombre o una mujer que habla de Dios a la humanidad, ya sea mediante palabras compasivas, con acciones o con su manera de vivir. Cuando el profeta habla de Dios a sus hermanos y hermanas, utiliza palabras simples y claras, para que todos puedan escuchar y comprender el mensaje de Dios. Un profeta es un hombre o una mujer que puede hablar a Dios, sobre la vida de la humanidad. Cuando el profeta habla con Dios sobre la humanidad, lo hace con humildad, sinceridad, compasión y misericordia. Un profeta es como un puente entre la tierra y el cielo. Un profeta es un embajador de Dios en la tierra y al mismo tiempo un embajador de la humanidad en el cielo.

Todos somos profetas y debemos vivir nuestra misión para ser verdaderos cristianos.

Desde el tiempo de Moisés, Dios ha enviado a nuestro mundo hombres y mujeres que nos han mostrado cómo ser verdaderos profetas.

Nosotros conocemos a muchos de ellos. Los profetas del primer testamento, los apóstoles, los discípulos, los primeros cristianos, los mártires como San Sebastián, los santos como  San Francisco de Asís, Santa Teresa de Lisieux, San Juan Diego, San Juan XXIII, San Juan Pablo II y otros hombres y mujeres que viven hoy en medio de nosotros, como lo es el Papa Francisco.

Cada uno puede observar la vida de un santo o la vida de uno de los profetas de hoy. Tratar de imitarlo, siguiendo sus pasos para ser como él/ella, un gran profeta en el mundo de hoy.

En medio de nosotros hay un hombre que es nuestro hermano y es más que un profeta. Su nombre es Jesús. Él enseña con autoridad. Su autoridad no está en su ejército de ángeles o de arcángeles. La autoridad de Jesús es reconocida por todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Únicamente Él es capaz de hacer lo que dice. Él vive en perfecta harmonía con lo que anuncia. Nadie jamás ha podido reprocharle una palabra, o uno de sus actos. Él es Dios.

Jesús vino a nuestro mundo para enseñarnos a ser profetas. Dios quiere que ustedes y yo hablemos a la humanidad, utilizando un lenguaje de amor, de perdón, de reconciliación y de verdad. Dios quiere que ustedes y yo, nos presentemos ante Él, como hombres y mujeres que interceden, que oran, que manifiestan su amor, su compasión, su piedad y su misericordia, por todos nuestros semejantes.

La Iglesia nos pregunta hoy: ¿“Desean vivir como bautizados que son? Entonces, seamos profetas. Sigamos el ejemplo de uno de los profetas del pasado, o de nuestros días. Imitemos a Cristo con nuestras palabras y con nuestras acciones todos los días.

Amén.

P. Germán
Comments