4th Sunday of Easter A World day of Prayer for Vocations LA, May 3rd, 2020

posted May 1, 2020, 6:48 PM by German Sanchez

4th Sunday of Easter A

World day

of Prayer for Vocations

Los Angeles, May 3rd, 2020

1st Reading: from the Acts of the Apostles 2,14a.36-41

Psalm: 22(23)1-3a.3b-4.5-6

2º Reading: from the 1st letter of Saint Peter 2,20b-25

Gospel: according to John 10,1-10

 

On this 4th Sunday of Easter, the Church invites us to pray for vocations. The Church and the world need priests, men, and women religious who, like Christ, are like open doors that help us to be in contact with God, with others and with creation, - to find Life.

In this time of confinement, we understand better what an open or closed door means. The open door that is Christ puts us in contact with God, with others and with creation.

To Be in contact with God calls us to develop a friendship with Him. Better yet, we need to discover that we are children of God who gave us life, loves us, protects us, guides us, fortifies us, and walks with us on the paths of life. This love, however, does not free us from suffering or sickness such as the Coronavirus. But, if we do get sick, we can be sure that we are not alone in our suffering because God is with us. One of the missions of Priests, and religious men, and women is to accompany people who suffer - comforting them and helping them to discover in the darkness of suffering the light of God who is love, peace, comfort, and healing.

To be in contact with our brothers and sisters is surely the most difficult thing in this time of confinement and lack of contact with others. We know that many people, especially the elderly, live only because they have a visitor who speaks to them and assures them that they are not alone. The Coronavirus reminds us of the overwhelming need we have for the many doctors and workers who take risks so that we can have health, clean streets, light and water in homes, and food to live. The world is getting smaller thanks to modern means of communication, and today many of us have a family member living in other parts of the world. These are family that we love and visit during normal travel times only if borders are open. Today, we must learn to open the doors of our hearts, to open the doors that unite, to prevent the construction of closed doors or walls that separate and divide. We also need to be in contact with creation. It is the great treasure that God has entrusted to us, and a gift that we must love, protect, and enjoy. All of creation is a gift from God and we must live with it in fraternal relationship like St Francis of Assisi (who spoke of Brother Sun and Sister Moon). The crisis we are experiencing will teach us that we must deal ethically with our world; we cannot exploit its riches or disrespect its purpose. To do so, will bring a price of losing our own lives.

To have Life we ​​must be in contact with God, with our brothers and sisters and with Creation. Let us pray for priestly, religious and missionary vocations so that everywhere in the world there are men and women who remind us that true Life is that which passes through Christ and puts us in contact with God, with others and with Creation. Pray for your priests and religious men and women.

Amen.

Fr. Germán

4º Domingo de Pascua  A

Jornada Mundial

de Oración por las Vocaciones

Los Ángeles, el 3 de mayo del 2020

1ª lectura: de los Hechos de los Apóstoles 2,14a.36-41

Salmo: 22(23) 1-3a.3b-4.5-6

2ª lectura: de la 1ª carta de San Pedro 2,20b-25

Evangelio: de San Juan 10,1-10

 

En este 4º Domingo de Pascua, la Iglesia nos invita a orar por las vocaciones. La Iglesia y el mundo necesitan sacerdotes, religiosos y religiosas que, como Cristo, sean puertas abiertas que nos ayuden a estar en contacto con Dios, con los demás y con la creación, para encontrar la Vida.

En este tiempo de encierro, comprendemos mejor lo que quiere decir una puerta abierta, o cerrada.

La puerta abierta que es Cristo nos pone en contacto con Dios, con los demás y con la creación.

Estar en contacto con Dios.

Todos necesitamos ser amigos de Dios. Mejor todavía, necesitamos descubrir que somos hijos de Dios. Que quien nos dio la vida nos ama, nos protege, nos guía, nos fortifica y camina con nosotros en los caminos de la vida. Eso no nos libra de contaminarnos con el Coronavirus, pero si nos enfermamos, podemos estar seguros de que no estamos solos en el combate, sino que Dios está con nosotros. Una de las misiones, de todos los sacerdotes, religiosos y religiosas, es la de acompañar a las personas que sufren. Debemos reconfortar a los que sufren para que descubran en las tinieblas del sufrimiento, la luz de Dios que es amor, paz, consuelo y sanación.

Debemos estar en contacto con nuestros hermanos y hermanas. Seguramente que lo más difícil en este tiempo de encierro, es la falta de contacto con los demás. Sabemos que muchas personas, sobre todo las personas de edad viven únicamente porque tienen una visita, o alguien que va para hablar con ellos. Necesitamos a los demás, porque nadie puede salvarse solo. El Coronavirus nos recordó a qué punto, necesitamos médicos, hombres y mujeres que asumen riesgos para que podamos tener salud, las calles limpias, la luz, el agua en los hogares y los alimentos para vivir. El mundo es cada vez más pequeño, gracias a los medios modernos de comunicación. Hoy, todos tenemos un miembro de la familia que vive al otro lado del planeta y que nos gusta ver de vez en cuando, gracias a las puertas abiertas de nuestros países. Hoy debemos aprender a abrir las puertas que unen para impedir la construcción de las puertas cerradas, o de muros que separan y dividen.

También necesitamos estar en contacto con la creación. Ese es el gran tesoro que Dios nos ha confiado, debemos amarla, protegerla y embellecerla. Nos ha sido confiada y debemos vivir con ella, una relación fraternal como San. Francisco de Asís (que hablaba del hermano Sol y de la hermana Luna). La crisis que estamos viviendo, nos enseñará que no podemos manipular sin ninguna ética, ni explotar sin ningún respeto los elementos de la creación, al precio de perder nuestra propia vida.

Para tener la Vida debemos estar en contacto con Dios, con nuestros hermanos, hermanas y con la Creación. Oremos por las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras, para que, en todas partes en el mundo, haya hombres y mujeres que nos recuerden que la verdadera Vida es aquella que pasa por Cristo y nos pone en contacto con Dios, con los demás y con la Creación. Oren por sus sacerdotes, religiosos y religiosas

Amen     

P. Germán
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