4th Sunday of Lenten C Los Angeles, March 30th – 31st, 2019

posted Mar 29, 2019, 3:32 PM by St Sebastian Catholic Parish

4th Sunday of Lenten  C

Los Angeles, March 30th – 31st, 2019

1st Reading: from the Book of Joshua 5,9a.10-12

Psalm : 33(34)2-3.4-5.6-7

Reading:2nd Letter of Saint Paul to the Corinthians 5,17-21

Gospel: Saint Luke 15,1-3.11-32

On this fourth Sunday of Lent, the Church offers us the parable of the prodigal son or the prodigal father.

In this parable there are four people: the eldest son, the youngest son, the father and us.

The youngest son. He is a profiteer. Thinking only of himself, he wants money and is not ashamed to ask for the inheritance even before his father is dead. He does not know how to thank, recognize or serve his father. He demands, requests and complains. He is rotten by selfishness. He does not know how to love; he is a specialist in taking advantage of others.

Frequently we are presented with that son as an example because of his conversion and we forget that he returned to his father's house forced by hunger and misfortune. On his return home there are no feelings of love but only the desire and the need to fill his belly. His conversion is almost an obligation. He has no other choice. He is dying and knows that the only way to save his life is to return to the father.

We can’t condemn him. He is a poor boy who got blinded by money and the desire to take advantage without measure and without limit. We must have compassion for him. We can feel pity because he needs love to recover his dignity as a son, as a man.

The oldest son. He is not better than his brother. He is as selfish as his brother. He never understood his father's love for him and his brother. Like his brother, he complains and vindicates his bad behavior. He has the impression that his work is not well paid. He is jealous because the father spends a little money to celebrate his joy. He believes he deserves everything because he "is good" and does not feel pity for his brother who needs to be welcomed and forgiven. He is not happy because envy, selfishness and pride prevent him from taking advantage of what he has. He’s like many people who think they are perfect and spend their time judging, condemning and denouncing the sins of others. He is also a poor boy who needs to learn to love.

The father. He is a man full of love, of understanding, overflowing with forgiveness. He is humble and sincere. He goes out to meet his son when he sees him in the distance. He leaves the house to beg his eldest son to come into the house to share the family joy. He doesn’t think about money he gave to his youngest child or the money that his older son spends at home. He gives without counting, everything is free, he is love, doesn’t think about himself and thinks only about the happiness of his children. He does not know what selfishness is. He is happy to be with his children. He does not reproach, he gives, he forgives and he welcomes. He’s a good image of God.

We. The parable does not say if the eldest son agrees to enter the house after the father pleads or if he leaves the house because of his jealousy and disagreement. The parable is not finished because we are invited to take our place in history. Where can we situate ourselves in this reality? Who is the person who corresponds to our way of living our relationship with God and with our brothers and sisters? If we identify with the youngest child, are we willing to return to God, to let ourselves be loved? If we identify with the oldest son, are we ready to forgive our brothers and sisters and to welcome them to celebrate with God the joy of Human Fraternity? Or, are we like the Father who forgives, loves and welcomes?

We have to finish the parable with our response to God's love.

Amen. Fr. Germán

4º Domingo de Cuaresma  C

Los Ángeles, el 31 de marzo del 2019

1ª lectura: del libro de Josué 5,9.10-12

Salmo : 33(34) 2-3.4-5.6-7

2ª lectura: 2ª carta de San Pablo a los Corintios 5,17-21

Evangelio: San Lucas 15,1-3.11-32

En este cuarto domingo de Cuaresma, la Iglesia nos propone la parábola del hijo pródigo, o del padre pródigo.

En esta parábola hay cuatro personajes: el hijo mayor, el hijo menor, el padre y nosotros.

El hijo menor. Es un aprovechado. Piensa solamente en él. Quiere dinero y no tiene vergüenza al pedir la herencia, incluso antes que el padre muera. No sabe agradecer, reconocer o servir a su padre. Sabe exigir, solicitar, reclamar y quejarse. Está podrido por el egoísmo. No sabe amar, es un especialista de aprovecharse de los demás.

Frecuentemente, nos presentan ese hijo como un ejemplo, a causa de su conversión y olvidamos que regresó a casa de su padre, obligado por el hambre y la desgracia. En su regreso a casa no hay sentimientos de amor, sino solamente el deseo y la necesidad de llenar su vientre. Su conversión es casi una obligación. No tiene otro remedio. Se está muriendo y sabe que no queda, sino el camino de regreso al padre para salvar su vida.

No podemos condenarlo. Es un pobre muchacho que se encegueció por el dinero. Por el deseo de aprovecharse, sin medida y sin límite. Debemos tener compasión de él. Podemos sentir piedad, porque necesita amor para recuperar su dignidad de hijo, de hombre.

El hijo mayor. No es mejor que su hermano. Es tan egoísta como su hermano. Nunca comprendió el amor de su padre hacia él y hacia su hermano. Como su hermano, se queja, revindica su buena conducta. Tiene la impresión que su trabajo no está bien pagado. Está celoso porque el padre gasta un poco de dinero, para festejar su alegría. Cree que merece todo porque “es bueno” y no siente piedad de su hermano, que necesita ser recibido y perdonado. No es feliz porque la envidia, el egoísmo y el orgullo, le impiden aprovechar de lo que tiene. Es como mucha gente que se cree perfecta y pasa su tiempo juzgando, condenando y denunciando los pecados de los demás. También es un pobre muchacho que necesita aprender a amar.

El padre. Es un hombre lleno de amor, de comprensión, desborda de perdón. Es humilde y sincero. Sale al encuentro de su hijo, cuando lo ve a lo lejos. Sale de la casa para suplicar a su hijo mayor, que entre en la casa para compartir la alegría familiar. No piensa en el dinero que tuvo obligación de dar a su hijo menor, o en el dinero que su hijo mayor gasta en la casa. Da sin contar, todo es dado gratuitamente, él es amor, no piensa en él, piensa solamente en la felicidad de sus hijos. No sabe lo que es el egoísmo. Se alegra al estar con sus hijos. No hace reproches, da, perdona y recibe. Es una buena imagen de Dios.

Nosotros. La parábola no dice, si el hijo mayor acepta entrar en la casa después de las súplicas del padre, o si se va de la casa a causa de sus celos y su desacuerdo. La parábola no está terminada, porque nosotros estamos invitados a ocupar nuestro lugar en la historia. ¿En dónde podemos situarnos en esta realidad? ¿Cuál es el personaje que corresponde a nuestra manera de vivir nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos y hermanas? Si nos identificamos con el menor de los hijos, ¿Estamos dispuestos a regresar a Dios, para dejarnos amar? Si nos identificamos con el hijo mayor, ¿Estamos listos para perdonar a nuestros hermanos y hermanas y recibirlos para celebrar con Dios, la alegría de la Fraternidad Humana? O bien ¿Somos como el Padre que perdona, ama y recibe? Tenemos que terminar la parábola con nuestra respuesta al amor de Dios. Amen. P. Germán
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