5th Sunday of Lenten C LA, March 16th–17th, 2013

posted Mar 14, 2013, 5:32 PM by German Sanchez

5th Sunday of Lenten

Time C

Los Angeles, March 16th – 17th, 2013

1st Reading: from the Book of Isaiah 43,16-21

Psalm : 126.1-2,2-3,4-5,6

Reading: Letter of Saint Paul to the Philippians 3,8-14

Gospel: Saint John 8,1-11

The Gospel of this Sunday reminds us about Jesus’ mission and the vocation of all Christians.

The mission of Jesus:

Jesus talks to an adulterous woman who was being condemned by the scribes and Pharisees: “…I do not condemn you. Go, and from now on do not sin any more”. Later, in the same Gospel, Jesus says: I did not come to condemn the world but to save the world” (Jn 12,47b)

The mission of Jesus is not about condemning men or women who have gone astray. Neither it is about condemning sinners. Jesus’ mission is not about condemning a society which sometimes may prefer hate over love, death instead of life, envy and selfishness instead of sharing and solidarity.

Jesus' mission is to save the world. His mission is to love humanity and to teach us to love. Jesus came into our world to live as we do and to show us the path of joy and true happiness.

Without condemning her, Jesus finally tells the adulterous woman: “Go, and from now on do not sin any more”.

With these words of trust and hope, the Lord invites sinners to stand up and go forth in peace to follow the good road. Our Lord Jesus always employs words of forgiveness and hope with those who come to Him. Jesus didn’t come into the world to judge it but to love it and to teach us about love.

Jesus’ attitude to sinners, that is, to each one of us, is a revelation of our own vocation.

The vocation of every Christian:

We Christians, the disciples of Christ, need to imitate our Shepherd. In dealing with ourselves and our brothers and sisters, who are also sinners, we ought to learn to forgive, not to condemn, and to trust in the actions of the Holy Spirit in the life of each person and, also, in their ability to change their own lives. “Go, and from now on do not sin any more”.

In society and within our families, we are used to searching for a culprit in order to blame, judge and finally condemn someone.

When we point the finger at someone else, we like to let words come out of our mouths. We search for reasons and grounds to declare a person guilty so we can blame and condemn someone. Oftentimes, we act as if we got to know all the details of the event or, as if we had been appointed to act as a merciless judge.

The Christian vocation is not about accusing, judging or condemning either our brothers and sisters or ourselves. It is about loving and helping others, as well as ourselves, to find the way to Salvation.

The vocation of all Christians comes from Jesus’ Mission and that is why, to act like Him, we ought to get to know the Lord well and live close to Him.

We have received the Holy Spirit to learn to love as Jesus loved us. Our Christian vocation calls us not only to forgive but also to find words of hope that always give the sinner – and sometimes ourselves – the chance to stand up, rise out of sin, and follow the good road, the path of peace and love.

Amen.

Fr. Germán

5º Domingo de Cuaresma

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 17 de marzo del 2013

1ª lectura: del libro de Isaías 43,16-21

Salmo : 125(126)1-2.2-3.4-5.6

2ª lectura: carta de San Pablo a los Filipenses 3,8-14

Evangelio: San Juan 8,1-11

El Evangelio de este domingo nos recuerda la misión de Jesús y la vocación de los cristianos.

La misión de Jesús:

Jesús le dice a la mujer sorprendida en adulterio y condenada por los escribas y fariseos: “… yo no te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”. En el mismo Evangelio de San Juan, Jesús dice: “Yo no vine al mundo para condenarlo sino para salvarlo.” (Jn 12,47b).

La misión de Jesús no es  condenar al hombre o a la mujer que están en el mal camino. La misión de Jesús no es  condenar a los pecadores. La misión de Jesús no es condenar a la sociedad que a veces decide por  el odio en lugar  del amor, la muerte a cambio de la vida, la envidia y el egoísmo en lugar  del compartir y de la solidaridad.

La misión de Jesús es la de salvar  al mundo. La misión de Jesús es  amar a la humanidad y enseñarnos a amar. Jesús vino a nuestra tierra para vivir como nosotros, para mostrarnos el camino que nos conduce a la alegría y a la verdadera felicidad.

Cuando Jesús despide la mujer que fue sorprendida en adulterio sin haberla condenado, Él le dice: “Vete y ya no vuelvas a pecar”.

Con esas palabras de confianza y de esperanza, el Señor invita al pecador a levantarse y a repartir en paz por el buen camino. El Señor Jesús siempre utiliza una palabra de perdón y de esperanza para cada uno de aquellos que acuden a Él. Jesús no vino  al mundo para juzgarlo  sino para amarlo y enseñarle a amar.

La actitud de Jesús frente a los pecadores, es decir, frente a cada uno de nosotros, nos revela nuestra  propia vocación.

La vocación de  los cristianos:

Los cristianos, los discípulos de Cristo, debemos imitar a  nuestro Pastor. Frente a nosotros mismos y frente a nuestros hermanos y hermanas, que son como nosotros pecadores, debemos aprender a perdonar, a no condenar y a tener confianza en la acción del Espíritu Santo en la vida de cada uno y en la capacidad de todos para cambiar de vida. “Vete y ya no vuelvas a pecar”.

Estamos acostumbrados  en nuestras familias y en la sociedad a buscar un culpable para acusarlo, juzgarlo y finalmente condenarlo.

Cuando alguien es señalado, a veces  nos gusta hacer trabajar la lengua. Buscamos argumentos y razones para acusarlo, juzgarlo y condenarlo.

A veces actuamos como si conociéramos todos los detalles de algún  evento y como si alguien nos hubiera nombrado jueces y jueces sin piedad.

La vocación del cristiano no  debe ser la de acusar,  juzgar, ni   condenar a sus hermanos/hermanas   o  a sí mismo, sino de amarlos y amarse a sí mismo para encontrar, y   ayudarles  a encontrar, el camino de la Salvación.

La vocación de los cristianos surge a partir  de la misión de Cristo y esta es la razón por la cual debemos conocer bien al Señor y vivir cerca de Él para actuar como Él.

Hemos recibido el Espíritu Santo para aprender a amar como Jesús nos amó. Nuestra vocación de cristianos nos invita a perdonar y a encontrar siempre palabras de esperanza que ofrezcan la posibilidad al pecador (a veces nosotros mismos) de levantarse, de salir de su pecado y de encontrar el camino del bien, de la paz; la ruta del Amor.

Amen. P. Germán
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