5th Sunday of Lenten Time C Los Angeles, April 6th – 7th, 2019

posted Apr 3, 2019, 5:46 PM by St Sebastian Catholic Parish

5th Sunday of Lenten

Time C

Los Angeles, April 6th – 7th, 2019

1st Reading: from the Book of Isaiah 43,16-21

Psalm : 126.1-2,2-3,4-5,6

Reading: Letter of Saint Paul to the Philippians 3,8-14

Gospel: Saint John 8,1-11

On this last Sunday before Holy Week, the Church offers us the Gospel of the woman caught in the very act of committing adultery, yet welcomed by Jesus with those beautiful words: "I do not condemn you either, go and sin no more".

I get the impression that in order to prepare well to celebrate the Passion, Death and Resurrection of Jesus; we must commit ourselves today to try to never again judge our brothers and sisters; not to condemn others but to love them and help them live in peace.

At the beginning of his pontificate, Pope Francis responded to a question from a journalist: Who am I to judge?

Judging and condemning others is unfortunately one of the sins or errors most present in our lives.

We judge and condemn others to justify our mistakes or to feed our hypocrisy. We are like the person we judge or maybe even worse, but we know how to hide it well so that nobody knows what we are like.

By judging or condemning others we want to make people believe that we are better than others and that we have the right to show others the right path.

I am going to tell you a story that happened at the beginning of my priesthood.

One day, a lady of the "Good Society" publicly challenged me in a very strong and aggressive way: "Father, you should not go to jail anymore every Sunday. You should celebrate another Mass in the parish and spend more time with your faithful. You are wasting your time with those people in jail. If they are in jail it is because they deserve it. They did something against the law and against society and now they must pay what they did. Leave them there and take better care of the good people who are abroad and who need a priest. "

I felt bad hearing those words and I justified my visits to the prison using a text of the Gospel in which Jesus says: “I have not come to call the righteous, but sinners. Those who are well have no need of a physician, but those who are sick. Lk 5:31b-32

Three weeks later, on a Saturday evening, the same lady I almost did not know called me on the phone. She was crying and in her despair she told me: "Father, last night my son was arrested by the police in a drug case and he is in jail. The judge says that I can’t visit him before a certain time. Can you go see him? He needs your advice, your prayer and someone who tells him we're going to help him get back on track. "

I replied that I would see him next day, at the Sunday Mass of the prison.

Conclusion. Let's not judge and, hopefully, nobody will judge us. Let us be merciful and then we will obtain mercy.

Let the one who is without sin throw the first stone saying that he can judge and condemn others.

Others need our help today and tomorrow we may need help from others.

God loves us. Let us love one another as he loves us. Do not judge or condemn others in order to live with love.

Amen.

Fr. Germán

5º Domingo de Cuaresma C

Los Ángeles, 7 de abril del 2019

1ª lectura: del libro de Isaías 43,16-21

Salmo : 125(126)1-2.2-3.4-5.6

2ª lectura: carta de San Pablo a los Filipenses 3,8-14

Evangelio: San Juan 8,1-11

En este último domingo antes de la Semana Santa, la Iglesia nos propone el Evangelio que habla de  la mujer que es sorprendida en flagrante delito de adulterio y recibida por Jesús con esas hermosas palabras: “Yo tampoco te condeno, anda y no peques más”.

Me da la impresión de que para prepararnos bien, para celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, debemos comprometernos hoy a nunca más, juzgar a nuestros hermanos y hermanas. A no condenar a los demás, sino a amarlos y a ayudarles a vivir en paz.

Al inicio de su pontificado, el Papa Francisco respondió a una pregunta de un periodista: ¿Quién soy yo para juzgar?

Juzgar y condenar a los demás es desafortunadamente, uno de los pecados, o errores más frecuentes en nuestra vida.

Juzgamos y condenamos a los demás, para justificar nuestros errores, o para alimentar nuestra hipocresía. Somos como la persona que juzgamos, o tal vez peores, pero sabemos desenvolvernos bien para que nadie lo sepa.

Al juzgar o condenar a los demás, queremos hacer creer que somos mejores que los demás. Que tenemos de el derecho de mostrar a los demás el buen camino.

Les voy a contar una historia que sucedió al inicio de mi vida sacerdotal.

Un día, una señora de la “Buena Sociedad” me interpeló en público de una manera bastante fuerte y agresiva: “Padre, usted no debería ir más a la cárcel todos los domingos. Debería celebrar otra misa en la parroquia y pasar más tiempo con sus fieles. Está perdiendo el tiempo con esa gente en la cárcel. Si están en la cárcel es porque lo merecen. Hicieron algo contra la ley y contra la sociedad. Ahora deben pagar lo que hicieron. Déjelos allá y ocúpese mejor de la gente bien que está al exterior y que necesita un sacerdote.”

Me sentí mal con esas palabas y justifiqué mis visitas a la cárcel, utilizando un texto del Evangelio en el cual Jesús dice: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Las personas sanas no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.” Lc 5,31b-32

Después de tres semanas, un sábado por la tarde, la misma señora que yo casi no conocía, me llamó por teléfono. Estaba llorando, en su desespero me dijo: “Padre, ayer por la noche, mi hijo fue detenido por la policía, es algo relacionado con de drogas y está en la cárcel. El juez dice que no podré visitarlo hasta después de un cierto tiempo. ¿Puede usted ir a verlo? Necesita su consejo, su oración y alguien que le diga, que vamos a ayudarlo para que regrese al buen camino.”

Le contesté que iría a verlo al día siguiente, en la misa dominical de la cárcel.

Conclusión. No juzguemos y nadie nos juzgará. Seamos misericordiosos y así obtendremos misericordia.

Que el que esté sin pecado, tire la primera piedra, para decir que puede juzgar y condenar a los demás.

Los demás necesitan de nuestra ayuda hoy, mañana nosotros necesitaremos la ayuda de los demás. Dios nos ama. Amémonos los unos a los otros, como Él nos ama. No juzguemos ni condenemos a los demás para vivir fraternalmente. Amen. P. Germán
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