5th Sunday of the Church Time A Los Angeles, February 4th/5th, 2017

posted Feb 1, 2017, 3:47 PM by St Sebastian Catholic Parish

5th Sunday of the Church Time A

Los Angeles, February 4th/5th, 2017

1st Reading: from the book of the Prophet Isaiah 58,7-10

Psalm :111 (112) 4-5,6-7,8-9

2º Reading: First Letter of St Paul to the Corinthians 2,1-5

Gospel: Saint Mathew 5,13-16

 

The Lord calls us to be salt of the earth and light of the world.

The Lord calls us:

The first reality or identity of every Christian is to be one who is called. All disciples of Christ, all baptized, are men and women called by the Lord to carry out a mission in the world.

After baptism and in each sacrament we receive we must be attentive to listen to the call of the Lord.

In every Eucharist, Christ calls each baptized person to go to the world in order to live as a Christian and to realize his/her mission as a messenger of the Lord as a representative of God on earth.

If we receive a sacrament, if we participate in Sunday’s Eucharist, it is because we want to listen to the voice of the Lord who sends us out. We are not disciples of Christ to live closed in a Church or in a community. We are friends of Jesus sent to go to the world, to live and to speak in his name.

Before the Baptism of a child, before receiving the sacrament of Confirmation, before becoming engaged in marriage or the priesthood, before approaching the table of the Eucharist we must prepare ourselves to listen to the voice of the Lord who calls us and entrusts a mission to us.

The Lord sends us to be salt of the earth and light of the world.

The mission is great and we can think that it is not for us but for others. We can think we don’t have the necessary tools to accomplish such a mission.

In those moments of discouragement or doubt we must remember Saint Paul. He appears in his weakness, with fear and trembling before the Jews when he announces the Gospel to them. Paul says that he didn’t use an exalted language to convince them but he let the Spirit and the power of God be manifested in him. We must follow Paul’s example.

The Spirit of God dwells in us. He comes to us each time we receive a sacrament and He tells us the words we should use and the acts we must realize.

Our world needs Christians animated by the Spirit of God to be salt of the earth and light of the world. Salt exists to give flavor to food and light has the mission to enlighten.

The disciples of Christ should not live for themselves but for others. We are sent into the world to get out of ourselves and to live for others. In everyday life, in our families, in our work, in our neighborhood and everywhere, our faith must be lived so that other discover that we are salt of the earth and light of the world.

We do not need to use exalted speech or perform prodigiously. We must simply share bread with those who don’t have food, welcome those who don’t have a home, cover those who don’t have clothes, visit the sick, comfort the afflicted, accompany the lonely and help the elderly. We must manifest faith in everything we say and do.

Let us be salt of the earth and light of the world and we will be happy fulfilling our mission and the world will be better for all.   

Amen.

Fr. Germán

5º Domingo del Tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico A

Los Ángeles 5 de febrero del 2017

1ª lectura : del Libro de Isaías 58,7-10

 Salmo : 111 (112) 4-5,6-7,8-9

2ª lectura : de la primera carta de San Pablo a los Corintios 2,1-5

Evangelio: San Mateo 5,13-16

 

El Señor nos llama para ser sal de la tierra y luz del mundo.

El Señor nos llama:

La primera realidad o la identidad de todo cristiano es sentirse llamado. Todos los discípulos de Cristo, todos los bautizados son hombres y mujeres llamados por el Señor, para realizar una misión en el mundo.

Después del bautismo y en cada sacramento debemos estar atentos para  escuchar la llamada del Señor.

En cada Eucaristía, Cristo llama a cada bautizado a salir al mundo para vivir como cristiano, para realizar su misión como enviado del Señor, representante de Dios en la tierra.

Si aceptamos recibir un sacramento, si participamos en la Eucaristía dominical, es porque deseamos escuchar la voz del Señor que nos envía. No somos discípulos de Cristo para vivir encerrados en una Iglesia o en una comunidad. Somos los amigos de Jesús para ir al mundo, para vivir y hablar en su nombre.

Antes del bautismo de un niño, antes de recibir el sacramento de la confirmación, antes de comprometernos en el matrimonio o en el sacerdocio, antes de acercarnos a la mesa de la Eucaristía, debemos prepararnos para escuchar la voz del Señor que nos llama para confiarnos una misión.

El Señor nos envía a ser sal de la tierra y luz para el mundo.

La misión es inmensa, podríamos pensar que no es para nosotros sino para los demás. Pudiésemos  creer que no tenemos los medios necesarios para desempeñar una misión tan importante.

En esos momentos de desaliento o de duda, debemos recordar a San Pablo. Pablo se presenta con su debilidad, con temor y temblando frente a los judíos, cuando va a anunciarles el Evangelio. Pablo dice que no utilizó un lenguaje sabio para convencer, sino que dejó que el Espíritu y el poder de Dios se manifestaran en él.

Debemos seguir el ejemplo de Pablo. El Espíritu de Dios habita en nosotros. Viene a nosotros cada vez que recibimos un sacramento. Nos dice las palabras que debemos pronunciar y los actos que debemos realizar.

Nuestro mundo necesita cristianos que animados por el Espíritu de Dios, sean sal de la tierra y luz para el mundo. La sal existe para dar gusto a los alimentos y la luz tiene la misión de iluminar.

Los discípulos de Cristo no deben vivir para ellos mismos sino para los demás. Somos enviados al mundo para salir de nosotros mismos y para vivir por lo demás.

En la vida de todos los días, en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestro barrio y en todas partes, nuestra fe debe sentirse, para que los demás descubran que somos sal de la tierra y luz del mundo.

No necesitamos pronunciar discursos sabios o realizar actos prodigiosos. Debemos simplemente compartir el pan con quien no tiene, recibir a los que no tienen techo, cubrir a los que no tienen vestido, visitar a los enfermos, consolar a los afligidos, acompañar las personas solas, ayudar a las personas de edad. Debemos manifestar la fe en todo lo que decimos y  hacemos.

Seamos sal de la tierra y luz para el mundo y seremos felices al cumplir nuestra misión. El mundo será mejor para todos. Amen.

Amen.

P. Germán
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