7º Domingo de la Iglesia B 22 de febrero del 2009

posted Feb 21, 2009, 7:58 PM by Fr Germán Sanchez

7º Domingo del tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico B

Los Ángeles 22 de febrero del 2009

1ª lectura: Libro de Isaías 43,18-19,21-22,24b-25

 Salmo : 41(42)2-3,4-5,13-14

2ª lectura : de la 2ª carta de Sn Pablo a los Corintios 1,18-22

Evangelio: San Marcos 1,29-39

Para prepararnos a entrar en la Cuaresma, que empieza el próximo miércoles de Cenizas, la Liturgia nos invita a reflexionar sobre el pecado, sus consecuencias y su curación.

Si hacemos una encuesta sobre la definición del pecado vamos a sorprendernos de la diversidad de respuestas.

Estoy seguro que todos creemos a la existencia del pecado, yo pienso que todos lo hemos encontramos en la vida de los otros y en nuestra propia existencia.

Pero, cuando se trata de definir el pecado, difícilmente nos ponemos de acuerdo.

Hay quienes definen el pecado como todo acto que se opone a los 10 mandamientos. Esta definición no es falsa pero no es completa. Con esta definición alguien puede afirmar que no ha pecado ya que ama a Dios, va la misa el domingo y los días festivos, nunca ha matado… esta persona respeta los 10 mandamientos, por lo tanto nunca ha pecado.

El catecismo de la Iglesia Católica en el No. 1849 dice que: “El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como ‘una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna’ (S. Agustín, Faust. 22, 27; S. Tomás de A., s. th., 1-2, 71, 6)'”.

Si definimos el pecado como toda palabra, acto o deseo que va contra el 1er y el más grande de las mandamientos: “Ama a Dios y a tu próximo como a ti mismo” vamos a descubrir que el pecado está presente en nuestras vidas y que es difícil vivir este mandamiento todos los días y en todas las circunstancias.

El pecado se opone al Amor. Todo acto, toda palabra, todo silencio o pasividad que no son animados por el Amor de Dios, del Próximo y de nosotros mismos debe considerarse como pecado. El pecado es lo contrario de estas tres fuerzas de Amor que nos hacen caminar. El pecado es el enemigo de estas tres energías que nos dan la fuerza, el valor y la alegría de vivir. El pecado es la ausencia del Amor de Dios, del Amor del próximo y del Amor de nosotros mismos.

Si observamos nuestra propia vida y nuestra jornada en la casa, en el trabajo y en la sociedad vamos a descubrir:

- que los días que no estamos bien con nosotros mismos, cuando tenemos dificultades a aceptarnos tal como somos, cuando no nos amamos;

- que las situaciones en las cuales no quisimos compartir o que no respetamos o tuvimos piedad o compasión de uno de nuestros hermanos;

- que los domingos y los días festivos que abandonamos a Dios o que no quisimos escuchar o aceptar la Palabra y la voz de Dios en nuestra vida;

esos días y en esas situaciones precisas hemos estado como paralizados, no hemos avanzado, no construimos la felicidad para nosotros ni para los otros.

La falta de Amor paraliza, la ausencia de Amor nos enferma, nos vuelve egoístas, tristes, depresivos y nos encierra en nosotros mismos.

No hay droga, no hay especialista en la medicina tradicional ni en las nuevas formas de medicina paralela, no hay curandero o hechicero o alguien – por más carismático que sea- que pueda curarnos del pecado, de la falta de Amor en nuestras vidas.

El único capaz de perdonar y de curar es Jesús. El que es Amor, El que vivió el Amor hasta el final, El que es el Hijo de Dios es el único capaz de perdonar y de ayudarnos a caminar hacia la felicidad.

El pecado es todo lo que se opone al Amor. La Iglesia recibió el Sacramento del Perdón, la reconciliación o la penitencia para manifestarnos el Amor de Dios y para curarnos de todas nuestras faltas de Amor. El pecado paraliza y la Iglesia y Dios no quieren una humanidad paralizada.

Dejémonos reconciliar, aceptamos este medicamento gratuito que Dios nos ofrece, reconozcamos nuestros pecados para que Dios pueda decirnos: “Tu también, toma tu camilla, toma tu vida levántate y camina. Yo estoy contigo hasta el último día”.

Amen         P. Germán
Comments