7th Sunday in the Church B LA, Feb. 18th-19th, 2012

posted Feb 16, 2012, 5:20 PM by German Sanchez

7th Sunday in the Church’s time

Time B

Los Angeles, February 18th-19th, 2012

1st Reading: from the Book of Isaiah 43,18-19.21-22.24b-25

Psalm : 40(41)2-3.4-5.13-14

2º Reading:2nd letter from St Paul to the Corinthians 1,18-22

Gospel: Saint Mark 2,1-12

 

On this last Sunday, prior to the start of Lent, the liturgy invites us to reflect on the forgiveness of sins and the consequences of sin.

Let us begin with the consequences of sin. 

St. Mark tells us that the community presented Jesus with a paralytic to be cured, and Jesus, in response to this request, begins by forgiving him his sins. This passage clearly tells us that there is a relationship between the man’s paralysis and his sin. We all acknowledge that we are sinners; therefore, are we also all paralytics?

If we undergo honest soul-searching, we will conclude that all our sins – selfishness, pride, dishonesty, lack of respect for others...in other words, lack of love – paralyze us and hinder our path and efforts towards a better world, a world in which both peace and justice reign. Sin paralyzes us in our efforts to build God’s Kingdom, and sin paralyzes us and impedes our ability to advance in our relationships of friendship, love, and brotherhood.

Sin paralyzes us and makes us ill. Sin makes us close ourselves off to others and prevents us from opening up our hearts to God and to others.

Therefore, we are in need of a physician and healer to cure the paralysis produced by our sins and the only One who is capable of alleviating this condition is God himself.

Since the beginning of time, the forgiveness of sins is an act reserved only for God to grant.

The scribes and doctors of the law that witnessed Jesus forgiving the sins of many were scandalized.

Only God can forgive sins.

Today, we must affirm our faith.

Do we believe that Jesus is God and that He has the power to forgive sins and to remedy the consequences of sin?

Do we believe that through the Sacraments Jesus continues to act in the Church?

Do we believe that through the Sacrament of Reconciliation Jesus continues to forgive sins and to cure us of the spiritual illness that prevents us from living in peace, living in justice, living like sons and daughters of God and brothers and sisters of Christ?

Yes, the scribes and doctors of the law were correct. Only God can forgive sins and Jesus demonstrated that he is God when He restored the health of the man who was paralyzed as a result of his sin.

If you consider yourselves sinners, if you believe that sin paralyzes you in your relationships of love and friendship and in social interactions; if you believe that Jesus is God, and if you believe that Jesus bestowed onto the Church the Sacrament for the forgiveness of sins, then, embrace this time of Lent to receive the Sacrament of Reconciliation that our Heavenly Father freely offers to each one of us.

Let us not be paralyzed by our sin, but rather, allow ourselves to be healed through God’s forgiveness.

Amen.

Fr. Germán

  Domingo del tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 19 de febrero del 2012

1ª lectura: del libro de Isaías 43,18-19.21-22.24b-25

Salmo: 40(41) 2-3.4-5.13-14

2ª lectura: 2ª carta de San Pablo a los Corintios 1,18-22

Evangelio: de San Marcos 2,1-12

 

En este último domingo, antes de iniciar   el tiempo de Cuaresma, la liturgia nos invita a reflexionar sobre el perdón de los pecados y de igual forma en sus consecuencias.

Empecemos por las consecuencias del pecado.

San Marcos nos dice que la comunidad presenta a Jesús una persona con parálisis  para que lo cure y Jesús, para responder a la demanda, empieza por perdonarle  sus pecados.

Este pasaje nos dice claramente que existe  una relación entre parálisis y  pecado. Todos nos reconocemos pecadores, entonces ¿tendremos un tipo de parálisis?

Si hacemos un examen de consciencia honesto, vamos a descubrir que  nuestros pecados, tales  como el egoísmo, el orgullo, la deshonestidad, la falta de respeto por los demás,… es decir, la falta de amor; todo ello, de alguna forma nos paraliza  y nos impide  caminar y avanzar en la construcción de un mundo mejor,  en donde la paz y la justicia reinen. El pecado no sólo nos paraliza en la construcción del Reino de Dios,   sino también nos impide avanzar en nuestras relaciones de amistad, de amor, de fraternidad, etc.

El pecado paraliza y enferma. Nos   encierra en nosotros mismos y nos impide abrir nuestro corazón hacia  Dios y hacia  los demás.

Por lo tanto, necesitamos de un médico para sanar  de esa  parálisis producida por nuestros pecados. El  único que puede aliviar esa   falta de movimiento es Dios.

Desde la antigüedad, el perdón de los pecados ha sido  un acto reservado  únicamente a Dios.

Los escribas y los doctores de la ley que presenciaron a Jesús perdonando los pecados de unos y otros estaban totalmente sorprendidos   ante ello.

Solo Dios puede perdonar nuestros  pecados.

Hoy debemos afirmar nuestra fe.

¿Creemos que Jesús es Dios,  que tiene el poder de perdonar los pecados y de sanar   sus consecuencias?

¿Creemos que por medio de los sacramentos Jesús   continúa actuando en la Iglesia?

¿Creemos que por medio del sacramento de la reconciliación, Jesús  continúa perdonando nuestros  pecados y curándonos de  enfermedades que nos impiden vivir en paz, vivir en la justicia,  como hijos de Dios y hermanos de Cristo?

Sí, tanto los escribas como  los doctores de la ley de esa época tenían razón. Solo Dios puede perdonar los pecados.  Jesús  demostró  que es Dios cuando le devolvió la salud a aquel que estaba paralizado a causa de su pecado.

Si ustedes se consideran pecadores, si  creen que el pecado los paraliza en sus relaciones de amor, de amistad y en sus relaciones sociales, si  creen que Jesús es Dios y  que Jesús dejó a la iglesia el sacramento para perdonar los pecados; entonces, aprovechen  este tiempo de cuaresma para recibir el sacramento de la reconciliación que el Señor nos propone gratuitamente.

No nos dejemos paralizar por nuestros pecados, dejémonos curar por el perdón de Dios.

Amen.

 

P. Germán
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